viernes, 30 de mayo de 2008

Con corazón



Está a punto de terminar el mes. Y lo hace con una fiesta a la que le tengo mucho cariño. ¡Y cada vez más! Dios tiene corazón....

Muchas veces nos lo han presentado como un ser frío, alguien amenazador, un ser a quien obedecer y de quien esperar cualquier castigo. Mirarlo era percibir a alguien inalcanzable y casi que irreal...

Pero Dios tiene corazón. Y se apasiona. Y es ternura, y compasión. Y sabe amar como ningún humano es capaz aún de hacerlo: con verdad auténtica, sin límites. Dios es corazón.

¡Qué bien nos lo enseñó Aquel que sentía compasión ante las muchedumbres, que disfrutó de la amistad y perdonó la traición! Aquel, que no podía permanecer indiferente al dolor y al llanto, porque también lloró. El que no se podía callar ante las injusticias o las cosas hermosas, y permanecía silencioso gozando de su Padre. El mismo que caminaba descalzo por la tierra y se sentía pobre... El que derrochaba amor en cada encuentro...

Dios es corazón. Yo también. Y todos los humanos. Todos, aunque a veces me empeñe en negarlo: todos. Mi corazón es frágil y lo siento muchas veces dividido, muy mediocre, bastante traidor. Otras se ahoga en la razón. E incluso me hace sufrir lo indecible cuando menos lo espero. Y hasta me juega malas pasadas cuando ni yo mismo lo entiendo...

Me gusta estar con Él, y abrirle el mío de vez en cuando. !Contágiame! Hazlo cada vez que me siento amado, abrazado por tí... Apriétame fuerte y deja que tus sentimientos lleguen a los míos... Nunca dejes que me ciegue la razón, o la teoría. Ni tan siquiera el miedo o el realismo. Tampoco mis propias inseguridades o meteduras de pata. ¡Hazme, como Tú, Corazón!

Y deja después que a mi corazón le salgan pies. Así, descalzos, como los tuyos, verdaderamente humanos, sensibles a la tierra y a los que en ella viven. ¡Dame de tu Corazón, pero dame también tus pies!



Al mar

Ya estoy aquí otra vez,
en la orillita del mar,
mientras me mojo los pies
he empezado a imaginar:
¡Tú sí que debes saber!
¡ay, si pudieras hablar!
Tienes secretos que sé
nunca los vas a contar...

Guardas los suspiros
de corazones rotos
y todas las miradas
de los hombres
que se sienten solos;
dejas que la luna por la noche
te toque un poco
con la lucecita que ilumina los sueños locos...

Mi barco es de papel
pero saldré a navegar
en la isla en donde Tú estés,
allí quiero naufragar,
y que me huela la piel
a roca, espuma y a sal.
Dime qué tengo que hacer
para ser tu capitán.

(Fito y Fitipaldis, Los sueños locos)

Mayo


Se termina el mes de mayo. No le he prestado la suficiente atención a Ella. He tenido miles de celebraciones con los chavales. Hemos hablado de lo que significa tener una madre, de cómo Dios mismo necesitó una. Y la buscó pequeña, sencilla, apasionada. Y ella le acogió y le cedió su vida entera. Gracias por tantas madres, por tantas "Marías", por tantas mujeres acogedoras que han colaborado con Dios porque le han prestado su vida, su fecundidad.


Tú, Madre, has sido la que influiste más en tu Hijo.
Tú fuiste la única que comunicó al Verbo su cuerpo
para ser encarnado.
Tu mano, suave, llena de amor indecible,
fue formando aquel hombre
que había de llevar una vida de trabajador humilde,
y que, después de vivir pobremente la vida de apóstol,
se ofreció desnudo sobre el ara de un leño áspero,
símbolo de la ignominia.
Ayúdanos, Madre, y fórmanos como otro Jesús.
Tú puedes hacerlo de un modo muy especial.
La mano de madre es insustituible.
No se ha inventado ni el hombre podrá inventar
jamás con toda su técnica
ningún sustitutivo para la mano y el corazón de una madre.
Te lo pido, Señora: “Muestra que eres Madre”.
Ponme con tu Hijo y hermano mayor mío, Jesús.

(P. Arrupe)

Volver...



Es el título de una película y de otra canción... Yo no vuelvo con el "alma marchita"... Vuelvo quizás con ajetreos y prisas. Han sido unos meses de correr mucho y profundizar poco. De vivir a mogollón, sin saber si todo me brotaba de adentro, o no.

Siento en mí la necesidad de pararme de nuevo, de mirar al horizonte, de gozar la vida. Ese ha sido mi pecado en estos meses: no ahondar, no vivir, no sentarme en este mar de vez en cuando, simplemente para estar...

Volver. Cada mañana vuelve el amanecer fabuloso a mi ventana. Y casi todas se me escapa. La oportunidad de vivir en novedad, fuera de los malos rollos y rutinas que me esclavizan. Aquí vuelvo, a este mar que me apasiona. Y tengo gusto en hacerlo. Por mí, por aquel que me llama a sentarme en la orilla. Por los vecinos de playa. Volver. ¡Volvemos siempre!