domingo, 30 de diciembre de 2007

Abrazos


Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital
de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.
Eduardo Galeano, Bocas del tiempo.

sábado, 29 de diciembre de 2007

"No había sitio para ellos..."

Eso es lo que dice el evangelista sobre los padres de Jesús. No hubo sitio en Belén. Ni lo hubo después en el mísero establo, pues tuvieron que escapar a Egipto, y volver, y seguir escapando siempre... Era el poder, el grande y el pequeño, el que estaba hecho contra ellos, contra los pequeños. Contra Dios.
¡Cómo se repite la Historia! Sigue sin haber lugar para otros, que andan buscando hogar y patria, tierra favorable. ¡Y yo que me siento culpable de estar de este lado del muro, de esta puerta...!
Dios siempre está y estará fuera, peregrinando, acompañando a peregrinos, derribando otros muros... Quizás el mío...

Mi primera cana

Ayer, mirándome en el espejo, reconocí mi primera cana. Sí, no fue ninguna inocentada de la vida. Me paseé por el espejo varias veces a lo largo del día por si era alguna confusión. ¡Y llegué a ver hasta dos! Ya sé que hay cantidad de problemas en el mundo, incluso a mi alrededor, para que yo me preocupe por esta tontería. Y no me quita la paz, pero es que me hace pensar mucho.

“¿Ya?”. Esa fue mi primera reacción. “¡Pero si sólo tengo treinta años!”. No me asusta que dentro de poco empiecen a aparecer otras, y otras más. Ni tampoco lo que puedan decirme los demás. Al contrario, me da igual.

Lo que verdaderamente me preocupa es que la vida está pasando demasiado rápido. Que el tiempo es tan veloz. Que apenas voy a tener oportunidad de vivir todo lo que ha pasado por mi mente y mi corazón. Que me quedan tantos sueños por cumplir… Que esto corre mucho y yo soy muy lento para la vida.

Me acordaba de aquello que dicen es necesario hacer para llenar el tiempo: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. ¡Nada! Algo he hecho, y me siento orgulloso, aunque no tenga que ver con el parto, la ecología o la literatura. Por Alguien he apostado, y de verdad que es eso lo que hoy presento a mis canas como lo más bonito de mi vida andada.

Ayer recordé mucho. Pasaron por mi mente cantidad de personas, las que han sido significativas para mí, las que me han hecho ser y vivir. ¡Algo sí que llevo andado! ¡Y qué feliz me siento por ello! ¡Y cuanto he podido compartir, y crecer! Pero me asusta otra pregunta: ¿habré madurado un poco? ¿No seré todavía muy niño, en mi mente y en mi corazón? O en mi manera de ver la vida y relacionarme con los demás… ¡Benditas canas si me cogieran un “pelín” más maduro!

Y otra pregunta más, y ya van tres: ¿será ahora cuando ya no pueda ni deba ponerme más plazos? He dejado muchas cosas para otros tiempos: convertirme en serio, ser mejor, vivir a fondo ciertas cosas, afrontar algunas otras… ¿será que ya es tiempo de abordar lo aplazado? De vivir a fondo cuanto me sucede…
Vengo de mirarme de nuevo al espejo. Ahí están, no se han ido. Gracias, Señor, por la vida y todas sus cosas. Gracias porque siempre estás Tú…

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Me haré Amor

Esta es la Navidad que me gusta, aunque es la más difícil y tal vez ingrata: colaborar, hacerse amor, ponerle cuerpo, carne y vida, al que es el Amor... ¡Y que viene siempre!

Todos juntos miramos al cielo, buscando una señal de Dios, mientras vemos que la gente sufre, mientras vemos que se pasa hambre. Y sólo se nos ocurre decir:
“¡¡Oh, Mi Dios!! ¿por qué no haces nada?” Y una voz grita en mi interior…
Me haré amor para que Dios hable por medio de mí.
Me haré amor para que Dios hable con mi vida de lo bueno que es poner el corazón en cada cosa que das.
Y si me pongo a pensar el por qué de esta maldita situación, por mucho que le rece a Dios por mucha pena que me den o me muevo de verdad, o nada de esto va a cambiar….

Para que nada se pierda

Empiezan a alargarse los días. Lo bueno de no ir a trabajar es que uno los puede contemplar mejor. Que hay más luz. Parecía que las sombras tendrían la palabra definitiva, como que seríamos incapaces de vencerlas o defendernos en ellas. Como el silencio tenebroso lo poseería todo. No. ¡Hay tanta luz a mi lado!

No me gusta esta navidad que se vende. Nada. ¡Y cada vez menos! Hasta los cristianos nos ponemos tan falsamente melosos... Pero hoy, que tengo tiempo, anoto y recojo, ¡para que no se pierdan! los pequeños focos de luz que han ido amaneciendo junto a mí en estas últimas semanas:

Primero, el trabajo con los chavales: sé que me he puesto insoportable, pero verlos entrar en centros de transeúntes, en hogares de minusválidos, en casas de acogida a mujeres maltratadas por la vida... verlos solidarios a su modo, sensibles (a su modo)... me resulta tan gratificante... ¡Cómo no va a ser esa una luz con visos de futuro!

Mis compañeros y la fiesta, el gozo de saber que somos más que trabajadores en una obra difícil. El cariño de tantos que envían un correo, un toque, una llamada para decir que están y no lejos... El gozo de hacer silencio y reconocer luces y nombres... La comunidad y la alegría de estar juntos y querernos. El camino de quienes a mi lado viven momentos de dificultad y lágrimas, que avanza, y... Dios está detrás, porque son pequeños como Él... El recuerdo que aflora de otras navidades con otros tan especiales para mí, mi familia, mis gentes de otros tiempos... Y tanto... Y tanto...

¡Qué gusto reconocer tanta Luz! ¡Y sentir en lo hondo que tiene tanta fuerza, tanto poder...! ¡Tanto de humanidad!

En su nombre

No es el invierno el tiempo preferido por los marineros para echarse al mar. Quizás por eso esté yo aquí aletargado, en esta orilla "griposa"... Viendo, oteando, admirándome, agradeciendo tanto... pero sin atreverme. Hoy me zambullo por entero. Sí, hoy me llama poderosamente el mar, y en la noche navego. ¡Dichosa noche que hace luminosas todas las oscuridades, que rompe todas las tinieblas! ¡Dichosa visita que quiere ser encontrada y velada en nuestro océano cotidiano! Y hoy me alegro con tantos, ¡con todos!, los que ven sentido porque Alguien, Él, está empeñado en iluminar sus sombras. ¡Nuestras sombras!
Feliz Amanecer. Feliz Encuentro.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Algo nuevo

Lo bueno de vivir en el campo es que este es un observatorio privilegiado para ver los cambios cíclicos que se dan en la naturaleza. Ahora que arrecia el frío empiezan los primeros brotes de vida. No se ve a primera vista, claro. ¡Aún no ha empezado el invierno y ya está la primavera a punto de estallar! Así, escondida en la tierra, esperando su momento. Es verdad de que cada invierno trae tanta primavera escondida...
Y cuando miro a las personas con ojos "de naturaleza", me vuelvo a dar cuenta. ¡Hay tanto por nacer a mi lado! Hay tanta savia oculta en el corazón humano... Que el frío no me ciegue, ni me lleve a ser superficial. Que no me encierre en mis prejuicios ni mis caprichos. Que empuje esta vida escondida en exceso.

No recordéis las cosas anteriores
ni consideréis las cosas del pasado.
Mirad que estoy haciendo hago algo nuevo,
ya está brotando; ¿no lo notáis?”.
(Is 43, 18-19)

Decir tu nombre

Siempre le tuve un cariño especial. Me educaron cerca de ella y sentía como algo natural que estuviese siempre presente. Me hizo balbucear palabras de cariño. Me enseñó a querer. También a tener detalles. Junto a ella supe lo que significa estar alegre y hacer fiesta. Y comprendí que a su lado el dolor es más llevadero, y como que en sus ojos hay tanta esperanza... Entendí tan bien a su lado lo que significa querer, lo que es tener una madre...
Luego me hice mayor. Entonces me enseñó a decir "sí". ¡Siempre me salía el "no" a todo! Hasta en los cuadernos escribía mi "sí" y me acordaba de ella... Vibraba con esa palabra, y no entendía las repercusiones de esas dos letras...
Y todavía sigo aprendiendo tanto a su lado. ¡Pero tanto...! A ser libre, a profundizar y escuchar, a hacerme cercano, a ensanchar el interior... A sufrir con esperanza, a fiarme del que es más grande, a crecer, a cambiar... A encontrar tanto en tantos...
Gracias por ser de los míos. Y por enseñarme tanto. Y por guardarme como si aún fuese aquel niño pequeño que te llevaba flores...

Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya, Causa de Nuestra Alegría.

P. Casaldáliga

Remover la tierra


Cuando en tiempos pasados llegaban estos días de final de año, de comienzo de navidad, de estreno de invierno… venía a mi mente una imagen: la del árbol seco. ¡Me ha acompañado durante tanto tiempo ese símbolo! ¿Será aquella imagen de Machado que conocí siendo adolescente?… aquel “olmo seco, hendido por el rayo y en su mitad podrido”. Sí, muchas veces me he sentido así, inútil, sin posibilidades de vivir ni de brotar, tan seco por dentro, tan ahogado en mí mismo, en mis prisas y proyectos… Tan ansiado de una primavera que me hiciera retoñar…

Ahora miro esa fotografía y me resulta atractiva. ¿De verdad seré yo como ese campo? La hice este verano. No estaba lejos del mar. Y entonces recordé lo que desde pequeño había visto. Es preciso remover la tierra de vez en cuando para que recupere su vida, su jugo, para que pueda acoger una nueva cosecha como si fuera la primera… Aún me acuerdo de mi padre, y del arado, y del mulo, y de la siembra que venía después.

Si, supongo que la tierra grita. Grita cuando es desmenuzada, triturada, arrasada; cuando el yugo ahonda y atraviesa su profundidad. Pero la tierra grita también cuando es mediocre, cuando perdió el jugo, cuando no puede dar la vida a la que está llamada.

Es Adviento. Mi tierra, a orillas del mar, quiere dejarse romper. Y pide a Dios que la remueva. Que destierre rutinas, que hunda su arado en mi adentro. Que me despierte a mí mismo. Que me haga acogedor aun en el dolor. Y que cuando Él quiera haga brotar algo nuevo en mí.

Calla y escucha


Cállate ya
y escucha.
Escucha en paz humillada
—en humos de libertad—
la voz contraria de tantos.
Escucha Su Voz opaca,
la voz ambigua del pueblo.
Escucha también tus voces,
borbor de pozo confuso
que cifra toda su vida.
Vivir es ir poniendo
el corazón y un pie detrás del otro
sobre el camino que se vaya abriendo.

P. Casaldáliga