miércoles, 24 de octubre de 2007

Tu mano apretada


No pida yo nunca estar libre de peligros,
sino denuedo para afrontarlos.
No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.
No busque yo amigos por el campo de batalla de la vida
sino más fuerza en mí.
No anhele yo, con afán temeroso, ser salvado
sino esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.
¡No sea yo tan cobarde, Señor,
que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!

(Tagore)

Mis custodios...


Hoy es festivo en Córdoba. Se celebra la fiesta del Custodio, el arcángel San Rafael. Desde el siglo XIII aparece ligado a la ciudad como su protector, a través de episodios y leyendas que lo confirman como guardián que protege en las enfermedades, sequías y tormentas. Por curiosidad he buscado en la Biblia el libro de Tobías, donde aparece el arcángel, y lo he leído entero (sí, nunca antes lo había hecho).

Rafael aparece como un personaje misterioso, que se hace familiar y acompaña a un joven en búsqueda. Su padre, hombre justo que brillaba por hacer limosna y enterrar a los muertos, manda a Tobías a hacer un largo viaje para recuperar una suma importante de dinero. Un desconocido se presenta para guardarlo en tan difícil empresa. Ese va a ser quien le facilite encontrar esposa en el camino y librarla de la maldición de no encontrar el verdadero amor. Y será también quien encuentre medicina para sanar la ceguera que su padre padece. La historia acaba felizmente: matrimonio feliz, salud y bienes.

Pero me gustan dos cosas: primero la honradez de los personajes: El padre un hombre humilde que hace el bien porque le sale del corazón, que aunque se ve maltratado por enemigos, permanece fiel a su bondad. El hijo entregado a la tarea, que vive con sencillez y transparencia. Porque son rectos se ven recompensados.

Y me gusta Rafael. Se hace llamar de otro modo, pero no se le escapa nada de la vida de esta gente. No los pierde de vista. Facilita, aconseja, es siempre humilde y discreto, renuncia a prepotencias, y sabe llevar muy bien eso de vivir a la sombra aun siendo importante. Me gusta Rafael, “medicina de Dios”.

Hoy doy gracias por mis “custodios”. Me cuesta reconocerlos porque son humildes y discretos. Pero vaya si los tengo. ¡Qué sería de mí sin ellos! Confían en mí, me vigilan discretamente, se alegran conmigo…

En este mar de la vida, donde a veces hay tormentas, agradezco su presencia.

Por tí

Sé que has venido por este espacio varias veces, y como no ves cambios llevas unos días empujándome a retomarlo. Hace tiempo quería escribirte algo aquí, pero ahora no me sale nada. ¿Cómo decirte lo importante que eres para mí? No encuentro ningún acontecimiento, decisión o experiencia significativa de mi vida en la que no aparezca tu rostro, tu nombre, tus principios. Quizás en los últimos meses nos hayamos distanciado un poco (por dejadez de mi parte). Pero estás ahí, siempre lo estarás. ¡Sin ti no soy yo mismo!

Con los chavales de clase he compartido muchas veces esta canción. Siempre que la escucho te veo en ella reflejada, aunque no se lo diga a nadie. Hoy te la hago llegar. Gracias por tanto como me has dado y me sigues dando, por haberme llevado a lo esencial. El mar de mi vida es especial porque tú navegas siempre conmigo. Gracias. Por ti me sigo embarcando.

Siempre he estado pensando como agradecerte
por hacerme el regalo más grande, más fuerte:
Haberme regalado todo lo que tienes, y sí es así, es así…
Has perdido tu tiempo por mis ilusiones
y cambiaste llorar por luchar en mi nombre,
por buscarme un lugar donde fuera valiente
para ser feliz, conmigo mismo…
Por ti lucharé, por todo el cariño que has puesto conmigo.
Por todo tu tiempo, por haber querido tenerme contigo…
Y por tu calor y por tanta magia me quedo contigo.
Y por tu calor y por tu carisma me quedo contigo.
Siempre me has demostrado que eres como un milagro,
algo tan especial que siempre me ha arropado.
Le has ganado mil pulsos al que te haya retado,
y sí es así, es así…

El paso del tiempo


El tiempo pasa volando. Hace casi un mes que no dejo ninguna huella por este mar. ¡Con lo que me gusta a mí el mar y lo alejado que estoy de él! Me propuse acercarme a esta orilla a respirar algo de brisa, aire fresco, horizonte, sentido.

El tiempo ha trascurrido con mucha rapidez. El trabajo me tiene absorbido. Los chavales, la programación, las celebraciones.... Es algo que me gusta, disfruto dedicándome a ello. Mis clases de este curso son fantásticas y he conectado muy bien con la mayoría de los grupos. Y el tiempo sigue pasando.

En medio del vértigo, ese que ni siquiera me permite sentir lo que vivo, van apareciendo problemas. Uno intenta hacerse fuerte poniéndolos en su sitio. Primero son los de los demás. Escucho, acojo… y sufro con ellos. Y luego aparecen los propios. Y tal vez son más leves que los otros, pero molestan. ¿Para cuando eso de vivir sin problemas?

Reconozco que me hacen más pobre. Que me frenan y me expropian. Que en el fondo me humanizan. Que me llevan a sentir impotencia. ¡Con lo bien que iba y ahora siento que este camino tiene pocas salidas!

Aquí me siento, pequeño y pobre, pero humano. Decepcionado de mucho. Impotente. Hasta de mí, mis tiempos, mis ritmos. Aprendiendo a confiar. A esperar. ¡Hoy necesito tanto perder la vista en mi mar y saber que no hay más verdad que esta infinitud! Y esta paz…