martes, 1 de enero de 2008

Tú me das la vida

Llevaba tiempo deseando poner este vídeo. Pero esperaba a dejarlo aquí hoy, precisamente. Para estrenar el año, y ponerlo "en buenas manos". Si digo que me encanta y me emociona me quedo corto. Es la música de mi tierra, y los latines que tan bien se me dieron en otros tiempos... Es la vida que me sale de dentro y que encuentra una expresión que yo no sabría darle mejor...

"Tú me das la vida...". Y pienso en aquella que me la dio una tarde de verano, cerquita del mar. En aquella que me la fue dando cuando tanto necesitaba aprender, a través de sus palabras, sus miradas, sus canciones, sus paseos a hombros, sus cuentos infantiles... Nunca se puede agradecer a una madre tanto. Y Dios sabe mucho de madres. Por eso quiso tener una para Él... Esa Madre en la que miro también a la mía...
Empiezo el año a su lado, físicamente y más... Y quiero seguir el año sin perderla de vista. A la de la tierra, y a la otra, a la más grande. "Ellas me dan la vida".

Tiempo y espacio


Terminó un año, y empieza otro más. Y el tiempo sigue corriendo, y apenas si nos llega para seguirle la carrera. En estos últimos meses he pensado, y he explicado a los chavales, que el tiempo es un invento de los seres humanos. Lo hemos puesto para entendernos, para facilitarnos la vida. En Marte no hay tiempo, como tampoco lo hay en Dios. Él es más grande que el tiempo, y le sirve para poco. Si acaso para revelársenos a nuestra manera, de modo que le entendamos.

Para muchos el tiempo sirve para que proliferen las arrugas o las canas, o el malhumor. Para otros es la oportunidad para la violencia, o la cobardía, o el disfrute a costa de los demás. Hay quienes ven en él lo imprescindible para seguir viviendo. Existen quienes lo cuentan a lo grande. Y también quienes lo miden y valoran en segundos.

El tiempo, siempre humano, es esa línea fantástica que se une al espacio. Y juntos forman las coordenadas de lo humano. Pero ya sabemos que no engañan a nadie, que no tienen poder. Que sin ellos no existimos, pero que no son todo, ni pueden encerrar el misterio de algo tan grande que somos nosotros…

Empieza un nuevo año. Sincronizamos relojes, calendarios y preparamos planes para ser más felices. Y acogemos tanta vida como se nos regala. El tiempo y el espacio nos limitan, pero la vida se multiplica infinita, y sale a borbotones de nuestro ser entero. Y nos damos cuenta de que somos otra medida, algo más grande que la fragilidad de estos límites no puede contener.

Por eso me gusta el mar. Porque así me lo hace ver. Porque me deja expandirme, ser sin medida. En este océano “de estreno” vuelvo a soltar mis velas. …Iré donde quieras llevarme…

Nombres


Cuando llegue al umbral de tu puerta, Señor, me mirarás a los ojos. Y yo estaré ante ti con mis manos vacías y mi corazón lleno de nombres; con mis pies desnudos, cargados de mil caminos recorridos. Así te hablaré del camino de mis sueños cumplidos y de aquellos que quedaron sin cumplir; de mis esperanzas e ilusiones.Con algo de vergüenza, Señor, recordaré mis caídas y mis cansancios, aquellas noches de desasosiego y desaliento. Y las veces que extravié el camino. Tú, ¿me las recordarás? Hablaremos de la luz de la sonrisa, del sabor de la amistad, del olor del camino y de la melodía de nuestro cantar. Me asombraré de tu mirada y descubriré que siempre me ha acompañado transformando mis límites en posibilidades, mi debilidad en fuerza. Y veré como en mil ocasiones, ella me levantó de mis caídas. Cuando llegue al umbral de tu puerta, Señor, me mirarás a los ojos y, con la mirada, nos diremos tantas cosas... Pero sé que aquel día, sólo me preguntarás: ¿Has amado?