martes, 7 de julio de 2009

Más héroes


Conocí a Jose hace algunos años. Celebré, sustituyendo al párroco, una Primera Comunión familiar. Me hicieron disfrutar, sus niños y su familia. Ya entonces me dí cuenta de que eran gente de fe. Por circunstancias de trabajo no viven en Córdoba, aunque aquí tienen sus raíces y aquí pasan parte de sus vacaciones. Guardo un buen recuerdo de aquel primer encuentro...


El día de navidad del año pasado me puse en contacto con él. Viven en otro país bastante lejos del nuestro. Me enteré de que uno de sus hijos más pequeños, con apenas seis años, tenía esa enfermedad cuyo nombre pone los vellos de punta. Quise mandarle mis palabras de ánimo y de fuerza. Jose me contestó con una confianza que me asombró. Era un hombre angustiado, con miedo y temor. Pero me sorprendió su fe, una fe mucho más grande que la mía. Ojalá acabe pronto este proceso, ojalá nos sirva para crecer, para unirnos, para volcarnos más hacía Dios, ojalá sirva al niño para madurar y hacerse más hombre...


Confieso que cada vez que recibía correos de Jose me emocionaba. Los guardo como pruebas grandes de fe. En ocasiones los he leído a gente conocida como si estuviera ante palabra de Dios. Me he sentido muy pequeño a su lado. Un hombre fuerte con una fe gigante. Y yo sin palabras ni argumentos ante el misterio del dolor y del amor, frente a los límites más sagrados de lo humano, donde otros no ven más que el caos, el vacío o la desesperación...


A finales de junio ha acabado todo el proceso. Su niño, ahora con siete años, ha sido un hombre fuerte, ¡un héroe! y ha superado toda clase de pruebas. Su familia ha crecido y ha madurado. Jose ha experimentado lo maravilloso y serio que es ser padre. Y yo me he sentido realmente feliz de estar cerca de la gente buena que lucha y abre caminos de futuro en las adversidades. Ante tierra sagrada me he encontrado. Palpando descalzo el misterio de un Dios tan real como humano.


Gracias porque existen ellos. Porque existen personas como ellos que me hacen sentir afortunado por conocerlos y acompañarlos. Porque es una suerte ser cura y pequeño ante tanta gente grande... Y gracias al Buen Dios que siempre hace todo tan bien, tan bien... Al hacer balance del curso que termina reconozco agradecido cuánto me han ayudado a crecer...

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