lunes, 26 de enero de 2009

Mis amigos


Estoy buscando entre mis poemas favoritos alguno que hable de la amistad, de la importancia de los amigos. Ninguno me gusta del todo. Miro en internet, donde hay de todo y a la medida de cada uno. Tampoco me agrada nada de lo que veo. ¡Cuánta cursilería! Así que este post tendrá que ir sin frases poéticas cultas... Me basta con que vaya con sentimiento.


Hoy quería, de nuevo -y por mucho tiempo-, dar gracias por la amistad. No, mejor. Quiero dar gracias por mis amigos. Esas personas que me hacen sentir tan feliz, que me regalan tanto con su vida, con estar a mi lado. Los que me aguantan, me cambian, me quieren. Quienes me cuestionan, me emocionan, me divierten. Esos mismos que me hacen crecer y ser feliz. ¡De ellos aprendo tanto! Muchas veces se me pasa el rato pensando en ellos y disfruto haciéndolo. Son parte de mi identidad.


Claro que tienen nombre y apellido. Y teléfono, y messenger. Unos hombros muy anchos y un corazón muy grande. Detalles infinitos. Vidas e historias que me emocionan y empequeñecen. Paciencia, alegría, sueños que compartimos juntos. Y problemas que a veces duelen y mucho. Le pido a Dios que no se cansen de mí, porque no sé responder a tanto amor que recibo y tal vez no sepa cuidarlos como se merecen. Y a ellos les digo que nunca podré pagarles tanto como me dan día a día. ¡¡Gracias!!

Al final del camino me dirán:
—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres.
Pedro Casaldáliga.

Aprender


Muchas veces me defino a mí mismo como "maestro". Es verdad que no tengo ni siquiera ese título, aunque de ello ejerzo y por ello me pagan. Y no es sólo la enseñanza lo que me hace ser "maestro". Me muevo con mucha más gente en otros ambientes que acude a mí a aprender cosas, teorías, opiniones, reflexiones... Con frecuencia se me suben los sueños a la cabeza y me creo lo que no soy. Siento cátedra con mis palabras, experimento la apatía del "funcionario pedagógico", juzgo y pongo notas ridículas, potencio mi imagen de sabio y entendido...


Este fin de semana me he encontrado con gente a la que iba a enseñar. Y he aprendido yo de ellos más de lo que tenía preparado para trasmitirles. ¡Cuántas veces lo he experimentado con los niños, con la gente sencilla! Y llegaba a la conclusión de que lo propio del maestro no es enseñar, sino aprender. Sólo tiene autoridad para enseñar quien tiene humildad para aprender primero.


Pues eso. Quiero seguir aprendiendo. Y tengo buenos maestros. ¡Gracias, Señor, por ellos!

miércoles, 21 de enero de 2009

Lo que quiero ser

Quiero ser pastor que vele por los suyos;
árbol frondoso que dé sombra al cansado;
fuente donde beba el sediento.
Quiero ser canción que inunde los silencios;
libro que descubra horizontes remotos;
poema que deshiele un corazón frío;
papel donde se pueda escribir una historia.
Quiero ser risa en los espacios tristes,
y semilla que prende en el terreno yermo.´
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…
Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito,
carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor…
eso quiero ser.

martes, 20 de enero de 2009

Desde abajo


Creo que he debido de ser de los pocos ciudadanos del mundo que esta tarde no han vibrado con Obama, su juramento y todo el acto social que se ha llevado a cabo. Ahora escucho las noticias de la radio y hablan de algo grandioso, monumental, histórico; en medios, presencias y expectativas de futuro. Yo no he visto nada. He decidido que no quería. No me gusta meterme en los jaleos donde acude mucha gente. En esos momentos uno puede mirar a donde nadie mira y disfrutar mejor al sentirse contracorriente... Pero confieso que hace un rato leí enterito el discurso que el susodicho ha pronunciado. Y me ha gustado. No sé si es porque en sí vale o porque iba condicionado a valorarlo positivamente.


Hay algo en todo esto que me cuestiona. Evidente es que son los medios de comunicación los que nos llevan a mirar este acontecimiento como ellos quieren que lo veamos. Pero siento que hay algo más profundo. En estos momentos no existe ningún líder a nivel mundial (ni local siquiera...), ninguna figura que entre tantas sombras y crisis ilusione y devuelva la esperanza, el sentido de futuro, la experiencia más profunda de lo humano. Y es como si quisiéramos ver en este señor de color la respuesta a lo que necesitamos y anhelamos en lo más hondo... Veo que en su discurso ha dejado caer mucho sobre este tema. No importan los políticos, sino la lucha del pueblo, agarrado a sus raíces y apostando por el futuro.


Ojalá sea este hombre un revulsivo para nuestra modorra mundial. Me da miedo pensar que los cargos acaban con los carismáticos, el poder con los profetas. ¡Cuánto necesitamos gente de sentido en medio de tantos chaparrones, de tanta pobreza en tantos niveles! Ojalá sea él. El tiempo irá diciendo. Por si acaso yo seguiré, en mi mediocridad, poniéndole un poco de color a este mundo que me rodea, y viendo cómo otros lo hacen. No lo dicen los medios, pero el Reino suele llegar desde abajo.

domingo, 18 de enero de 2009

Pasión compartida

Durante el fin de semana que termina he tenido la suerte de estar con un grupo de chavales que se preparan para ser dominicos, que están dando los primeros pasos en este camino. Son nuestros postulantes, y vienen de lugares distintos del país. No son muchos, es verdad. Ni falta que hace. Con lo que son y tienen intentan responder en fidelidad a una llamada interior, como han hecho tantos hermanos y hermanas en ocho siglos de Historia.
Así que estos días he vuelto a mis tiempos antiguos, he hecho memoria de aquella etapa tan bonita para mí. ¡Cuántos buenos recuerdos! En mente tengo la risa sobre todo, la alegría y picardía de los primeros momentos. Y la felicidad inicial. La pasión sincera, la locura juvenil...
Me ha venido bien acompañar a estos muchachos. Las generaciones cambian mucho y sus experiencias son diferentes a las mías. También sus historias personales. Y su futuro no se parecerá al que yo viva, tal vez. Pero nos une algo importante. Tenemos el mismo sueño y queremos realizarlo por estas sendas concretas. Nos quema el mismo fuego. Nos compromete la misma búsqueda. ¡Qué suerte tener hermanos jóvenes! ¡Qué suerte que hay futuro! ¡Qué suerte que Dios se fija en gente buena y la llama para construir su Reino!

miércoles, 14 de enero de 2009

Calles interiores

No sé si el alma tiene calles. ¡No sé si esta reflexión es demasiado absurda incluso! Pienso que por dentro todos llevamos montones de senderos y rutas, que nuestra vida interior discurre entre avenidas amplias que recorremos con facilidad y callejitas estrechas y cálidas, donde buscamos un hueco. Y creo que a veces tenemos que subir cuestas empinadas y otras nos encontramos en callejones sin salida. Hay calles de diario y calles de fiesta. Plazas de bullicio, frías e impersonales, y esquinas de encuentros inolvidables. Pisos de asfalto unos y otros de tierra y barro. Calles, cruces, bancos de piedra...
Pero lo que define a una calle son las personas que circulan por ella, quienes la pisan, quienes la habitan. Y le dan nombre los encuentros, las experiencias vividas en ellas. Y le ponen luz y color, y hasta una cierta musiquilla...
Esa calle de ahí fue la mía. En ella aprendí a andar. La del fondo fue mi casa hasta que cumplí seis años. ¡Aún la recuerdo! Tomado de la mano de mi madre o subido en los hombros de mi padre. Corriendo cuesta abajo en busca de la pelota de goma. Sentado en la esquina tomando el fresco a la luz de la luna del verano. Mirando embelesado las jaulas de canarios colgadas de la pared. O los nidos de las golondrinas. Poniendo mi tienda de trastos en el tranco en días de juego. Acompañando procesiones y tocando el Misterio. Sentado en la silla junto a mi abuelo anciano. Bajando con las cabras hacia el corral. Levantándome con las rodillas llenas de heridas y sangre... Mi calle.
La he visto colgada en internet. Y se me despertado un poco mi adentro. ¡Cuánto de mí en esa calle! En el fondo soy como ella, y no está tanto en los papeles o en las cámaras. Esa calle está en mi alma como un recuerdo sagrado, eterno, imborrable. Y sé que circulo por ella con frecuencia, y me encuentro con personas que ya no están aquí pero me salen al encuentro, recordándome lo mejor de mí... No quiero perder ese camino. La miro y me veo. Y en ella se despierta tanto bueno...
Estos días azules y este sol de la infancia...
(A. Machado)

La única rosa


Ando preocupado estos días (¡y cuándo no!). Hay algún problemilla que no se me va de la cabeza. Y lo que sucede en estos casos: cuantas más vueltas le doy, más me enredo. Tiene que ver con personas, actitudes, actuaciones complicadas, motivaciones confusas... Me resulta muy fácil juzgar y calificar a unos y otros. Y confieso que me caliento demasiado poniendo adjetivos negativos a compañeros que, ciertamente, ni siquiera conozco del todo.
Con esas preocupaciones llegué ayer al mediodía a casa. La niebla y la lluvia fina seguían cayendo desde la mañana. En la estatua de piedra del fundador de la casa, que flanquea la entrada, alguien había dejado una rosa. Una rosa fresca, tierna, más hermosa aún por las gotas del agua. Me enterneció esa imagen. ¿Quién lo haría? ¿Por qué? ¿Qué sentimientos profundos expresaba esa flor?
La imagen era preciosa. No me resistí a sacar la foto. Sobre la piedra fría y dura, estática y eterna, la fragilidad y belleza de una débil rosa. Entre piedras y rosas se mueve la vida de las personas. Y no hay rosa sin mármol, ni mármol sin rosa. ¡Qué poder tiene una flor sobre la piedra! No la rompe, pero la cambia, la embellece, le da sentido, vida, calor. Mi alma gritaba en silencio a Dios. Porque sé que Él pone flores en mis muros cada mañana. Y porque necesitaba reconocerlo. ¡Que nunca vea a los otros, ni sea yo mismo, mármol sin rosa!

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo,
¡amor!, la única rosa.
(Juan R. Jiménez)

sábado, 10 de enero de 2009

Distintos, iguales


He llegado hace un rato de la catedral. En una celebración solemne hemos despedido al Obispo, que marcha destinado a otro lugar. El acto ha resultado bonito, sus palabras emotivas y sinceras, y aunque el lugar y el día son gélidos, se notaba el calor humano. Había muchísima gente. Pero sobre todo, lo que más me ha llamado la atención: había cantidad de curas, cientos. La mayoría jóvenes. ¡Como yo y más!

Varias veces a lo largo del año solemos participar allí mismo de otras celebraciones de este tipo con ocasión de distintas fiestas importantes. Confieso que no suelo ir de buena gana. Primero porque por mi tarea (y por opción) no me muevo demasiado por ese mundo clerical. No conozco caras, ni tampoco nombres, ni menos los rangos u oficios. Además, por formación y estilo de vida -propio y de la Orden- nuestra mentalidad es más abierta, nuestra manera de vestir diferente y más normal, nuestras conversaciones distintas, nuestras prioridades otras. Muchas veces me encuentro sacerdotes por la calle (vestidos como tal) e instintivamente tengo que tomar conciencia de que yo también lo soy, y que somos diferentes, y yo me siento a gusto con vivir el sacerdocio de esta manera.

Hoy me sentía muy a gusto en la catedral, rodeado de cientos de curas. Veía a los jóvenes y me daba mucha alegría: ¡Qué bien que Dios sigue llamando a gente joven para amarlo y servirlo de este modo! ¡Qué bien que somos muchos! ¡Qué bien que siendo tan distintos celebremos la fe unidos en el mismo espíritu y disfrutemos de ser hermanos!

Hoy, una vez más, daba gracias a Dios por haberme hecho sacerdote, y porque quiere que lo sea "a mi manera". Y agradecía la pluralidad dentro de la Iglesia, que seamos muchos y podamos ser diferentes. Pero unidos. Unidos en Él y en Sus gentes.

¿Dios existe?

Estos días se está hablando demasiado del anuncio que algunos autobuses de Barcelona llevan, y en el que se lee algo así como: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". ¡Hasta los niños sacaban el tema en clase! Veo que, aunque ha pasado tiempo, el asunto sigue estando en el candelero. Incluso el Vaticano ha hecho alguna declaración sobre ello. Me he acordado -cuando escuché la noticia- de un buen profesor que me dio clases en la carrera, que con una sabiduría especial, repetía con frecuencia la siguiente frase: "No creo en los ateos, siempre hablan de Dios".
Por supuesto que, siguiendo detenidamente el argumento de los autobuses, si Dios no existe es mejor disfrutar de la vida. ¿Y si existe? ¿Y si alguien cree en Él? ¿Ese creyente entonces no disfruta de la vida? Yo, como tanta gente, creo en Dios, y creo precisamente porque creer me hace más persona, más feliz, más humano. Creo porque creer me hace afrontar con más madurez los problemas de cada día. Y creo porque en Dios encuentro paz. Y creyendo disfruto mucho más que si no lo hiciera. Y me considero dichoso por tener fe.
Hay muchos que no creen. Conozco a varios. Y para ellos es un drama eso de no tener fe. Pero son incapaces de encontrar aunque buscan. La fe es un regalo. Y Dios también. Lo bueno de estas personas es que siguen buscando. Y son felices, buenas, solidarias. Quizás mucho más que los buenos creyentes.
Los niños decían que es una provocación ese anuncio. Lo dice más gente, y ya han empezado a contestar. A mi, particularmente, me parece una anécdota. Y creo que es hasta bueno que salga el tema de Dios a la esfera pública. En la Edad Antigua, cuando los Santos Padres, ya pasaba algo similar. Es bueno que se hable de Dios. Y que la gente se cuestione si tiene necesidad o no de Él. Si verdaderamente Dios realiza a las personas. Y es más bueno expresar con la vida que, porque Dios existe, yo soy feliz, y puedo demostrarlo.

jueves, 8 de enero de 2009

Ver a Cristo


Me llamó varias veces en navidad. Quería hablar conmigo. Ya me lo había pedido hacía tiempo y yo le fui dando largas. Ahora era muy urgente. Esta tarde nos hemos encontrado. Y su confianza, su sinceridad, me ha hecho pasar un rato estupendo.

En pocos meses cumple dieciocho años. Lo conocí hace cuatro, cuando yo me estrenaba en la enseñanza. Él era un alumno difícil, de los que llamaban la atención en clase y no hacían nada. Me hizo sufrir, para qué voy a negarlo. Pero le cogí cariño: había en él mucho de nobleza escondida... En los años siguientes, aun tratándolo menos, fui teniendo la misma percepción. Se confirmó hace unos meses y pensé que ya no le vería el pelo. Y sigue viniendo, y se le ve cambiar...

Hoy, ante mi asombro por la cita y su inminencia, me dice que "ha visto a Cristo", así, literal. Que lo vio hace muchos años cuando era crío en el rostro de un pobre que le pidió ayuda. Y él no tuvo valor de dársela. Y lo ha visto en los últimos meses en una gasolinera. Tiene la apariencia de un mendigo que se resguarda allí del frío en las madrugadas. Se acerca algunas noches y a escondidas habla con él, lo conoce y lo trata, y le lleva un bocadillo o una manta. Pero sobre todo habla con él y siente que debe hacer algo...

Me han conmovido sus palabras. Y ha acabado con las mías. Tiene diecisiete años y esta tarde ha conseguido emocionarme. Se me ha convertido en un pequeño héroe, en un auténtico maestro. Y pertenece a la juventud que yo identifico como pasota, descomprometida y falta de valores. ¡Qué orgulloso me siento de él!

Esta mañana, antes de irme, leía el evangelio: "Jesús sintió compasión de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor". Y después en el comentario: "Para Jesús, la compasión no es una virtud más: es la única manera de parecerse a Dios, la única forma de mirar a las personas como las mira el Padre". Esta lección me la he aprendido muy bien hoy.

miércoles, 7 de enero de 2009

El trabajo

Y de nuevo a empezar... también en el trabajo. Confieso que no me hace gracia, que tenía muchos planes para estas vacaciones y sólo he cumplido una mínima parte... ¡Aunque tampoco ha estado mal este tiempo! Me asusta un poco pensar que todo vuelve a ponerse en marcha, la rutina traidora y también la salvadora. Me echan para atrás los líos que sospecho van a venir de inmediato, los problemas de siempre y los nuevos (variación de los otros...). Me asusta, sí.
Aunque también me gusta mi trabajo, y de vez en cuando pienso el bien que puedo hacer cada día y que nunca sabré del todo. Como experimento el bien que me hace a mí convivir con amigos y compañeros estupendos, y con unos chavales que tienen buen corazón y algunos valores envidiables... Me gusta mi trabajo. Y los retos forman parte de él, aunque a mí me tire tanto la calma de los viejos... ¡Me tendré que convencer de eso!
He oído en estos últimos años esa famosa expresión: "vivir mejor que un maestro". Ya conocía desde hace más tiempo la otra: "vivir mejor que un cura". ¡Pues por maestro y por cura vivo muy bien! ¡Puedo dar fe de ello! ¿Qué más se puede pedir cuando el trabajo es opción de vida? Pues eso: seguiré disfrutando de lo que vivo...
Adelante voy. Contento de compartir con la buena gente que construye el Reino entre lágrimas y sudores. Aunque a veces me de miedo y me sienta pequeño, o me trastorne lo que me saca de mi seguridad... Mañana vuelvo a lanzar mis semillas. Dios ya está germinando en muchas de ellas.

martes, 6 de enero de 2009

Juntos

Desde hace mucho tiempo disfruto con este vídeo. Nunca lo he enseñado a nadie. Lo he pensado muchas veces, en los momentos buenos, aplicado a las personas con las que trabajo. Es verdad que cada uno va a su aire, que parece imposible que todos vayamos en la misma dirección. Confieso que me da miedo, y que con frecuencia me quita la paz. ¿Será posible que algún día caminemos juntos hacia el mismo horizonte?
En estos días llegan las noticias de la violencia en Gaza, que se une a la que sucede en tantos lugares del mundo... ¿Será posible que alguna vez el ser humano pueda caminar junto a otros en paz?
Hoy, día de Reyes, me confieso a mí mismo y a quienes me escuchen que creo en lo profundo que es posible. Que trabajaré para que sea una realidad. ¡Juntos podemos!

¿Lo intentamos de nuevo?


Hace muchísimo tiempo que no abro esta página. De vez en cuando me acuerdo que existe y lamento no dedicarle unos minutos. Primero por mí, porque me hace bien expresarme en ella. Después por si a alguien en algún lugar perdido le puede servir lo que en ella dejo. Y tercero, porque habiendo tantas ventanas en este mar cibernético, también es justo que esta quede abierta, para lo que Dios pueda querer... Que a Dios le gusta eso de que las ventanas se abran...

Volvemos a intentarlo, ¿vale? Me lo digo a mí mismo, y lo digo digo suavemente (yo no soy de dar gritos) al comenzar el año.

Cuando estos días hacía balance de este tramo terminado, de estos 365 días, me sentía avergonzado. Mucho de mi vida se parece a este blog. ¡Tengo tanto olvidado! Personas, relaciones, opciones, planteamientos que en su momento me hice... ¡Hay tantas cosas incompletas en mi vivir cotidiano! La mediocridad, la rutina, la falta de verdad y voluntad se han ido adueñando poco a poco de mi barca... Y siento que ya no navego como antes. Que me paro, me estanco, me pierdo. He pedido perdón, ¡mucho perdón!, en estos días. Y he hecho propósito de empezar de nuevo, de remar con fuerza. Sí, quiero desplegar mis velas y dejar que tú me lleves. Necesito decirme con fuerza, y repetírmelo para que no se me olvide, que tengo corazón de marinero, no de turista acomodado. Empecemos de nuevo, maestro. En tu nombre echaré otra vez mis redes...