miércoles, 1 de agosto de 2007

"Una canción muy especial...

...para alguien también muy especial". Me acompañó hace bastantes años (¡anda que no es vieja!). El grupo me encantaba, eran geniales. Y la canción se me hizo especial cuando empezaba a hacerme mayor. Empecé a conocer la soledad. Entonces me dí cuenta de con quién podía contar. Allí estaba Él. Él. ¡Siempre Él! Lo elegí como mi camino, mi opción de vida. El "tú" que da sentido a mi"yo".

Treinta y uno

En estos días me haré un poco mayor. No tendré ordenador para contarlo. Pero me lo estaré diciendo y me lo recordarán otros. Siempre me sonrojo cuando llega esa fecha. ¿Se corresponderán los números con la vida que llevo dentro? ¿Con tantos pasos que he dado en este segmento de tiempo?
¡Qué relativos son los números! Sólo la vida es absoluta. Y absolutos los nombres, las experiencias, los encuentros, las palabras. Absolutos los sueños, las esperanzas. Absoluto Él...
Que se me queden marcados en el alma -aunque me hagan arrugas- los recuerdos hermosos de este año que he pasado, que he crecido. Que no se me olvide lo importante. Que mi adentro agradezca, como el agua fresca que corre en verano, ¡este exceso de vida!
He nacido hoy de madrugada
viví mi niñez esta mañana
y sobre el mediodía
ya transitaba mi adolescencia.
Y no es que me asuste
que el tiempo
se me pase tan aprisa
sólo me inquieta un poco pensar
que tal vez mañana
yo sea demasiado viejo
para ser lo que he dejado pendiente.
Jorge Bucay

Fuego e impotencia

Hasta ayer mismo por la mañana, teníamos el fuego cerca de casa. Es algo que se repite, con mayor o menor envergadura, cada verano. Asomarse a la terraza para contemplarlo es un espectáculo. Fabuloso por la belleza de colores que despierta. Aterrador por el daño sin medida que va haciendo. Minuto a minuto. Segundo a segundo.
Y después, cuando se oyen las noticias de otros fuegos por otras latitudes, salen de adentro algunas lágrimas. Y la rabia y la impotencia. Alguien los empieza y no debe calcular el alcance de esa pequeña acción.
Impotencia. Esa es la palabra que define estos días pasados. Mientras, todo el tiempo se escuchan las avionetas ir y venir. Se espera. Se asoma uno de cuando en cuando a la azotea para ver su progreso a lo lejos. Impotencia.
Hemos inventado todo ya. Hemos descubierto hasta lo más recóndito de la naturaleza. Nos sentimos más que poderosos. Y en estos momentos sólo se percibe, y se escucha y se siente la impotencia. Que es otro misterio por descubrir en los infinitos registros de lo humano. Podemos con todo. Menos con nosotros mismos.
Se acabó este incendio. Siguen otros. Y el ser humano de todos los tiempos sigue ardiendo en su adentro. Impotente.

Isla ignorada

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.

Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.

Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros, mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento os toca
cuando viene el mar que me rodea!

A esta isla que soy,
si alguien llega,
que se encuentre con algo
es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.

Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz
—que tengo el arte de ser dichosa
y pobre al mismo tiempo—.

Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo
sin un libro sé todo,
porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

(Gloria Fuertes)

Héroes

Viendo la televisión en estos días de verano, me pregunto: ¿dónde están los héroes? ¡Los héroes de verdad de este tiempo! Muchos de los que me proponen me dan asco y vergüenza ajena: famosos de cotilleo sin valor ninguno, incapaces de hacer cualquier gesta heroica; políticos ordinarios que no tienen más mérito que el poder que se les ha dado; actores y actrices de fama internacional que no tienen ni dicen nada...
¿Hay algún héroe? Por más vueltas que le doy no encuentro ninguno. Ni en iglesias, ni en el pensamiento, ni en la literatura ni en la ciencia. ¡Qué fracaso de civilización! ¿A quién van a querer parecerse nuestros jóvenes? ¿Con quién nos vamos a sentir identificados en nuestras desesperanzas?
No venden los héroes en estos tiempos. Parece que tienen más éxito los personajes chabacanos. ¿Quién se encargará de que esto sea así? No me cabe duda de que hay algún complot, entre el poder y los medios para aborregarnos aún más. Para que no tengamos horizontes más profundos que el consumo, el trabajo y esta falsa alegría que se respira en tantas partes. Sólo el presente y a la manera de otros. Y la gran sensación de que no hay salida más que por las puertas falsas...
¡Se necesitan héroes! Miro a mi alrededor, en mi realidad cotidiana. Me cuesta reconocerlos. ¡No llevan halo de santidad ni etiqueta colgada! Pero existen. Cuidan a otros. Madrugan para abrir puertas. Confían. Esperan. Se sobreponen a las dificultades. Siguen caminando, paso a paso. Quieren inmensamente, de una manera sobrehumana. Luchan en pequeño. Susurran cariños a los oídos pobres. Gritan en medio de la injusticia. Buscan. Caminan. Sueñan.
Gracias. No salen en la tele, pero esta mañana me hacen pensar. Y agradecer. Y soñar el futuro cerca de ellos es una gran suerte. Son mis héroes. Ojalá los conocieran muchos. Con ellos repito la última oración de Gandhi:
Ya te sientas fatigado o no ¡oh hombre!, no descanses;
no ceses en tu lucha solitaria, sigue adelante y no descanses.
Caminarás por senderos confusos y enmarañados
y solo salvarás unas cuantas vidas tristes.
¡Oh hombre!, no pierdas la fe, no descanses.
Tu propia vida se agotará y anulará,
y habrá crecientes peligros en la jornada.
¡Oh hombre! soporta todas esas cargas, no descanses.
Salta sobre tus dificultades aunque sean más altas que montañas,
y aunque más allá solo haya campos secos y desnudos.
¡Oh hombre!, no descanses hasta llegar a esos campos.
El mundo se oscurecerá y tú verterás luz sobre él
y disiparás las tinieblas.
¡Oh hombre!, aunque la vida se aleje de ti, no descanses.
¡Oh hombre!, no descanses; procura descanso a los demás.
(Esta oración fue hecha por Gandhi en la mañana del 15 de Enero de 1948; a las 5´15 de la tarde de ese mismo día, murió asesinado, repitiendo: ¡Hai Rama! –¡Oh, Dios!- )