martes, 7 de julio de 2009

La puerta abierta...

Un año más (hace casi un mes que sucedió todo esto...) me ha tocado despedir a otra promoción de alumnos. Cada curso sucede lo mismo, ya lo he contado aquí en varias ocasiones. Y cada grupo tiene su peculiaridad, algo que los hace especiales. Como ya me voy haciendo un "profe" mayor me va dando casi más pena la despedida. Sin duda porque convivo más tiempo con ellos, y nos van uniendo cada vez más hilos. Ellos, tarde o temprano, olvidarán a quienes les educaron. Pero yo disfruto recordando momentos y nombres, experiencias y encuentros. Volver sobre ello me hace más grande.
Entramos juntos al colegio. Empezamos juntos. Recuerdo las confidencias de las niñas que me bombardeaban dándome la lata con los primeros amores. Las broncas con los niños que discurrían para inventar estrategias y liarla en clase... Luego fueron cosas más serias. Problemas familiares, el sufrimiento de ser adolescente y de no saber qué pasa ni qué hacer... Con algunos he llorado. Hubo con quienes peleé en serio. Hemos andado juntos una etapa de nuestras vidas.
El día que se iban, me volví a confesar. Nunca tendré hijos pero en ellos va algo de mi fecundidad, en mí se queda mucho de sus vidas y empeños, y me llego a sentir responsable de su futuro. Es maravilloso educar. Es más rico, si cabe, para un cura, que está en contacto con la vida, con lo que bulle, con el futuro... Como siempre me queda la duda de si lo he hecho bien, si fui buen evangelizador... De cualquier forma me llena la satisfacción de haber sido querido y evangelizado por ellos.
Un mes después, casi, en la puerta que queda abierta, doy gracias por su presente y su futuro. Y me siento afortunado de haber hecho un tramo de mi camino junto a ellos.

No hay comentarios: