domingo, 28 de junio de 2009

Tiempo de sequía


Imagino que queda poco tiempo para que las noticias nos den la vara con que hay que ahorrar agua porque volveremos a tener un tiempo de sequía. Cada año suele ser parecido. Que llueve poco, que se consume demasiado, que el agua es un bien primordial al que todos tienen derecho… Mientras llega la habitual recomendación pienso yo en otras sequías más profundas…

Me crié en un clima seco. En él nací y –ya lo he dicho- con esa sequía exterior se ha curtido mi personalidad. Valoro el agua, aunque sea una gota, y me asombro al contemplarla. Realmente es un milagro de valor incalculable… pero hay una sequía que marca también mi vida.

Muchas veces me he sentido seco por dentro. Hubo ocasiones en que me notaba como un árbol que dio fruto pero al que el invierno le quitó la savia, la vida. Con frecuencia he pasado (y sé que pasaré) por esa experiencia. Hay momentos en que me veo como un manantial que perdió su fuerza, su flujo vital, su frescura. Cantidad de veces me siento así.

Y no escribo esto porque esté mal, que no. Ni tampoco lo hago con angustia, al contrario. Es que yo soy así, y es mi manera de ser. Y sé que hay primaveras después de los inviernos. Y que la naturaleza devuelve el agua fresca a los pozos fieles. Y lo sé porque lo he vivido. Así puedo agradecer que mi vida, afortunadamente, no dependa del todo de mí, sino de Alguien más grande en quien confío y por quien apuesto.

En este verano adelantado me pongo junto al brocal y espero que Él me regale un poco de Su Agua.

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