viernes, 28 de septiembre de 2007

Los justos


Desde hace unos meses acudimos para hacer las fotocopias a una copistería que, aparte de estar relativamente cerca, tiene unos empleados bastante eficientes.
vamos allí con cierta frecuencia. Y siempre comentamos el bien hacer de los que nos atienden. Son un chico y una chica, más o menos jóvenes. Verdaderamente encantadores. Constantemente tienen una sonrisa (aunque pidamos algo difícil), una palabra cariñosa, no ponen nunca mala cara a nada, son educados y agradecidos.
Nunca hemos hablado de nada más que de lo propio: papeles, copias y tiempos de espera. Ellos sabrán quienes somos, pues además de notársenos en las caras, se queda más que claro en los documentos que les llevamos. Y así, hemos ido creando una cierta complicidad entre unos y otros. Pero nunca hemos comentado nada de nosotros.
Tanto nos agrada su manera de ser y trabajar que últimamente nos preguntamos si serán creyentes. Y hacemos nuestras apuestas, claro... Encontrar gente tan servicial y encantadora no es lo más habitual en los comercios. ¿Serán cristianos? ¿Qué motivación tendrán para hacer tan bien sus labores? ¿Qué les moverá a ser tan humanos y cariñosos?
Encuentro por casualidad este poema de Borges. No me importa más de ellos. Los admiro así. Son los justos, los que están salvando al mundo.
Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Amanecer

Cada mañana me despierto escuchando las noticias en la radio. También hoy. "Cielos nublados en Córdoba y diecinueve grados de temperatura". Así han despachado, un día más, el amanecer de mi ciudad.
Cuando, minutos después, me he asomado a la ventana he visto que eso no era todo, que la noticia era insuficiente, ridícula. Había mucho más. Y no se podía decir por la radio, claro. Un amanecer maravilloso, de los que te dejan sin palabras. ¡Con ese espectáculo de la naturaleza se va uno feliz a trabajar y a vivir!
A veces soy yo el que doy las noticias. O las recibo de otros. Noticias de personas o actitudes. Críticas parciales. Impresiones subjetivas. Visiones ridículas sobre los demás y su paisaje interior. ¡Como si fuera un periodista riguroso! Incapaz de percibir matices, colores, sentimientos... ¡Y pensar que cada persona que se me acerca esconde un paisaje interior aún más fantástico que este amanecer! ¡Y que yo sólo emito un titular absurdo y me quedo tan contento!

¿Habré amado?


Lo vi este verano. En los días dedicados a la oración, cuando uno está más centrado, encontré ese ficus. Me llamó la atención por el corazón que algún enamorado adolescente había grabado en su tronco, y que ahí se iba a quedar para siempre, testimoniando un sentimiento bastante noble.
En ese tronco, además, brotaban algunos tallos nuevos. Era la manera que el árbol tenía de manifestar que estaba bien vivo, lleno de vida, ¡que tenía futuro!
Me pareció simpático, y lo visitaba de vez en cuando. Pero sobre todo, me cuestionó. Ya no estoy en edad de dibujar corazoncitos, es verdad. Pero sí me siento enamorado. Y mucho. A según qué personas no les puedo contar esto. Pero es lo que vivo. Y necesito decirlo y decírmelo en voz alta.
Hay alguien que da sentido a mis amores, que los llena. Alguien a quien pertenezco por opción de amor, de fidelidad. Que me enriquece y me hace ser más yo. A quien he elegido; por quien me siento elegido. Y lo amo. Pobremente tal vez. Pero lo amo.
En mi agenda, cada año, copio este poema, que ya me sé de memoria. Y lo repito con frecuencia. Mientras me comprometo a renovar y hacer más profundos mis amores en el amor.
No habré hecho el amor, no habré tenido
la gloria humana de engendrar, mi nombre
no dará nombre a nadie; no habré sido,
en la acepción cabal del mundo, un hombre.

De soledad en soledad migrando,
sin más amor que el viento y el servicio,
tu hoy voraz habrá sido mi cuando;
mi navegante paz tu precipicio.

¿Te habré amado a Tí, Amor amado,
haciendo el buen amor de otros mil modos,
buscándote en la noche y el pecado,

sintiéndote en el grito y en la herida,
reconociéndote amable en todos,
dándote nombre en mi pequeña vida?

(Pedro Casaldáliga)

domingo, 23 de septiembre de 2007

Todo Tú

Resumo mi existencia
y en cada página que paso apareces tú.
Llenas el fértil momento
con el aroma de tu presencia.
El aire que respiro,
el color carmesí del atardecer,
la noche cobijada en los pliegues
del susurro y el silencio,
el amanecer derrumbado
en un azulado sueño;
todo lo que he sido, todo lo que fui
lleva el suave toque de tus manos,
el libán de tu cuerpo y de tu sombra,
bálsamo de heridas
y enarbolada bandera
donde mi vida queda tendida.

http://fernandosarria.blogia.com/


sábado, 22 de septiembre de 2007

Te amaré

Otras de mis canciones preferidas, no de las de ahora, sino de las de siempre. Tal día como hoy hacía mi compromiso definitivo en este camino que ahora recorro. Siempre me hizo ilusión cantarla en ese momento, pero... No pudo ser entonces. Aunque yo no me olvido de ella, nunca. Habla por sí sola. En mi mar, cuando amanece, vuelve a sonar. Y me siento dichoso de poder cantarla.

Las pitas


De pequeño me crié cerca de las pitas. Esa planta silvestre tenía para un niño pequeño un encanto especial. Había que tener cuidado con ella. Crecía en los bordes de las fincas, y en las orillas de los caminos. Su tamaño imponía. También sus espinas. Se usaba para hacer chapuzas en la casa y los tejados o para alimentar a algunos animales. Cuando salí de mi tierra eché de menos las pitas, su esbeltez. Aún me siguen pareciendo un símbolo precioso de mis orígenes y mis paisanos.
La pita también es frágil. Parece que no, que se alza poderosa e inmortal sobre el horizonte, que se defiende de todos con sus imponentes pinchos. Tiene una vida relativamente larga. Y sólo un sentido: florecer. Tarda tiempo en hacerlo. Y al final, cuando luce esbelta sus flores amarillentas, entonces empieza a morir. De sus raíces volverán a nacer nuevos hijos, que repetirán la hazaña.
Así de fácil. Nacida en los bordes, solitaria. Se consume para dar una flor que apunta a lo alto. Muchos habrá que ni le vean belleza ni sentido, y hasta intentarán quitarla de la tierra. ¡Serían mejor las plantas productivas! Y después de haber señalado a aquel sol que le dio vida y sentido, puede morir en paz. Tal vez vengan otros que repitan ese ciclo biológico. O no. Ella hizo lo que estaba llamada a hacer.
Pues así me veo yo. A veces solo, por opción. Con poca belleza y algún pincho. Sintiendo que mucho de lo que hago no vale para nada. Intentando apuntar hacia arriba. Confiando en que otros vendrán después. Y creciendo. Creciendo para que alguien mire hacia arriba. No a mi. No estas flores ni frutos que poco son. A Él. Ese que tira de mi. Ese que subyuga al mirarlo. Ese que me hace tan feliz así como soy.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Abrazos

El alma humana nace enamorada. Pero no ve al amado de quien está enamorada, y como hay un reflejo de ese amado en todo lo creado, uno desde que nace tiende a abrazar todas las cosas. El niño tiende sus bracitos ávidos hacia todo lo que ve, y quiere llevar a la boca todo lo que toca, y todo lo que quiere tocar y tragar. Después cuando crece se abraza a sus juguetes, y ya hombre continuará siempre abrazado a todas las cosas. Pero no se sacia nunca, porque lo que uno abraza no es Dios: a no ser que uno un día se desprenda de las cosas y abrace a Dios.

Ernesto Cardenal, “Vida en el amor”

Nos pasamos la vida entera buscando amor. No hay más razón para vivir y para luchar. No hay más verdad. Quizás esa sea la "bomba" que esconden tantos solitarios, tantos que se desviaron por el camino del poder o la prepotencia. Tantos que se hastiaron de bienes materiales. Tantos que hablan, gritan, porque no soportan el silencio del amor. Tantos que se han disfrazado de insensatos y hasta de pobres.
Es que el amor viene con heridas. Duele. Empobrece. Silencia. Anula... Es que el amor viene a lo grande y quizás no estamos preparados del todo para entrar en su mundo. Por eso lo contemplamos de lejos, y hacemos teorías, y hasta juicios. Le ponemos normas y grados. E inventamos caretas de enamorados.
El amor se nos da. Y viene en mayúsculas. Desde otro lugar, otra persona más grande, ante quien sólo basta abrirse, para después perderse.
Todos somos mendigos. Hoy me gusta mirar a los rivales que mi mente se ha creado, y en quienes proyecto mis heridas: Estamos todos juntos, con las manos extendidas y el corazón igual de harapiento, en esa puerta de infinito que se abrió en nuestra tierra. Hambrientos de abrazos. Hambrientos de Dios.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Te regalo

Sigo "explotando" las canciones de este verano.Esta bien puede ser la actualización de la oración de S. Ignacio. Me gusta y hoy especialmente la hago mía. Aunque, ¡vaya tontería! El regalado soy siempre yo...

Te regalo mi orden, mi desorden,
te regalo mi norte y mi horizonte,
mi filosofía, mis historias, mi memoria..
Te regalo mi amor que se acumula,
te regalo mis manos, mi locura,
te daré todo lo que me pidas,
yo por tí daría mi vida...

jueves, 13 de septiembre de 2007

Contemplación para alcanzar amor


Como tengo la manía de recordar y celebrarlo todo, hoy no puedo dejar de hacerlo. Fue una tarde parecida a esta, hace diez años. Yo entonces era más joven, más ingenuo. Más apasionado también. Salía de una enfermedad del estómago y no tenía cuerpo para nada. Pero aquella tarde, rodeado de quienes me quieren, me eché al suelo pidiendo misericordia. Y nada más. A continuación abrí mis manos frágiles y las puse en otras manos, cuya medida jamás podré abarcar. Pronuncié las palabras que había ensayado durante meses...

...Y nada más. Yo creía que aquel momento sería espectacular. Que notaría algo grande dentro de mí... ¡Había puesto mi vida en manos de Dios! El Dios grande, omnipotente, el Dios de los grandes. ¡Y yo tan pobre! Fue una ceremonia entrañable. Recuerdo que tendido en la tierra lloraba. Ahora entiendo mejor por qué. Nada extraño. Nada extraordinario. Pero, ¿puede haber algo más extraordinario que entregarse, dejarse pertenecer a otro? Un día, y otro. Y otro más...

¡Cómo pasa el tiempo! Hoy renuevo amores, implico mis fuerzas en esta tarea. Agradezco haberme encontrado con tantos y tantas en esta mi tierra, de la que no quiero levantar los pies. Agradezco la libertad que da la entrega. El empeño -pobre tal vez- en querer más y mejor. Esta sucesión de momentos... Agradezco que el protagonista de esta historia no haya sido yo, sino Aquel en cuyas manos crezco.

San Ignacio termina sus Ejercicios con esta oración, que tanto he hecho mía. Contigo voy... hasta la muerte. Gracias por llevarme Tú.


Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Vos me los diste; a vos,
Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed a toda vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia, que eso sólo me basta.

Te Busqué

Entre las nuevas canciones adquiridas, ésta me ha cautivado especialmente. No es lo más importante que yo busque (aunque no pueda dejar de hacerlo nunca...). Lo mejor es que soy buscado. Que Alguien me hace sentir "vivo otra vez".

Te busqué
debajo de las piedras y no te encontré.
En la mañana fría y en la noche te busqué,
hasta enloquecer.
Pero tú llegaste a mi vida como una luz,
sanando las heridas de mi corazón,
haciéndome sentir vivo otra vez.

Ven a mí


Si un día me olvido de tu amor
y miro la transparente imagen
que de ti tiene el mundo.
Si te veo con los ojos del tiempo y del silencio
y oigo sólo la música lejana
que tras el atardecer trae la noche....


...Ven a mí.
Cruza los perdidos senderos
y dame, en el recuerdo y la nostalgia,
el húmedo beso de tu amor y de tu geografía.

¿Qué podré decir?


¿Qué podré decir, cuando la cinta azul del horizonte
se quiebra ante tus ojos y arde en las nubes de la noche?

Tú eres todo lo preciso, quizás más.
Eres el punto de retorno,
la llamada del bosque impenetrable,
la sonrisa de un día de lluvia,
el acaso y el porqué de las cosas diminutas,
la nota inmaculada de la compra,
la canción, el poema, la película
y tantas cosas que la noche no contempla.

Pero así está escrito nuestro pacto. Con letras invisibles
que los demás apenas imaginan.
Tu mirada es manantial donde ahogar las dudas,
tu voz deshace las sombras del silencio,
tu cuerpo....siempre recinto de misterios
y tu corazón la savia que alimenta mi esperanza.

¿Qué importa si el cielo se abandona?
Tu mano sigue creando trazos de luz
con que iluminar mi vida.

Amores dormidos

Me encanta la música. Con los jaleos de la vida diaria reconozco que no me actualizo, y que aún tarareo yo canciones de temporadas pasadas pensando que son la última novedad (aunque la música siempre es actual...). En este mes de agosto mi sobrino me ha puesto al día. Entre las canciones que me ha pasado una me ha llamado la atención. "Amores dormidos", de Edurne.

Con mucha sencillez, se pone nombre a lo que forma parte de nuestra vida y relaciones: la debilidad, la limitación de querer amar y ver que es imposible, que se nos rompe el amor, que se hacen pedazos los instantes, las promesas, las palabras... ¡Que se quiere sin querer! o tal vez, queriendo demasiado no se quiere del todo... Amores "que fueron tan buenos amigos, que ya no podrán despertar".

No es nuevo el tema. Confieso aquí que tengo espinas clavadas. Que me siento culpable de amistades que se rompieron. Que no hice lo que pude, ni lo que debía, por mantener despierto el amor. Durante temporadas me sentí herido, y mucho, por no haber salvado lo que parecía tan real y profundo.

Amores que se llevó el mar. Así me gusta llamarlos. Se fueron con dolor. Y uno los recuerda con una mezcla agridulce de satisfacción y tristeza. Fueron, y... se fueron. Así de frágiles somos. ¡Así de frágil soy! Y hasta los sentimientos más nobles, más valiosos, salen de mí con marcas de debilidad y mediocridad.

He ido aprendiendo dos cosas en estos episodios tan amargos. Primero, que no puedo juzgar a nadie, ni sus maneras de expresar lo interior. Que tengo que asumir que la libertad siempre lleva consigo una pizca de dolor. Segundo: Que Dios vendrá. Que su Reino tiene que existir, al menos para reconciliar. Para restaurar lo que fue noble y la debilidad humana quebró.

Mientras navegaba estos días de estío, lo volvía a recordar. Habrá una orilla al filo de este mar, en la que se nos regale el don del encuentro, sin límites. Y recuperaremos aquellos amores que, torpes navegantes, dejamos perder. El mar será testigo.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Contigo


¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mí están
en donde no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es si no eres tú?

(Luis Cernuda)

jueves, 6 de septiembre de 2007

Apostar por crecer


Las veces en que he salido a pasear este verano observaba la alcaparrera de la plaza. Debió nacer en mayo o junio. Es una planta silvestre. Se cría en estas tierras de Andalucía con el calor de estos meses. De lejos da la impresión de ser hermosa, tierna. Sus flores llaman la atención: son grandes, blancas y se van abriendo despacito. Pero cuando uno se acerca se lleva una sorpresa: está repleta de espinas, que hacen difícil arrebatarle los frutos.
Le tengo cariño a esta planta. De pequeño mi familia se dedicaba a buscarlas en verano, para así ganarse un modesto dinero. Había que madrugar y recorrer cantidad de kilómetros para conseguir un par de kilos. Yo mismo lo hice en otro tiempo, con poca pasión, es verdad. Conseguir unas alcaparras tiernas significaba dejarse heridas las manos.
Otro misterio de la naturaleza. Planta de poco fruto, silvestre, de aspecto atrayente, pero protegida hasta el extremo. Como las personas. Nos vamos moviendo entre la belleza y el dolor. En esos dos raíles vamos dando nuestros pasos. Hay quienes dan más fruto que otros. La planta nace a final de primavera y se agosta en septiembre. Demasiado frágil. Aparentemente. Una vez seca vuelve a brotar al año siguiente. Debe tener una fuerza interior misteriosa que nunca la deja secarse del todo.
Ésta de la foto me llama más la atención. Ha crecido en un muro de piedra de la plaza, donde eso parecía totalmente imposible. Y ahí seguirá por años. No le teme a las dificultades. Ahora que empieza el curso la miro y aprendo. ¿Será que hay que volver a brotar? ¿Que no importa crecer en un lugar difícil cuando hay buenas raíces? ¿Que incluso se puede dar fruto en él? ¿Que hasta se le puede embellecer? ¿Que yo también en mis espinas puedo dejar caer algún fruto? ¿Y será también que tantas otras alcaparreras están esperando que yo me arriesgue a pincharme para alcanzar su fruto y misterio? ¿Que todas son más fecundas de lo que imagino?
Ahí vamos. Sólo espero que la misma fuerza que me empuja a brotar de nuevo, me mantenga fecundo en mi fragilidad...

martes, 4 de septiembre de 2007

Mi libre canción

En un mundo que,
vive sin amor,
eres tú mi libre canción...
Y la inmensidad,
se abre alrededor,
mas allá del limite del corazón.
Nace el sentimiento,
en mitad del llanto,
y se eleva altísimo,
y va...
Y vuela sobre el gesto de la gente,
a todo lo más noble indiferente,
ajeno al beso cálido de amor,
de puro amor...
En un mundo que
prisionero es,
libres respirábamos,
tu y yo.
Pero la verdad,
clara brilla hoy,
y nítida su música, sonó...
Nuevas sensaciones,
nuevas emociones,
se expresan ya purísimas, en ti.
Y el velo del fantasma del pasado,
cayendo deja el cuadro inmaculado,
se alza un viento tímido de amor,
de puro amor...
Me recubro en ti,
dulce amado que, no sabe el camino,
no sabe que de verdad
al lado tuyo vendré. Si quieres tu...
Cae un día el muro,
recubierto de las rosas selváticas,
revive o no, se eleva o no...
Bosque abandonado
y por ello sobreviviendo virgen
se abre o no, se cierra o no...
En un mundo que,
prisionero es,
libres respirábamos,
tú y yo.
Pero la verdad,
clara brilla hoy,
y nítida su música, sonó...
Nuevas sensaciones,
nuevas emociones,
se expresan ya purísimas, en ti.
Y el velo del fantasma del pasado,
cayendo deja el cuadro inmaculado
se alza un viento tímido de amor,
de puro amor...
Y recubrote

Horizonte



¿Qué tendrás que me puedes tanto? ¿Por qué siempre me dejas sin palabras? Es que no puedo dejar de mirarte. Y permaneces grabado en mi retina; y huyo a escondidas a buscarte y contemplarte en mis problemas. Y me refugio en ti, aunque sé que jamás podré comprenderte.
¿Por qué me fascinaste desde que tengo memoria? La carretera junto al mar... y tú atrayendo mi atención. No te abarco. Apenas miro un pedazo de ti y me siento embriagado...
Nada me hace tan feliz como verte. Releer mi vida en tu orilla. Meterme en ti y sentir... que tal vez te pertenezca desde siempre. Y te lleve en mis genes. En mis deseos profundos de fundirme en ti. De abrazarte. De perderme y encontrarte.
¿Algún día me explicarás quién eres? ¿Podré ver siquiera algo de tu medida, de tu misterio? Sigue viniendo a mi orilla, acariciando este desierto con tu brisa. Erizándome con tu espuma este presente frágil, este que no me pertenece. Manténme despierto, hasta que un día me pierda en ti... Para siempre. Para siempre...

Mi faro


Yo quise ser farero. Sí, aún ahora me cuesta creérmelo. Debió de ser en los años de la adolescencia. Y quizás uno de mis sueños más románticos. Me atraía aquello de la independencia, la libertad. Era una idea bohemia. Y peregrina, porque nunca dí un paso por cumplirla...

Me acuerdo cada verano, cuando vuelvo a la playa donde me crié, presidida por el faro. En mi infancia me parecían misteriosos e interesantes quienes vivían en él. Ahora ya, dicen, que es automático. Y sí que está verdaderamente solo. Solo ante el horizonte infinito.

En otros tiempos debió de servir de reclamo a los piratas amenazadores, todopoderosos. Hasta hace poco (y aún ahora) acogía -en silencio respetuoso, como pequeña luz en la noche- a quienes en patera lo divisaban. Mi faro. Tan alto él, tan discreto a la vez. Cuando empezaba a anochecer y terminábamos el trabajo, ya empezaba a resplandecer agradecido. Verdaderamente me cautivó.

¿Para qué servirán hoy los faros? Las navegaciones deben de tener la más avanzada tecnología: radares, luces, satélites... Y ahí sigue él. Tal vez inútil. Confieso que ya no le presto tanta atención como entonces. Pero me agrada verlo. Y saber que nunca dejará de alumbrar. Aunque nadie lo mire. Y disfruto bañándome a sus sombras.
No soy consciente del todo, pero intuyo que mi faro forma parte de mí. Que lo llevo bien guardado. Quizás no fuese tan alocada aquella idea. Quizás llevo algo de farero en mi adentro.

Volver a empezar


Era el título de una antiquísima película. Y es el lema que todos estrenamos cuando empieza septiembre. En él se resumen proyectos, esperanzas, temores, ideas que se han refrescado en estos meses...
Yo también vuelvo a empezar. Ayer la tristeza me tenía cogida la garganta. Cuesta decir adiós a quienes uno tanto quiere. Hoy el reencuentro con los compañeros, el tráfico, las calles... los problemas de la gente, sus vidas, sus sueños... el silencio agradecido... las relaciones que empiezan de cero... Dispuesto estoy. !Vamos a empezar! Y que Él vaya delante...

Pero no quiero olvidar. ¡Exceso de vida he tenido hasta en este mes de descanso y ruptura con lo cotidiano! No puedo olvidar. No sería justo.

Las olas del mar, el mar embriagador con el que me crié. Las piedras. Las puestas de sol. El silencio fabuloso de estar con quienes más quiero. El reencuentro con los míos. Las travesuras de los chicos. Los ojos de la más pequeña. El gusto de compartir. Las fiestas. La fe de mi tierra. !Las mañanas de sueño hasta tarde! El fresquito de la madrugada. El viento, que tanto echaba de menos, aunque fuera de levante... El pino seco del horizonte. Las pitas. Los nardos. Los paseos. Los recuerdos, hechos vida cuando se vuelven a sacar de la memoria del corazón. Las caras de mi niñez, siempre diferentes. La música y su mundo. Esas conversaciones inolvidables...

Gracias por lo que queda como sedimento. Gracias por lo que está por venir. ¡Y qué feliz me siento!