martes, 22 de julio de 2008

lunes, 21 de julio de 2008

Mi principio y mi fin

Un vídeo que acompaña a la entrada anterior. ¡Cómo me gusta Luz Casal! Y cómo cogen adentro estas imágenes acompañadas por su música. Esta es la verdad, más profunda y dolorosa cuando se acompaña de poesía. Pero la verdad.

Estos días, recordaba aquello de San Ignacio, y que tiene casi el mismo título de esta canción, "principio y fundamento": "El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y mediante eso, salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado". Sin comentarios.

Perdido... y no hallado

Me sucedió en estos días de oración y aún sigo dándole vueltas. Tocaba, aquel día meditar sobre la infancia de Jesús. No me hacía ninguna gracia, lo reconozco; me parecen esos textos demasiado dulces, como alejados de la realidad. El Jesús que me cautiva es el de las Bienaventuranzas, el que se muestra seguro en la sinagoga de Nazaret, el que –libre- se pasea por el lago y cautiva…

Alguien, en la Eucaristía rezó por unos inmigrantes que se había tragado el mar. Enseguida puse el oído y fui recopilando información. Quince personas muertas, nueve de ellos niños. ¿Cuántas veces habré oído esas noticias? Esta vez me llegó al alma. Quizás porque fue en mi costa, allí donde me crié y miraba al horizonte. Fue en lo mío. En mi orilla.

Confieso que me fue difícil concentrarme después. Que hasta me daba rabia rezar. “El Niño, perdido y hallado en el templo” se me rebelaba. La primera pascua de Jesús en Jerusalén, recuerdo de aquella experiencia de liberación de Israel: un pueblo que se moría esclavo y que decidió –llevado por Dios- salir, explorar nuevos mundos de esperanza, simplemente para no morirse y tener vida. ¡Tantos siglos y aún repitiéndose la Historia!

¡Qué vergüenza la mía! ¿A qué dedico mi vida? ¿Cómo no me toca esta experiencia tan trágica hasta los tuétanos? Ya sé que moriré impotente, sin poder cambiar nada. Pero quiero gritar, denunciar, decir con todas mis fuerzas que esto duele, me duele a mí y debería dolerle terriblemente a toda la tierra. Quiero decir que hay un dios que me da asco y al que a veces sirvo: el capitalismo atroz, que necesita sangre humana para seguir reinando, que santifica las desigualdades con un “no hay remedio”. Me niego a adorarlo con nuestros políticos, nuestros líderes, nuestras estrellas, nuevos sacerdotes de esta religión que asesina entre sonrisas, anuncios y luces de colores…

Ya sé que no podré hacer nada. Pero me propongo no adorar a ese dios asqueroso, denunciar, gritar. Y me propongo no olvidar, y que esta realidad me duela, porque son mis hermanos, y me duele su sangre y su vida. Porque son míos. Porque es mi tierra. Porque es mi costa.

Un niño perdido en el templo, rebelde, ansioso por encontrar una liberación a lo grande. Unos padres desesperados que buscan, "¿por qué nos has hecho esto?". Niños que se pierden en el mar y en el océano del olvido y la indiferencia. Madres que gritan y lloran. Y no encontrarán jamás... Una nueva religión que justifica e ignora.... ¡Dios mío! ¿Qué será de nuestra tierra? ¿Qué será de mi costa?

domingo, 20 de julio de 2008

Para toda la vida

No es ninguna fecha especial, ya lo sé. Tenía esa canción guardada entre mis favoritas. Y ahora se merece esta entrada. He llegado hace poco de rezar con calma, de renovar mi amor "para toda la vida". Y me apetece compartirla aquí. Cuando la encontré la guardé bien. "¿Algo puede ser para toda la vida?" Es la pregunta de la gente con la que me rodeo habitualmente. "¡Si todo tiene fecha de caducidad!". Hay algo que no caduca: lo sagrado, lo profundamente humano. Eso es "para toda la vida". El Amor que recibo, y el amor que yo quiero dar. Porque creo que no se da de una vez para siempre, sino que se va renovando de día en día. Y así... "para toda la vida".

Aquí estoy

Resuena en mí, con mucha fuerza el "te necesito", "eres imprescindible para mí". No sé decir "no", pero sí veo que pocas veces cumplo mi palabra, que soy inconstante, que me pueden los respetos, los "peros". Que tiro con facilidad la toalla.

Cuenta conmigo, Señor. Que no me olvide que allí donde estoy, allí donde voy, lo hago en tu nombre. Que soy tu presencia, tus manos, tus pies, tu corazón. Que no me llamas a ser mero espectador, sino a comprometerme en tu nombre: sanar heridas, besar leprosos, resucitar muertos, anunciar buenas noticias... Que no quieres que sea uno más, sino que te lleve a ti y a tu pasión por restaurar y sanar a cada ser humano con quien me encuentre.

Lo haré, Señor. Sólo te pido que me des las fuerzas necesarias, el ánimo. Solo no puedo. Tengo miedo a fallarte. Empújame, que no pierda este Norte. cuando falle, sigue confiando en mí.

(La imagen está tomada de http://partido.marianistas.org/)

Cuestión de miradas


"Cuando un ser humano dirige su mirada y su atención sobre el Cordero de Dios, presente en el Pan Consagrado, una parte del mal que hay en él se lanza hacia la pureza perfecta y queda allí destruido [...]. La parte del mal contenida en el alma se quema en el fuego de ese contacto convirtiéndose sólo en sufrimiento empañado en amor [...].
Por poco mal que destruyéramos en cada mirada, es seguro que, si no hubiera límite de tiempo repitiendo con frecuencia la operación, todo el mal sería un día destruido.
Una de las grandes verdades del cristianismo, desconocida hoy por casi todos, es que lo que nos salva es la mirada. La serpiente de bronce fue levantada en alto para que los hombres que yacían mutilados en el fondo de su degradación, la mirasen y se salvasen."
(Simone Weil)

lunes, 7 de julio de 2008

El pi de Formentor


No, no hay ningún error ortográfico en el título. Tengo que confesar que, en los años en que viví en Valencia, alguien -a quien quise como un verdadero amigo- me enseñó a amar mucho de aquella cultura. Aún hoy me resulta enternecedora la lengua o la música, los poemas maravillosos nacidos del corazón de catalanes, valencianos o mallorquines. Serrat, Lluis Llach, pero sobre todo, me sigue fascinando y conmoviendo la música de María del Mar Bonet. Me trasporta a otros lugares, a algo más allá de lo humano, a lo infinitamente bello. Me agrada escucharla, y siento que se me agarra algo superior a mí en lo profundo...

Hay una canción, un poema, que es más especial si cabe. Me lo sé de memoria desde hace años. Lo compuso un clérigo mallorquín: "El pi de Formentor". Habla, sí, de un pino, que permanece fuerte, agarrado a la tierra. Solitario, da cobijo a las aves. Austero, no se alimenta más que de la tierra pobre. Sin embargo sus raíces se agarran a lo profundo y permanece fuerte y fiel, en medio de tormentas y tempestades... ¡Cuánto me ha ayudado esta canción en los últimos tiempos!

Cuando llegué a Córdoba, y daba mis paseos por el campo, encontré algunos pinos que me recordaban a aquel otro, ficticio y con trazas de humano. Caminando estos días, cuando el cielo amenazaba tempestad, conseguí hacer la foto de uno de ellos. Impresiona. Veo en él, en ese árbol fuerte, envidiable, la vida y el destino (sí, el destino...) de algunos, de algunas, con quienes camino. Y me veo a mí. Y veo a tantos pequeños, cercanos a mi vida, a quienes siento temblar y escurrirse... Están seguros, me dice el corazón. Se alimentan de cielo y de luz. ¡Gracias por los que no cayeron, por los que me ayudaron a permanecer de pie! ¡Por quienes me empujaron a poner el corazón en el horizonte!


Hay en mi tierra un árbol que el corazón venera:
de cedro es su ramaje, de césped su verdor;
anida entre sus hojas perenne primavera,
y arrastra los turbiones que azotan la ribera,
añoso luchador.

No asoma por sus ramas la flor enamorada,
no va la fuentecilla sus plantas a besar;
mas báñase en aromas su frente consagrada,
y tiene por terreno la costa acantilada,
por fuente el hondo mar.

Al ver sobre las olas rayar la luz divina,
no escucha débil trino que al hombre da placer;
el grito oye salvaje del águila marina,
o siente el ala enorme que el vendaval domina
su copa estremecer.

Del limo de la tierra no toma vil sustento;
retuerce sus raíces en duro peñascal.
Bebe rocío y lluvias, radiosa luz y viento;
y cual viejo profeta recibe el alimento
de efluvio celestial.

¡Árbol sublime! Enseña de vida que adivino,
la inmensidad augusta domina por doquier.
Si dura le es la tierra, celeste su destino
le encanta, y aun le sirven el trueno y torbellino
de gloria y de placer.

¡Oh! sí: que cuando libres asaltan la ribera
los vientos y las olas con hórrido fragor,
entonces ríe y canta con la borrasca fiera,
y sobre rotas nubes la augusta cabellera
sacude triunfador.

¡Árbol, tu suerte envidio! Sobre la tierra impura
de un ideal sagrado la cifra en ti he de ver.
Luchar, vencer constante, mirar desde la altura,
vivir y alimentarse de cielo y de luz pura...
¡Oh vida, oh noble ser!

¡Arriba, oh alma fuerte! Desdeña el lodo inmundo,
y en las austeras cumbres arraiga con afán.
Verás al pie estrellarse las olas de este mundo,
y libres como alciones sobre ese mar profundo
tus cantos volarán.

(La traducción, no muy afortunada, es del autor, Miquel Costa i Llobera, Mallorca 1854-1922)

Cara a cara

He descubierto otra canción. Y me ha puesto, también, los pelos de punta. Me imagino la escena: Tú delante, y yo... ¿cómo podré mirarte? ¿Qué podré decirte? ¿Qué sentimientos pasarán por mi corazón? ¡Pobre de mí! O no, mejor no. Mejor, afortunado. ¡Qué suerte tengo de gozar del "cara a cara" ya, ahora!

Solamente una palabra, solamente una oración,
cuando llegue a tu presencia, oh, Señor...
No me importa en que lugar de la mesa me hagas sentar,
o el color de mi corona si la llego a ganar.
Solamente una palabra, si es que aún me queda voz
y si logro articularla en tu presencia.
No te quiero hacer preguntas, solo una petición,
y si puede ser a solas mucho mejor…
Solo déjame mirarte cara a cara,
y perderme como un niño en tu mirada,
y que pase mucho tiempo y que nadie diga nada,
porque estoy con el maestro cara a cara.
Que se ahogue mi recuerdo en tu mirada,
quiero amarte en el silencio y sin palabras
y que pase mucho tiempo y que nadie diga nada
porque estoy con el Maestro cara a cara.

Solamente una palabra, solamente una oración,
cuando llegue a tu presencia, oh, Señor...
no me importa en que lugar de la mesa me hagas sentar
o el color de mi corona si la llego a ganar.
Sólo déjame mirarte cara a cara
aunque caiga derretido en tu mirada
derrotado y desde el suelo, tembloroso y sin aliento
aún te seguiré mirando, mi maestro.
Cuando caiga ante tus plantas de rodillas
déjame llorar pegado a tus heridas
y que pase mucho tiempo y que nadie me lo impida
que he esperado este momento toda mi vida.

domingo, 6 de julio de 2008

Descanso


Qué bien suena esa palabra en estas fechas. ¡Ha sido tan anhelada y deseada! Yo ya empiezo a disfrutarlo, aunque se ve uno un tanto extraño, pensando que mañana es lunes y no hay que madrugar... ¿Será verdad del todo? Muchos compañeros se han marchado a otros lugares más tranquilos y frescos. Descansan, y es bueno. ¡Qué suerte retomar fuerzas, olvidar lo negativo del año, poner en su sitio sentimientos, prioridades, hacer balance y soñar el futuro...!

Ayer tuve una tarde intensa. Bautizos primero (dos angelitos preciosos, con dos familias tan lindas como ellos). Me senté a escuchar a gente que quería desahogarse, ¡cuánto sufren algunos! Incluso aquellos que aparentemente viven felices y son modelo de todo... Y luego celebré la Eucaristía. Frente a mí, una familia a quien el cáncer les ha arrebatado al padre; detrás otros que han perdido a un hijo -de mi edad- de manera repentina. ¡Cuánto dolor, el que viene y del que no pueden salir por medios humanos! !Qué impotencia y frustración no poder hacer nada para consolar de una manera sabia y oportuna!

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis en mi vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (Mt 11, 29-30)

Me emocioné cuando tuve que leer eso. Los miraba de reojo, como para decirles que era para ellos. Y quise mirar, también de reojo, a tantos amigos, hermanos, desconocidos... rotos y desconsolados.... Pocas cosas hay tan ciertas como estas. Las palabras sobre Dios, sobre la religión son ridículas, absurdas muchas veces. Nuestra vida (al menos la mía) tiene sentido desde esta experiencia primordial. Lo único que me importa es eso. Lo único que necesito, que ansío terriblemente, es que vengas y consueles, como lo has hecho conmigo en tantas ocasiones. Que concedas alivio y descanso, paz y ánimo. Ojalá yo lo supiera llevar de alguna manera a quienes a gritos me lo están pidiendo... Ve Tú, que lo harás mejor, aunque sea por medio de tanta debilidad e hipocresía....

Mis compañeros están descansando del curso. Y tengo la espinita de esos que no pueden hacerlo. Todavía. Vendrá su momento. Mientras tanto, no pierdo de vistas sus barcas en esta travesía....