martes, 22 de julio de 2008

lunes, 21 de julio de 2008

Mi principio y mi fin

Un vídeo que acompaña a la entrada anterior. ¡Cómo me gusta Luz Casal! Y cómo cogen adentro estas imágenes acompañadas por su música. Esta es la verdad, más profunda y dolorosa cuando se acompaña de poesía. Pero la verdad.

Estos días, recordaba aquello de San Ignacio, y que tiene casi el mismo título de esta canción, "principio y fundamento": "El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y mediante eso, salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado". Sin comentarios.

Perdido... y no hallado

Me sucedió en estos días de oración y aún sigo dándole vueltas. Tocaba, aquel día meditar sobre la infancia de Jesús. No me hacía ninguna gracia, lo reconozco; me parecen esos textos demasiado dulces, como alejados de la realidad. El Jesús que me cautiva es el de las Bienaventuranzas, el que se muestra seguro en la sinagoga de Nazaret, el que –libre- se pasea por el lago y cautiva…

Alguien, en la Eucaristía rezó por unos inmigrantes que se había tragado el mar. Enseguida puse el oído y fui recopilando información. Quince personas muertas, nueve de ellos niños. ¿Cuántas veces habré oído esas noticias? Esta vez me llegó al alma. Quizás porque fue en mi costa, allí donde me crié y miraba al horizonte. Fue en lo mío. En mi orilla.

Confieso que me fue difícil concentrarme después. Que hasta me daba rabia rezar. “El Niño, perdido y hallado en el templo” se me rebelaba. La primera pascua de Jesús en Jerusalén, recuerdo de aquella experiencia de liberación de Israel: un pueblo que se moría esclavo y que decidió –llevado por Dios- salir, explorar nuevos mundos de esperanza, simplemente para no morirse y tener vida. ¡Tantos siglos y aún repitiéndose la Historia!

¡Qué vergüenza la mía! ¿A qué dedico mi vida? ¿Cómo no me toca esta experiencia tan trágica hasta los tuétanos? Ya sé que moriré impotente, sin poder cambiar nada. Pero quiero gritar, denunciar, decir con todas mis fuerzas que esto duele, me duele a mí y debería dolerle terriblemente a toda la tierra. Quiero decir que hay un dios que me da asco y al que a veces sirvo: el capitalismo atroz, que necesita sangre humana para seguir reinando, que santifica las desigualdades con un “no hay remedio”. Me niego a adorarlo con nuestros políticos, nuestros líderes, nuestras estrellas, nuevos sacerdotes de esta religión que asesina entre sonrisas, anuncios y luces de colores…

Ya sé que no podré hacer nada. Pero me propongo no adorar a ese dios asqueroso, denunciar, gritar. Y me propongo no olvidar, y que esta realidad me duela, porque son mis hermanos, y me duele su sangre y su vida. Porque son míos. Porque es mi tierra. Porque es mi costa.

Un niño perdido en el templo, rebelde, ansioso por encontrar una liberación a lo grande. Unos padres desesperados que buscan, "¿por qué nos has hecho esto?". Niños que se pierden en el mar y en el océano del olvido y la indiferencia. Madres que gritan y lloran. Y no encontrarán jamás... Una nueva religión que justifica e ignora.... ¡Dios mío! ¿Qué será de nuestra tierra? ¿Qué será de mi costa?

domingo, 20 de julio de 2008

Para toda la vida

No es ninguna fecha especial, ya lo sé. Tenía esa canción guardada entre mis favoritas. Y ahora se merece esta entrada. He llegado hace poco de rezar con calma, de renovar mi amor "para toda la vida". Y me apetece compartirla aquí. Cuando la encontré la guardé bien. "¿Algo puede ser para toda la vida?" Es la pregunta de la gente con la que me rodeo habitualmente. "¡Si todo tiene fecha de caducidad!". Hay algo que no caduca: lo sagrado, lo profundamente humano. Eso es "para toda la vida". El Amor que recibo, y el amor que yo quiero dar. Porque creo que no se da de una vez para siempre, sino que se va renovando de día en día. Y así... "para toda la vida".

Aquí estoy

Resuena en mí, con mucha fuerza el "te necesito", "eres imprescindible para mí". No sé decir "no", pero sí veo que pocas veces cumplo mi palabra, que soy inconstante, que me pueden los respetos, los "peros". Que tiro con facilidad la toalla.

Cuenta conmigo, Señor. Que no me olvide que allí donde estoy, allí donde voy, lo hago en tu nombre. Que soy tu presencia, tus manos, tus pies, tu corazón. Que no me llamas a ser mero espectador, sino a comprometerme en tu nombre: sanar heridas, besar leprosos, resucitar muertos, anunciar buenas noticias... Que no quieres que sea uno más, sino que te lleve a ti y a tu pasión por restaurar y sanar a cada ser humano con quien me encuentre.

Lo haré, Señor. Sólo te pido que me des las fuerzas necesarias, el ánimo. Solo no puedo. Tengo miedo a fallarte. Empújame, que no pierda este Norte. cuando falle, sigue confiando en mí.

(La imagen está tomada de http://partido.marianistas.org/)

Cuestión de miradas


"Cuando un ser humano dirige su mirada y su atención sobre el Cordero de Dios, presente en el Pan Consagrado, una parte del mal que hay en él se lanza hacia la pureza perfecta y queda allí destruido [...]. La parte del mal contenida en el alma se quema en el fuego de ese contacto convirtiéndose sólo en sufrimiento empañado en amor [...].
Por poco mal que destruyéramos en cada mirada, es seguro que, si no hubiera límite de tiempo repitiendo con frecuencia la operación, todo el mal sería un día destruido.
Una de las grandes verdades del cristianismo, desconocida hoy por casi todos, es que lo que nos salva es la mirada. La serpiente de bronce fue levantada en alto para que los hombres que yacían mutilados en el fondo de su degradación, la mirasen y se salvasen."
(Simone Weil)

lunes, 7 de julio de 2008

El pi de Formentor


No, no hay ningún error ortográfico en el título. Tengo que confesar que, en los años en que viví en Valencia, alguien -a quien quise como un verdadero amigo- me enseñó a amar mucho de aquella cultura. Aún hoy me resulta enternecedora la lengua o la música, los poemas maravillosos nacidos del corazón de catalanes, valencianos o mallorquines. Serrat, Lluis Llach, pero sobre todo, me sigue fascinando y conmoviendo la música de María del Mar Bonet. Me trasporta a otros lugares, a algo más allá de lo humano, a lo infinitamente bello. Me agrada escucharla, y siento que se me agarra algo superior a mí en lo profundo...

Hay una canción, un poema, que es más especial si cabe. Me lo sé de memoria desde hace años. Lo compuso un clérigo mallorquín: "El pi de Formentor". Habla, sí, de un pino, que permanece fuerte, agarrado a la tierra. Solitario, da cobijo a las aves. Austero, no se alimenta más que de la tierra pobre. Sin embargo sus raíces se agarran a lo profundo y permanece fuerte y fiel, en medio de tormentas y tempestades... ¡Cuánto me ha ayudado esta canción en los últimos tiempos!

Cuando llegué a Córdoba, y daba mis paseos por el campo, encontré algunos pinos que me recordaban a aquel otro, ficticio y con trazas de humano. Caminando estos días, cuando el cielo amenazaba tempestad, conseguí hacer la foto de uno de ellos. Impresiona. Veo en él, en ese árbol fuerte, envidiable, la vida y el destino (sí, el destino...) de algunos, de algunas, con quienes camino. Y me veo a mí. Y veo a tantos pequeños, cercanos a mi vida, a quienes siento temblar y escurrirse... Están seguros, me dice el corazón. Se alimentan de cielo y de luz. ¡Gracias por los que no cayeron, por los que me ayudaron a permanecer de pie! ¡Por quienes me empujaron a poner el corazón en el horizonte!


Hay en mi tierra un árbol que el corazón venera:
de cedro es su ramaje, de césped su verdor;
anida entre sus hojas perenne primavera,
y arrastra los turbiones que azotan la ribera,
añoso luchador.

No asoma por sus ramas la flor enamorada,
no va la fuentecilla sus plantas a besar;
mas báñase en aromas su frente consagrada,
y tiene por terreno la costa acantilada,
por fuente el hondo mar.

Al ver sobre las olas rayar la luz divina,
no escucha débil trino que al hombre da placer;
el grito oye salvaje del águila marina,
o siente el ala enorme que el vendaval domina
su copa estremecer.

Del limo de la tierra no toma vil sustento;
retuerce sus raíces en duro peñascal.
Bebe rocío y lluvias, radiosa luz y viento;
y cual viejo profeta recibe el alimento
de efluvio celestial.

¡Árbol sublime! Enseña de vida que adivino,
la inmensidad augusta domina por doquier.
Si dura le es la tierra, celeste su destino
le encanta, y aun le sirven el trueno y torbellino
de gloria y de placer.

¡Oh! sí: que cuando libres asaltan la ribera
los vientos y las olas con hórrido fragor,
entonces ríe y canta con la borrasca fiera,
y sobre rotas nubes la augusta cabellera
sacude triunfador.

¡Árbol, tu suerte envidio! Sobre la tierra impura
de un ideal sagrado la cifra en ti he de ver.
Luchar, vencer constante, mirar desde la altura,
vivir y alimentarse de cielo y de luz pura...
¡Oh vida, oh noble ser!

¡Arriba, oh alma fuerte! Desdeña el lodo inmundo,
y en las austeras cumbres arraiga con afán.
Verás al pie estrellarse las olas de este mundo,
y libres como alciones sobre ese mar profundo
tus cantos volarán.

(La traducción, no muy afortunada, es del autor, Miquel Costa i Llobera, Mallorca 1854-1922)

Cara a cara

He descubierto otra canción. Y me ha puesto, también, los pelos de punta. Me imagino la escena: Tú delante, y yo... ¿cómo podré mirarte? ¿Qué podré decirte? ¿Qué sentimientos pasarán por mi corazón? ¡Pobre de mí! O no, mejor no. Mejor, afortunado. ¡Qué suerte tengo de gozar del "cara a cara" ya, ahora!

Solamente una palabra, solamente una oración,
cuando llegue a tu presencia, oh, Señor...
No me importa en que lugar de la mesa me hagas sentar,
o el color de mi corona si la llego a ganar.
Solamente una palabra, si es que aún me queda voz
y si logro articularla en tu presencia.
No te quiero hacer preguntas, solo una petición,
y si puede ser a solas mucho mejor…
Solo déjame mirarte cara a cara,
y perderme como un niño en tu mirada,
y que pase mucho tiempo y que nadie diga nada,
porque estoy con el maestro cara a cara.
Que se ahogue mi recuerdo en tu mirada,
quiero amarte en el silencio y sin palabras
y que pase mucho tiempo y que nadie diga nada
porque estoy con el Maestro cara a cara.

Solamente una palabra, solamente una oración,
cuando llegue a tu presencia, oh, Señor...
no me importa en que lugar de la mesa me hagas sentar
o el color de mi corona si la llego a ganar.
Sólo déjame mirarte cara a cara
aunque caiga derretido en tu mirada
derrotado y desde el suelo, tembloroso y sin aliento
aún te seguiré mirando, mi maestro.
Cuando caiga ante tus plantas de rodillas
déjame llorar pegado a tus heridas
y que pase mucho tiempo y que nadie me lo impida
que he esperado este momento toda mi vida.

domingo, 6 de julio de 2008

Descanso


Qué bien suena esa palabra en estas fechas. ¡Ha sido tan anhelada y deseada! Yo ya empiezo a disfrutarlo, aunque se ve uno un tanto extraño, pensando que mañana es lunes y no hay que madrugar... ¿Será verdad del todo? Muchos compañeros se han marchado a otros lugares más tranquilos y frescos. Descansan, y es bueno. ¡Qué suerte retomar fuerzas, olvidar lo negativo del año, poner en su sitio sentimientos, prioridades, hacer balance y soñar el futuro...!

Ayer tuve una tarde intensa. Bautizos primero (dos angelitos preciosos, con dos familias tan lindas como ellos). Me senté a escuchar a gente que quería desahogarse, ¡cuánto sufren algunos! Incluso aquellos que aparentemente viven felices y son modelo de todo... Y luego celebré la Eucaristía. Frente a mí, una familia a quien el cáncer les ha arrebatado al padre; detrás otros que han perdido a un hijo -de mi edad- de manera repentina. ¡Cuánto dolor, el que viene y del que no pueden salir por medios humanos! !Qué impotencia y frustración no poder hacer nada para consolar de una manera sabia y oportuna!

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis en mi vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (Mt 11, 29-30)

Me emocioné cuando tuve que leer eso. Los miraba de reojo, como para decirles que era para ellos. Y quise mirar, también de reojo, a tantos amigos, hermanos, desconocidos... rotos y desconsolados.... Pocas cosas hay tan ciertas como estas. Las palabras sobre Dios, sobre la religión son ridículas, absurdas muchas veces. Nuestra vida (al menos la mía) tiene sentido desde esta experiencia primordial. Lo único que me importa es eso. Lo único que necesito, que ansío terriblemente, es que vengas y consueles, como lo has hecho conmigo en tantas ocasiones. Que concedas alivio y descanso, paz y ánimo. Ojalá yo lo supiera llevar de alguna manera a quienes a gritos me lo están pidiendo... Ve Tú, que lo harás mejor, aunque sea por medio de tanta debilidad e hipocresía....

Mis compañeros están descansando del curso. Y tengo la espinita de esos que no pueden hacerlo. Todavía. Vendrá su momento. Mientras tanto, no pierdo de vistas sus barcas en esta travesía....

lunes, 9 de junio de 2008

Otra vez junio

Vuelve junio. Un año más siento que repito lo mismo: el mes de las decisiones, los cambios, la profundización en el amor primero, en la opción vital de mi vida... ¡Me viene como automático! Desde hace varios años me ha gustado buscar una canción (¡qué sería de mí sin la música!) que me haga compañía en este tiempo y me ayude a centrarme un poco. Me la suelo aprender hasta de memoria, y me pongo su letra en el libro de la oración. En este mar, ya caluroso, de mi adorado junio, la dejo también. ¡Por si a alguien le llega!

Jesucristo, yo siento tu voz.
Tú me has dicho: ven y sígueme,
déjalo todo y dalo a los pobres.
Quiero que seas sal y luz,
confía siempre porque a tu lado estoy.
Aquí Señor, tienes mi vida,
que quiere ser presencia de tu amor;
sé que no es fácil seguir tus huellas,
pero con tu fuerza seré fiel,
te serviré entre los hombres,
tu Reino anunciaré,
porque a tu lado quiero caminar.
Te serviré entre los hombres, tu cruz abrazaré.
Si no respondo, vuélveme a llamar. Amén.


(La letra y la música están tomadas de http://vocacionesjesuitas.blogspot.com/)

domingo, 1 de junio de 2008

Agradecimiento y expropiación

Estuve ayer en un acto de reconocimiento a algunas personas conocidas. La mayoría entrados en años. No eran empresarios, ni ídolos de masas los homenajeados. Tampoco han destacado por sus grandes obras o méritos. Ni por su don de gentes, belleza o capacidad de convencimiento. Tal vez sea la primera y única vez que su nombre salga en los periódicos. Permanecerán olvidados, como –tal vez- la mayoría de los que son como ellos.

Han hecho lo que tenían que hacer. Discretamente, sencillamente. Han pasado su vida entregándose, entregándola. Y eso les ha hecho felices. ¿No es para dar gracias? Decía alguien ayer que agradecer es la primera experiencia religiosa, la experiencia primaria del ser humano. Nos pone en conexión con Alguien mayor. Siempre estamos en deuda: con la vida, con los otros, con los que aparentemente nos fastidian, con los amigos, con quienes nos pasan desapercibidos… Es bonito eso de vivir agradecido, de vivir agradeciendo. El agradecido, ¿cómo no va a estar abierto a Dos? ¿Cómo no va a ser capaz de verlo en todo?

Y hay otra experiencia a la que se refirieron también ayer: la de sentirse expropiado. Me gustó. Tal vez porque de pequeño viví otra clases de expropiaciones más mercantiles… Saber que la vida es fantástica, la única oportunidad que tenemos para alcanzar felicidad, pero queremos vivirla en compañía, asumiendo que así se recibe más, que todo se puede multiplicar. ¿Para qué sirve la vida si no es para darla? Confiarla a otras Manos, que se concretan en nombres, personas, circunstancias, experiencias…. Sé que eso hace feliz. Y no quita nada.

En este mar por el que navego agradezco esas vidas conocidas a las que quiero sumar la mía. Y sigo apostando por encontrar felicidad a través de la entrega.

Agradarte


Señor, Dios mío, no sé adónde voy.
No veo el camino que voy a recorrer.
No puedo saber con seguridad dónde terminará.
Tampoco me conozco a mí mismo,
y el hecho de que piense que estoy siguiendo tu voluntad
no significa que de verdad lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada.
Y espero tener ese deseo en todo lo que hago.
Espero no hacer nunca nada que se aparte de ese deseo.
Y sé que, si lo hago, me llevarás por el camino recto.
Aunque no sepa nada sobre él.
Por eso confiaré siempre en Tí,
aunque pueda parecer que estoy perdido
y en sombras de muerte.
No temeré, porque Tú siempre estás conmigo
y nunca dejarás que me enfrente sólo a los peligros.

Thomas Merton

viernes, 30 de mayo de 2008

Con corazón



Está a punto de terminar el mes. Y lo hace con una fiesta a la que le tengo mucho cariño. ¡Y cada vez más! Dios tiene corazón....

Muchas veces nos lo han presentado como un ser frío, alguien amenazador, un ser a quien obedecer y de quien esperar cualquier castigo. Mirarlo era percibir a alguien inalcanzable y casi que irreal...

Pero Dios tiene corazón. Y se apasiona. Y es ternura, y compasión. Y sabe amar como ningún humano es capaz aún de hacerlo: con verdad auténtica, sin límites. Dios es corazón.

¡Qué bien nos lo enseñó Aquel que sentía compasión ante las muchedumbres, que disfrutó de la amistad y perdonó la traición! Aquel, que no podía permanecer indiferente al dolor y al llanto, porque también lloró. El que no se podía callar ante las injusticias o las cosas hermosas, y permanecía silencioso gozando de su Padre. El mismo que caminaba descalzo por la tierra y se sentía pobre... El que derrochaba amor en cada encuentro...

Dios es corazón. Yo también. Y todos los humanos. Todos, aunque a veces me empeñe en negarlo: todos. Mi corazón es frágil y lo siento muchas veces dividido, muy mediocre, bastante traidor. Otras se ahoga en la razón. E incluso me hace sufrir lo indecible cuando menos lo espero. Y hasta me juega malas pasadas cuando ni yo mismo lo entiendo...

Me gusta estar con Él, y abrirle el mío de vez en cuando. !Contágiame! Hazlo cada vez que me siento amado, abrazado por tí... Apriétame fuerte y deja que tus sentimientos lleguen a los míos... Nunca dejes que me ciegue la razón, o la teoría. Ni tan siquiera el miedo o el realismo. Tampoco mis propias inseguridades o meteduras de pata. ¡Hazme, como Tú, Corazón!

Y deja después que a mi corazón le salgan pies. Así, descalzos, como los tuyos, verdaderamente humanos, sensibles a la tierra y a los que en ella viven. ¡Dame de tu Corazón, pero dame también tus pies!



Al mar

Ya estoy aquí otra vez,
en la orillita del mar,
mientras me mojo los pies
he empezado a imaginar:
¡Tú sí que debes saber!
¡ay, si pudieras hablar!
Tienes secretos que sé
nunca los vas a contar...

Guardas los suspiros
de corazones rotos
y todas las miradas
de los hombres
que se sienten solos;
dejas que la luna por la noche
te toque un poco
con la lucecita que ilumina los sueños locos...

Mi barco es de papel
pero saldré a navegar
en la isla en donde Tú estés,
allí quiero naufragar,
y que me huela la piel
a roca, espuma y a sal.
Dime qué tengo que hacer
para ser tu capitán.

(Fito y Fitipaldis, Los sueños locos)

Mayo


Se termina el mes de mayo. No le he prestado la suficiente atención a Ella. He tenido miles de celebraciones con los chavales. Hemos hablado de lo que significa tener una madre, de cómo Dios mismo necesitó una. Y la buscó pequeña, sencilla, apasionada. Y ella le acogió y le cedió su vida entera. Gracias por tantas madres, por tantas "Marías", por tantas mujeres acogedoras que han colaborado con Dios porque le han prestado su vida, su fecundidad.


Tú, Madre, has sido la que influiste más en tu Hijo.
Tú fuiste la única que comunicó al Verbo su cuerpo
para ser encarnado.
Tu mano, suave, llena de amor indecible,
fue formando aquel hombre
que había de llevar una vida de trabajador humilde,
y que, después de vivir pobremente la vida de apóstol,
se ofreció desnudo sobre el ara de un leño áspero,
símbolo de la ignominia.
Ayúdanos, Madre, y fórmanos como otro Jesús.
Tú puedes hacerlo de un modo muy especial.
La mano de madre es insustituible.
No se ha inventado ni el hombre podrá inventar
jamás con toda su técnica
ningún sustitutivo para la mano y el corazón de una madre.
Te lo pido, Señora: “Muestra que eres Madre”.
Ponme con tu Hijo y hermano mayor mío, Jesús.

(P. Arrupe)

Volver...



Es el título de una película y de otra canción... Yo no vuelvo con el "alma marchita"... Vuelvo quizás con ajetreos y prisas. Han sido unos meses de correr mucho y profundizar poco. De vivir a mogollón, sin saber si todo me brotaba de adentro, o no.

Siento en mí la necesidad de pararme de nuevo, de mirar al horizonte, de gozar la vida. Ese ha sido mi pecado en estos meses: no ahondar, no vivir, no sentarme en este mar de vez en cuando, simplemente para estar...

Volver. Cada mañana vuelve el amanecer fabuloso a mi ventana. Y casi todas se me escapa. La oportunidad de vivir en novedad, fuera de los malos rollos y rutinas que me esclavizan. Aquí vuelvo, a este mar que me apasiona. Y tengo gusto en hacerlo. Por mí, por aquel que me llama a sentarme en la orilla. Por los vecinos de playa. Volver. ¡Volvemos siempre!

lunes, 24 de marzo de 2008

Alegría

Del dolor y los brazos

Viernes Santo. Impresiona en estas tierras ver la imagen de la Madre con el Hijo muerto en sus brazos. Nada hay tan doloroso como ese dolor tan cruel, compartido. Demasiados hijos, demasiadas madres, demasiado sufrimiento. Hago memoria esperanzada de aquellos, aquellas, a quienes llevo en la memoria, en el corazón. Vendrá su Pascua, no me cabe duda. Mientras tanto, en este oscuro tramo del camino… “como en Nazaret aquella mañana, he aquí tu sierva, he aquí tu esclava”.

Darse

Me deja sin comentarios esta escena. Hoy, con imágenes como esta, con escenas cotidianas de mi vida, doy gracias infinitas al Dios grande por saberme llamado por Él para ser su servidor. Aunque mil veces me sienta indigno puede en mí su gracia.

"Hasta el extremo..."

domingo, 23 de marzo de 2008

De veras


¿Qué has visto de camino
María en la mañana?
- A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Tú no mates...

Sé fuerte y generoso.
En este mundo, el daño más atroz,
el más profundo,
lo llevan en el alma los que hieren.
Defiéndete, si puedes.
Burla, esquiva,
pero si no queda alternativa
tú no mates:
tú sé de los que mueren.

(Laura Campmany.
Carta de una madre a su hijo.)

Noche


Es de noche. La naturaleza nos ha regalado el viento y la lluvia. Un espectáculo, que unido al silencio, embriaga e impresiona. Es de noche. Nos gusta asomarnos y mirar la luna nueva, como si Dios nos guiñara el ojo y nos empujara a seguir creciendo, a seguir naciendo, como si tuviera un lenguaje secreto de inmensidad y se nos revelara íntimamente. Pero no podemos negar que la noche, aunque nos cautive, nos da miedo.

Hay noches y no son tan agradables como la nuestra. En cuántos rincones de la tierra siguen resonando los sones de guerra. En cuántos hospitales, asilos o barrios miserables se palpa el clamor del dolor y la pobreza. Cuántos hombres y mujeres apagaron ya la última luz de esperanza que tenían para vivir. Heridas, depresiones, frustraciones. Cuántos valores dejaron de brillar y se ahogaron tal vez para siempre. Es de noche. Noche muy oscura en tantos rincones del mundo. En Irak o en el Tibet. En Afganistán o en Palestina. En América. En África. Y tal vez sea noche cerrada en nuestra alma, noche sinsentido provocada por nuestros límites y miedos, por nuestra pobreza y vulnerabilidad. Es de noche. Y tantas veces no hay más que decir…

Hemos caminado en la noche. No le hemos temido al frío ni a la lluvia y hemos salido confiados a buscar la luz, el fuego de la Pascua. Hemos proclamado que Dios actúa en la noche. En la noche creó. En la noche sacó a Israel de la esclavitud. En la noche despertaba aguas nuevas en las tierras secas. En la noche creaba corazones de carne en tierras de fecundidad… Dios actúa en la noche. Sólo hace falta velar. Y esperar. Esperar mucho, pero esperar en Él. Porque proclamamos con fuerza que Dios nos encuentra en la noche.

En la noche salieron años atrás unas mujeres. Hicieron de tripas corazón y caminaron buscando un sepulcro. Vencieron la soledad de la madrugada y se abrieron camino entre las sombras. Se resistieron a pensar que la noche y la oscuridad eran más grandes y poderosas que ellas. Se lo debieron de decir los varones del grupo: “no merece la pena que salgáis, no vais a hacer nada útil, es peligroso, acabaréis mal, se reirán de vosotras, os perderéis, os pasará algo malo....” Y en la noche se cargaron de perfume y buscaron un sepulcro frustrante y vergonzoso. Vencieron a la noche, a su propia noche. Se arriesgaron a esperar y buscar en la noche.

El mundo sigue siendo igual de feo, frío y vergonzoso que entonces. Y sigue habiendo muchos sepulcros con piedras inamovibles, tantos que esconden vida en su adentro. Y sigue siendo tan necesario llevar perfume a esos lugares de muerte. Y se oyen tantas voces: “es inútil, es imposible, no merece la pena, no hay nada que hacer…”, tantas voces de fantasmas que hasta nos salen de dentro…

Dios, el que nos salva cuando amamos, el que nos visita en el silencio de la noche, de esta noche de cruces y sepulcros, nos espera, nos sale al encuentro. Y sólo tiene una palabra: “no temáis”, “no tengáis miedo” “alegraos”… ¡Cómo resuenan en la noche, en estas noches sus palabras! ¡Cómo tienen fuerza para llegar a los confines de la tierra! ¡Cómo para colarse por ventanas, puertas y corazones!

Hoy merece la pena estar vivo. Y merece la pena sufrir, porque no importa, porque Él está y nos hace a todos nuevos… porque nos regala vida, porque nos sale de dentro y dentro nos habita y no lo podemos abarcar. Es el señor. Y todos le conocemos. Yo sé que seguirá siendo de noche en muchos sitios, ahí fuera. Pero no vamos solos. El camino de la vida con Jesucristo es siempre de vida y esperanza: “no temáis”, “no tengáis miedo” “alegraos”…

Dolor


Viernes Santo. Impresiona en estas tierras ver la imagen de la Madre con el Hijo muerto en sus brazos. Nada hay tan doloroso como ese dolor tan cruel, compartido. Demasiados hijos, demasiadas madres, demasiado sufrimiento. Hago memoria esperanzada de aquellos, aquellas, a quienes llevo en la memoria, en el corazón. Vendrá su Pascua, no me cabe duda. Mientras tanto, en este oscuro tramo del camino… “como en Nazaret aquella mañana, he aquí tu sierva, he aquí tu esclava”.
Te miro a los ojos, y entre tanto llanto
parece mentira que te hallan clavado,
que seas el pequeño al que he acunado
y que se dormía tan pronto en mis brazos,
el que se reía al mirar el cielo,
y cuando rezaba se ponía serio.
Sobre ese madero, veo aquel pequeño
que entre los doctores hablaba en el templo,
que cuando pregunté, respondió con calma
que de los asuntos de Dios se encargaba,
ese mismo niño, el que está en la cruz,
el Rey de los hombres, se llama Jesús.
Ese mismo hombre, ya no era un niño
cuando en esa boda le pedí más vino;
que dio de comer a un millar de gentes,
y a pobres y enfermos los miró de frente.
Rió con aquellos a quienes más quiso
y lloró en silencio al morir su amigo.
Ya cae la tarde, se nublan los cielos.
Pronto volverás a tu Padre eterno.
Duérmete pequeño, duérmete mi niño,
que yo te he entregado todo mi cariño.
Como en Nazaret aquella mañana:
He aquí tu sierva, he aquí tu esclava.

Gritos y silencios


Al escuchar la pasión llama la atención la cantidad de personajes que aparecen. Todos nos invitan a identificarnos y ocupar su lugar (traidores, negadores, cómplices, dolientes, cirineos, verónicas, etc). Y sorprende el murmullo de fondo. Se percibe un contraste: unos gritan. Otros (los menos) permanecen en silencio. En las pasiones actuales en las que tantas veces estamos sumergidos, sucede igual. Unos gritan. Otros callan. Gritan furibundos los cómplices de Judas. Grita rabioso y vengativo Pedro en el Huerto; grita herido y entre lágrimas junto al fuego y el gallo. Vocean los soldados. Se exalta el pueblo: ¡Crucifícale, crucifícale, nosotros ya tenemos rey! Gritan los sacerdotes, que ven mermada su autoridad y poderío. Grita la cobardía de Pilato mientras se calla burguesmente. Gritan los espectadores del camino. Gritan iracundos los ladrones compañeros de patíbulo.

Asustan los gritos. Y uno se siente impotente ante ellos. Cuántos siguen extendiéndose en el mundo. Los de los poderosos, cobardes, traidores. Los vengativos, los que disparan armas, los que condenan, los que exaltan al pueblo. Los que con fuerza quieren vender sus planes. Los que imponen sus ideas. Cuántos gritos en los hospitales, en los países pobres. Cuántos en guerras fratricidas. Cuántos en parlamentos y en países desarrollados. Cuántos gritos en cuántos corazones. Tal vez, si nos escuchamos, hasta nuestro interior grita consternado…
Gritos. Y silencio. Calla el justo. “No abría la boca”. “No gritará, no voceará, no alzará su voz en las plazas”... Calla en el huerto de la traición. Calla y no se defiende ante Pilato. Calla ante el pueblo. Calla en el camino. Y pronuncia levemente el nombre de su padre en la Cruz. Jesús calla y salva. Nos salva el amor y el silencio…

Calla María. Y calla el discípulo. Se limitan a acoger, a estrenar comunidad y familia. Y calla Dios. El que está presente en toda la escena. El que abarca todas las escenas y episodios de lo humano. Y sigue callando Dios. Tanto que a veces nos torturan sus silencios. Porque Dios calla y en su silencio salva. Calla y salva.

Hagamos silencio adentro, y dejemos obrar a Dios. Sabemos que a Él corresponde la última palabra. La definitiva. Y dejemos que en su silencio acalle nuestros gritos. Y nos salve.


“Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor”
(Lam 3, 26)

Triunfar

(Los fantasmas escondidos de la Red han hecho imposible que aparezcan varios post escritos en estos últimos días. Medio los rescato ahora -aunque no sean iguales- y los coloco aquí. Hacen referencia a los días del Triduo Pascual).


Una noche de triunfo Jesús se reunió con los suyos. Los había querido mucho hasta aquel momento. A ellos, una panda de pescadores y pecadores. A ellos, sí, pero también a otros. En aquella cena pesaba el recuerdo de cojos y ciegos, de viudas y publicanos queridos, de pecadores visitados por la misericordia, de leprosos curados, de hombres y mujeres amados de una manera especial; de leyes abrogadas a favor de la misericordia y la ternura. Era una cena especial; era la cena del triunfo.

Reconozco que me gusta esa palabra: triunfar. Reconozco que odio terriblemente la otra, fracaso. En esta vida, o triunfas o fracasas. Y por nada quiero fracasar. Aspiro a triunfar en el trabajo, en mis relaciones. Es hermoso mirarse al espejo y decírselo: enhorabuena, triunfador. Quien no triunfa no existe. Queda eliminado del juego. O el triunfo o la sangre.

En esta tarde Jesús nos enseña una manera diferente de triunfar en la vida. Aquel que había llegado tan lejos, que estaba a punto de librar su última y apoteósica batalla en la tierra… “Se quitó el manto, se ciño la toalla y se dispuso a lavarles los pies”. Todo previsto como un buen guerrero excepto el final. Y aquí nos quedamos sin palabras. He aquí un triunfador. Para los suyos perdió la guerra. No están los tiempos para amar. Es lo mismo que dicen en tantos ambientes sociales de nuestra época. Lo que nos dice el corazón cuando corremos su suerte.

Jesús triunfó aunque aparentemente fracasara. Y la lección no puede ser más clara. Los que aman triunfan. Los que no aman, fracasan. Ese es el dogma que desde aquella noche de Nisán circula por la tierra, el dogma que nos salva. Sí, nos salva el amor, el servicio y la entrega. No hay más triunfo que ese. Lo demás es mentira. Lo demás (el poder, la violencia o la agresividad, el odio, la competencia o el falso amor propio) ahoga y esclaviza. Solo nos salva amar, inclinarnos, arrodillarnos ante los pequeños y amarles sin medida. Y así sabemos y confesamos que quien ama triunfa siempre.

viernes, 21 de marzo de 2008

... Que no sirve para nada


Este verano, mientras hacía los días de oración, me fijé en un árbol, un pino. Aparecía espléndido en el horizonte. Salía de detrás de una casa. Era grandioso. Confieso que pasé horas y horas contemplándolo. Impresionante. ¿Cómo la naturaleza puede producir ejemplares tan maravillosos? Sólo tenía un defecto, y no pequeño: estaba seco. Y sin posibilidades de revivir. Seguro que vendrían pronto quienes lo talaran. Y seguro que ni madera buena podría dar. Era el icono de la impotencia, del fracaso más absoluto y estrepitoso.

En aquellos días se convirtió en un espejo que en el horizonte me delataba un poco. ¿Para qué sirve la vida? ¿Para qué la grandeza o la apariencia? ¿Para quién y cómo crezco? Fracaso. esa es una palabra a la que le tengo cariño. Me resulta muy familiar con frecuencia. Y hoy, Viernes Santo, proclamo que no existe, que es mentira. Que nadie fracasa. Que nos lo hemos inventado los humanos para herirnos y engañarnos. Nada en lo humano está llamado ni condenado al fracaso, a la frustración.



Era un árbol quemado
y partido por un rayo
que no sirve para nada,
ni de madera, ni de llama.
Era un bosque incendiado
y dormido para siempre
en la arena y la ceniza,
así era mi Señor.
Sin voz, ni belleza;
clavado y despreciado;
derrotado e impotente;
crucificado.
Como agua derramada
o flores pisoteadas
que no sirven para nada,
así era mi Señor.
Quién creerá la noticia,
Él era nuestro regalo
se nos marchitó en las manos,
despreciado y olvidado.
Azotado, indefenso;
sin brillo, desfigurado;
humillado, escupido;
crucificado.

(
Aquí la canción)

Lo que la primavera sobre el almendro


Otro acontecimiento marca siempre el final del invierno. Es un signo más de que el tiempo gira, de que la primavera está a punto de llegar, de que “algo nuevo está naciendo”. Empieza febrero con los almendros en flor. Son apenas quince días los que dura el espectáculo. Ni siquiera la sequía es capaz de desanimar la vida. Es más: ¡hay tanta vida escondida aun en la sequía más profunda! Aunque arrecie el frío o vengan heladas; aunque la tierra sea mala, o el árbol viejo y moribundo… cada invierno se vuelve a obrar semejante prodigio.

Tú haces en mí lo que la primavera sobre el almendro”. Escuché esa frase hace ya algunos años. Una simple y casi ridícula frase. Pero me cautivó. Quizás porque soy de campo y me crié entre almendros. Me llamaba la atención como crecían en soledad, sin grandes cuidados. Allí, en el sitio más inesperado, en una quebrada, tal vez cayendo hacia el vacío… allí había nacido un almendro. Y se desarrollaba, y daba su fruto. Y en el verano había que hacer equilibrios para recoger sus almendras. Es un árbol libre, sin dueño. Espanta su apariencia rígida y vieja. Pero, ¿qué tendrá por dentro que, cuando todos se echan para atrás, él regala una flor blanca y tierna? ¿Qué tendrá para permanecer fuerte, en medio de tormentas y calamidades, sin que nadie le mire ni le cuide?

En hebreo, la palabra que da nombre a este árbol también significa “centinela”, “guardián”, “vigilante”. A mí me gusta compararlo con todos aquellos hombres y mujeres que, en soledad, pobreza y libertad, han decidido permanecer en el mundo floreciendo y perfumando en los inviernos y en las noches; aquellos, aquellas que tienen por vocación adelantar la primavera. ¡Menos mal que existen! Menos mal que nos recuerdan que hay una Savia capaz de hacer florecer lo que parece imposible. Menos mal que nos insisten en esperar y confiar. En cualquier momento, a todos, nos puede nacer algo nuevo.

domingo, 2 de marzo de 2008

Reconciliación


Estamos terminando un invierno peculiar. Apenas si ha hecho frío, y por supuesto, tampoco ha llovido. Tan peculiar ha sido que ni siquiera se ha notado. Ha sido un “tiempo climático indefinido”. Me identifico mucho con el clima, y parece que lo que vive la naturaleza es reflejo de lo que yo vivo en mi adentro. Y es verdad que hay parecido con este invierno tan original… También yo he pasado “sin pena ni gloria”. Y para nada estoy satisfecho con esa manera de vivir tan poco genuina…

Hace un par de días tuvimos una curiosa tormenta, de esas que se llaman “de verano” en otra época del año. En apenas unos minutos empezó y acabó. Y volvió el sol a lucir entre algunas nubes poco amenazadoras. Pero –¡oh, sorpresa!- aquellas lluvias trajeron un arco iris inconfundible y precioso. ¡Hacía muchos años que no contemplaba ese espectáculo de la naturaleza tan maravilloso! Por un instante me transporté a tiempos de la infancia en que cortábamos las clases para observar el espectáculo.

Para algo le sirve a uno haber estudiado en estos años. El arco iris es uno de los primeros signos que aparecen en la Biblia. Una señal que Dios pone en el firmamento para comunicar algo: que ha hecho alianza de amor con su pueblo para siempre y nada ni nadie la podrá romper nunca. Ni siquiera los constantes fallos y fragilidades de lo humano. El arco sobre el firmamento es el sello de la reconciliación de la humanidad. La imagen perfecta de la reconciliación interior, de la unificación personal.

Me gustó volver a ver este signo. Y disfruté al entender su mensaje: no estoy para dividir en los ambientes en que vivo. Ni siquiera es la “división interior” mi callejón sin salida en el que habitar. Puedo (y debo) reconciliar porque Alguien reconcilia y unifica mi adentro. Quiero y estoy dispuesto (y me comprometí un día) a ser signo, a ser puente de color entre universos contrarios. En medio de las tormentas y diluvios que amenazan esta tierra en este invierno peculiar quiero poner mi nota de color y reconciliación. ¡Y ojalá los navegantes de este mar tengan en mí un motivo para alabar y agradecer!

sábado, 1 de marzo de 2008

Estar

¿Qué hacer cuando lo único que puedo hacer es ver cómo arde el bosque?
Cuando un alumno va entrando en el laberinto de los placeres de plástico,
cuando un amigo vive acompañado de mentiras que le anulan,
si no puedo romper la máscara feliz que encierra el corazón amargo.
Cuando ves la flor morir sin poder tocarla por no destrozarla,
cuando me veo diminuto ante el gigante de la injusticia,
cuando la salud de quien quieres no tiene más fuerzas,
y me siento extranjero donde nací.

¿No puedo hacer nada?

Sólo estar.
Permanecer.
Aunque no me quede tranquilo.
Acompañar en la distancia.
Estar.

Apareces Tú

Me he prometido pedirme perdón,
me he confesado con mi corazón.
Me he enamorado de todo mi amor,
me he permitido decirle al miedo adiós...

Y de repente apareces tú,
mientras me hablas hago que estoy dormida.
Te mentiría si negara hoy
que desde entonces solo sueño contigo...

Tú..
entiendes mis silencios.
Solo tú conoces mis secretos.
Solo tú comprendes cada gesto.
Solo tú...
Me ha sonreído el espejo hoy,
me he decidido a levantar la voz,
he despedido a mis fantasmas hoy,
y me he gustado tal y como soy.

Y de repente apareces tú,
mientras me hablas hago que estoy dormida.
Te mentiría si negara hoy
que desde entonces sólo sueño contigo...

Tú,
entiendes mis silencios.
Solo tú conoces mis secretos.
Solo tú comprendes cada gesto.
Solo tú...
Y yo solo quiero entregarme,
comprenderte y cuidarte,
darte mi corazón.
Quiero que llegues a ser
mi alma y mi obsesión,
mi vida y mi pasión,
historia de amor.

Tú,
entiendes mis silencios.
Solo tú me subes hasta el cielo.
Solo tú eres mi alma y mi inspiración.

domingo, 3 de febrero de 2008

Ellos...

Los invitamos a nuestros comercios, los rechazamos de nuestras mesas. Los encerramos con alambradas en nuestras fábricas, los alejamos con perros de nuestras casas. Los seducimos desde la sonrisa de la publicidad, les cerramos el rostro cuando se acercan.

Los recibimos cuando son trabajo y moneda, los esquivamos cuando son justicia y encuentro. Arrasamos en minutos un barrio vivo, estudiamos la colocación de una estatua muerta. Los congregamos con promesas cuando dan un voto, los dispersamos con balas cuando exigen un derecho.

Los contratamos cuando son fuerza joven, los barremos cuando son bagazos exprimidos. Los admiramos cuando levantan nuestras mansiones, los separamos con las mismas paredes que construyeron. Les damos limosnas cuando son niños y débiles, les aplicamos cárcel y sospechas cuando son dignos y fuertes.
(http://vocacionesjesuitas.blogspot.com/)

martes, 1 de enero de 2008

Tú me das la vida

Llevaba tiempo deseando poner este vídeo. Pero esperaba a dejarlo aquí hoy, precisamente. Para estrenar el año, y ponerlo "en buenas manos". Si digo que me encanta y me emociona me quedo corto. Es la música de mi tierra, y los latines que tan bien se me dieron en otros tiempos... Es la vida que me sale de dentro y que encuentra una expresión que yo no sabría darle mejor...

"Tú me das la vida...". Y pienso en aquella que me la dio una tarde de verano, cerquita del mar. En aquella que me la fue dando cuando tanto necesitaba aprender, a través de sus palabras, sus miradas, sus canciones, sus paseos a hombros, sus cuentos infantiles... Nunca se puede agradecer a una madre tanto. Y Dios sabe mucho de madres. Por eso quiso tener una para Él... Esa Madre en la que miro también a la mía...
Empiezo el año a su lado, físicamente y más... Y quiero seguir el año sin perderla de vista. A la de la tierra, y a la otra, a la más grande. "Ellas me dan la vida".

Tiempo y espacio


Terminó un año, y empieza otro más. Y el tiempo sigue corriendo, y apenas si nos llega para seguirle la carrera. En estos últimos meses he pensado, y he explicado a los chavales, que el tiempo es un invento de los seres humanos. Lo hemos puesto para entendernos, para facilitarnos la vida. En Marte no hay tiempo, como tampoco lo hay en Dios. Él es más grande que el tiempo, y le sirve para poco. Si acaso para revelársenos a nuestra manera, de modo que le entendamos.

Para muchos el tiempo sirve para que proliferen las arrugas o las canas, o el malhumor. Para otros es la oportunidad para la violencia, o la cobardía, o el disfrute a costa de los demás. Hay quienes ven en él lo imprescindible para seguir viviendo. Existen quienes lo cuentan a lo grande. Y también quienes lo miden y valoran en segundos.

El tiempo, siempre humano, es esa línea fantástica que se une al espacio. Y juntos forman las coordenadas de lo humano. Pero ya sabemos que no engañan a nadie, que no tienen poder. Que sin ellos no existimos, pero que no son todo, ni pueden encerrar el misterio de algo tan grande que somos nosotros…

Empieza un nuevo año. Sincronizamos relojes, calendarios y preparamos planes para ser más felices. Y acogemos tanta vida como se nos regala. El tiempo y el espacio nos limitan, pero la vida se multiplica infinita, y sale a borbotones de nuestro ser entero. Y nos damos cuenta de que somos otra medida, algo más grande que la fragilidad de estos límites no puede contener.

Por eso me gusta el mar. Porque así me lo hace ver. Porque me deja expandirme, ser sin medida. En este océano “de estreno” vuelvo a soltar mis velas. …Iré donde quieras llevarme…

Nombres


Cuando llegue al umbral de tu puerta, Señor, me mirarás a los ojos. Y yo estaré ante ti con mis manos vacías y mi corazón lleno de nombres; con mis pies desnudos, cargados de mil caminos recorridos. Así te hablaré del camino de mis sueños cumplidos y de aquellos que quedaron sin cumplir; de mis esperanzas e ilusiones.Con algo de vergüenza, Señor, recordaré mis caídas y mis cansancios, aquellas noches de desasosiego y desaliento. Y las veces que extravié el camino. Tú, ¿me las recordarás? Hablaremos de la luz de la sonrisa, del sabor de la amistad, del olor del camino y de la melodía de nuestro cantar. Me asombraré de tu mirada y descubriré que siempre me ha acompañado transformando mis límites en posibilidades, mi debilidad en fuerza. Y veré como en mil ocasiones, ella me levantó de mis caídas. Cuando llegue al umbral de tu puerta, Señor, me mirarás a los ojos y, con la mirada, nos diremos tantas cosas... Pero sé que aquel día, sólo me preguntarás: ¿Has amado?