lunes, 9 de junio de 2008

Otra vez junio

Vuelve junio. Un año más siento que repito lo mismo: el mes de las decisiones, los cambios, la profundización en el amor primero, en la opción vital de mi vida... ¡Me viene como automático! Desde hace varios años me ha gustado buscar una canción (¡qué sería de mí sin la música!) que me haga compañía en este tiempo y me ayude a centrarme un poco. Me la suelo aprender hasta de memoria, y me pongo su letra en el libro de la oración. En este mar, ya caluroso, de mi adorado junio, la dejo también. ¡Por si a alguien le llega!

Jesucristo, yo siento tu voz.
Tú me has dicho: ven y sígueme,
déjalo todo y dalo a los pobres.
Quiero que seas sal y luz,
confía siempre porque a tu lado estoy.
Aquí Señor, tienes mi vida,
que quiere ser presencia de tu amor;
sé que no es fácil seguir tus huellas,
pero con tu fuerza seré fiel,
te serviré entre los hombres,
tu Reino anunciaré,
porque a tu lado quiero caminar.
Te serviré entre los hombres, tu cruz abrazaré.
Si no respondo, vuélveme a llamar. Amén.


(La letra y la música están tomadas de http://vocacionesjesuitas.blogspot.com/)

domingo, 1 de junio de 2008

Agradecimiento y expropiación

Estuve ayer en un acto de reconocimiento a algunas personas conocidas. La mayoría entrados en años. No eran empresarios, ni ídolos de masas los homenajeados. Tampoco han destacado por sus grandes obras o méritos. Ni por su don de gentes, belleza o capacidad de convencimiento. Tal vez sea la primera y única vez que su nombre salga en los periódicos. Permanecerán olvidados, como –tal vez- la mayoría de los que son como ellos.

Han hecho lo que tenían que hacer. Discretamente, sencillamente. Han pasado su vida entregándose, entregándola. Y eso les ha hecho felices. ¿No es para dar gracias? Decía alguien ayer que agradecer es la primera experiencia religiosa, la experiencia primaria del ser humano. Nos pone en conexión con Alguien mayor. Siempre estamos en deuda: con la vida, con los otros, con los que aparentemente nos fastidian, con los amigos, con quienes nos pasan desapercibidos… Es bonito eso de vivir agradecido, de vivir agradeciendo. El agradecido, ¿cómo no va a estar abierto a Dos? ¿Cómo no va a ser capaz de verlo en todo?

Y hay otra experiencia a la que se refirieron también ayer: la de sentirse expropiado. Me gustó. Tal vez porque de pequeño viví otra clases de expropiaciones más mercantiles… Saber que la vida es fantástica, la única oportunidad que tenemos para alcanzar felicidad, pero queremos vivirla en compañía, asumiendo que así se recibe más, que todo se puede multiplicar. ¿Para qué sirve la vida si no es para darla? Confiarla a otras Manos, que se concretan en nombres, personas, circunstancias, experiencias…. Sé que eso hace feliz. Y no quita nada.

En este mar por el que navego agradezco esas vidas conocidas a las que quiero sumar la mía. Y sigo apostando por encontrar felicidad a través de la entrega.

Agradarte


Señor, Dios mío, no sé adónde voy.
No veo el camino que voy a recorrer.
No puedo saber con seguridad dónde terminará.
Tampoco me conozco a mí mismo,
y el hecho de que piense que estoy siguiendo tu voluntad
no significa que de verdad lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada.
Y espero tener ese deseo en todo lo que hago.
Espero no hacer nunca nada que se aparte de ese deseo.
Y sé que, si lo hago, me llevarás por el camino recto.
Aunque no sepa nada sobre él.
Por eso confiaré siempre en Tí,
aunque pueda parecer que estoy perdido
y en sombras de muerte.
No temeré, porque Tú siempre estás conmigo
y nunca dejarás que me enfrente sólo a los peligros.

Thomas Merton