domingo, 28 de junio de 2009

Morir y cambiar el mundo

En estos últimos días una serie de muertes "mediáticas" han llegado a las casas y vidas de mucha gente, también a la mía. Se mueren muchas personas a diario, conocidos sobre todo, pero a estos que te presentan les tienes que llorar, como si a toda la humanidad le hubieran de doler, porque les representen como embajadores de sus distintas facetas...
Si no me equivoco, el primero fue el del Inspector vasco de Policía Eduardo Puelles. Un hombre anónimo. Una muerte injusta. Una vida entregada en medio de mucho riesgo por acabar con la lacra del terrorismo. La suya y la de su familia. Me emocionaron las palabras de su esposa: no me verán llorar... Palabras de orgullo ante uno de los nuestros de quien todos debemos sentirnos orgullosos. Vivió cuidando vidas anónimas que estaban en peligro.
Murió Vicente Ferrer. Reconozco que de este señor sabía más bien poco o nada. He leído en estos días retazos de su vida; era conocido en ciertos ambientes, pero para nada un fenómeno social... Me ha impresionado su trayectoria en estos 89 años. ¡Qué bien que haya personas así! Otra vida entregada. ¿Cómo podrá morir quien ha estado de parte de la Vida? "Lo único que importa, de lo que no puedes dudar, es en hacer el bien, el bien concreto, no solamente el bien de plegaria -que es necesario-, sino el bien concreto. Si no puedo ver a Dios cara a cara, por lo menos con mis ojos veré a los pobres. Y esto va a constituir la totalidad de mi vida". Un hombre ante quien uno debe descalzarse y admirarse...
Y murió Michael Jackson. ¿Alguien queda que no se haya enterado? Nunca sentí simpatía por ese hombre. Más bien me daba pena. Me parecía un ser insatisfecho, frustrado, herido profundamente, que buscaba en el protagonismo social remedio a sus males. Su trágica muerte refleja la tragedia de su vida. Un conmoción internacional, sin duda. No dudo que habrá hecho bien su trabajo y que habrá puesto su granito de arena para mejorar este mundo... aunque siga sin gustarme.
Y ahora me pregunto: ¿quién pasará a la Historia como el más recordado? ¿Quién tendrá monumentos y espacios amplios en las enciclopedias o libros de Historia? ¿Quién habrá hecho más bien? Sobra la respuesta. Yo sé a quién quiero parecerme y de quién quiero aprender. Porque sé que la Historia la construyen los pequeños. Porque sé que la vida, a pesar de heridas y luchas, sólo se tiene para darla. Gracias a los hombres y mujeres pequeños que cambian este mundo.

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