lunes, 30 de marzo de 2009

Fidelidad

Me viene al pelo de la entrada anterior. Yo no soy fiel. Ni a mí mismo, ni a los demás, ni siquiera a Dios como me gustaría. Y sé que quienes quiero, quienes no me caen bien (y a los que me debo) tampoco son fieles. La flaqueza en la fidelidad es marca en lo humano. Y no puedo renunciar a personas o proyectos, a relaciones o encuentros por esa carencia...
Pero Él sí es fiel. Profundamente fiel. Y yo lo sé porque mi alma y mi carne lo experimentan cada día. Él sí es fiel. Mis traiciones, esas en las que tantas veces me muevo, no son nada al lado de su fidelidad. Él es fiel. Y con Él yo aprendo. Él es fiel. ¡Se me llena la boca al decirlo! Él es fiel...

¿Con quién cuento?



Acabo de llegar a mi casa. Está lloviendo y es primavera. Salía temprano, cuando empezaba a amanecer, y regreso ahora que está oscureciendo. No me ha ido mal. Pero vengo triste. Intento repasarme por dentro para ver qué me pasa en verdad, y llego a la conclusión de que hoy me encuentro solo.
Sé que esto es una contradicción en mi vida. Siempre digo que cuento con miles de personas, a las que quiero y me quieren de verdad. Y eso es totalmente cierto. No sé, pero hoy me siento solo. Y tengo a la misma gente querida, queriéndome a mi lado, y demostrándomelo (aunque quizás los vea menos o les preste menos atención…).
“¿Soy significativo para alguien?”: esta pregunta me la hacía años atrás cuando empezaba esta vida. Ya sé que muchas veces no (¡casi nunca!), y me importa poco. No he venido a ser un super hombre, y además no tengo madera para ello. Cuando he querido hacer ese papel, siempre he decepcionado, también a mí mismo. Vengo a estar, acompañar, hacer camino. Vengo a no hacerme imprescindible para nadie. Pero muchas veces me viene el adolescente que escondo, que reclama cariños y mimos… No; soy lo que me siento llamado a ser, sin necesidad de que nadie se fije en mí.
Esta tarde me venía una pregunta parecida: “¿con quién cuento?”. Tal vez las tres o cuatro personas que lean esto sabrán que con ellos, y a toda costa. Pero tampoco, por más importantes que sois para mí. Ahora que me siento solo sé que cuento conmigo y que cuento con Dios. Y desde ahí con todos los demás. Sin Él y sin mí, estoy solo…
Muchas veces me ha visitado la soledad. Al principio era un monstruo horrible que me daba pánico. Ahora sé que necesito distancias y silencios para reestructurarme por dentro, para volver a mi sitio, a mi ser, para ser yo en verdad…
Voy como una moto, y me alejo de mí, de mi proyecto, de mi centro, de mi silencio y soledad creadora. Y Dios se me esconde (o me lo escondo yo). Y cuando no estamos ni Él ni yo, ya no soy nadie. Pues hoy me acuso de esto. De vivir superficialmente, de estar pendiente del cariño ajeno, de no mirar más que estos pasos y estos brazos, y perder de vista el aire, el sentido, el horizonte. Por eso me siento solo.
Sé que soy querido, y mimado y cuidado. Pero esos amores sólo me hacen crecer cuando los recibo en mi sala más íntima, en mi ser y en mi fe. Ahí me construyen; fuera de ahí me distraen y apenan…
Ahora siento más paz. Aunque el día haya sido largo, esté cansado y siga lloviendo. Cuento con Dios. Cuento conmigo. Y afortunadamente sé que cuento con vosotros.