jueves, 31 de mayo de 2007

Manos vacías... para recibir lo mejor

Fue una tarde de primavera. Finales de marzo. Hace unos quince años. Y en la orilla del mar. Ese mar cautivador de primavera, inmenso, embriagador… admirable simplemente. Paseaba y pensaba. Tan revuelto en mi adentro como las olas que golpeaban la orilla.

Me gustaba coger conchas, y piedrecitas extrañas. Tenía un especial afán por tener cuantas más mejor. Paseaba, encontraba, cogía en mi mano. ¡Todas me gustaban! Yo entonces andaba buscando algo más, algo profundo, grande; algo para mí y para siempre. Como un horizonte y un sentido. Igual a aquel que tenía de fondo.

Hasta que no pude más. Tenía las manos llenas de piedras, de conchas, de inofensivos vidrios de colores. ¿Dónde podría meter todo aquello, tantos pedacitos de belleza? Entonces comprendí. Y tiré todo. Tiré hasta alguna lágrima. Y continué caminando, con esa sensación de quien aprende con dolor algo sagrado de la vida.

Encontré. O dejé que me encontrara, qué más da. Y hasta hoy. De vez en cuando me sorprendo con algo en las manos, y recuerdo aquel momento, y sonrío por dentro. Y me parece que, como si fuera ayer, vuelvo a sentir aquella maravillosa sensación. Sí, creo que elegí lo mejor. Y esto es real. Por eso me seduce el mar, y me sigue llamando a gritos aquel Horizonte. Y esta Primavera.

Ellos... y Ella

Me regalaron esa imagen de María hace pocas semanas. Enseguida le busqué un lugar. Bastante simbólico, por cierto. La coloqué delante de la foto más antigua que guardo de mi familia, hecha justo a los pocos días de nacer yo. Allí estamos todos. ¡Le tengo tanto cariño! Se me pasan ratos mirándola y sonriendo, y recordando tanto vivido, aprendido, y soñado junto a ellos. Hay momentos en que hasta me emociono. No estoy cerca de ellos físicamente, y entre tantos medios de comunicación disponibles, encuentro en ese de las miradas y complicidades, uno de los más eficaces, de los que más me los acercan para disfrutarlos.

Ahora es Ella la que está delante. ¿Y cuándo no ha ido abriendo caminos, guiándonos por ellos? Como si, con la mirada del corazón, nos confiásemos por entero a su persona. Ve delante, sí, ahora que nos hemos hecho grandes y nos cuesta más andar. Ahora que la madurez nos trajo miedos y lastres. Ahora que otros dependen de nosotros y ya no cabemos todos en la foto. Ve delante.

Y haz como que nos abrazas, porque lo haces de verdad a través de mil formas. Como si nos cogieras a cada uno en la palma de tu mano y nos adentraras en tu corazón, ese de madre, donde fue madurando tu “sí” y se hizo Casa Grande de Familia. Allí donde tu Hijo puso su morada… Allí… guárdanos. Y reparte gracia a manos llenas.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Un amigo

"Quien tiene un amigo, tiene un tesoro", dice en algún lugar la Biblia. ¡Y qué real es esa frase! A veces no sé si tengo muchos o tengo pocos, si los cuido como debería o no. Dudo si me entrego a ellos siquiera como se merecen. Pero los que van pasando en mi vida dejan huella y poso sereno. Y me salen adentro, de cuando en cuando, palabras, recuerdos, momentos. Expresiones de tanta vida compartida, tanto camino andado. ¡Nunca recorrí ni un tramo a solas!
Mis amigos, mis tesoros, merecen mucho, sin duda. Y yo no les doy cuanto les corresponde. De eso sí estoy seguro. Y mientras recuerdo tantas deudas, que seguro se irán multiplicando, disfruto, y me sonrío ampliamente en el interior.

Con Antonio compartí momentos estupendos. Hoy, en la distancia, me regala un pedazo de vida hecho poesía. Sangre e historia derramada en un papel. ¿Cómo pueden unas hojas contener tanto?



Esta es la gran verdad.
Yo no la sé,
pero tal vez tú la descubras:

Perdiendo sangre la mitad de mi vida.
La otra mitad buscando amor.

Y algo ha ocurrido que las junta.


Gracias a él, que me hizo ser distinto. Gracias a tantos, y a tantas. Gracias. ¡Y sigo apuntando las deudas junto a las sonrisas que se pierden -que se ganan- en este océano infinito!

domingo, 13 de mayo de 2007

Gracias

Acabo de celebrar mis primeras confirmaciones. Las primeras en las que he estado cerca, en las que he tenido responsabilidad en la preparación de los chavales.

Muchos sacerdotes viven este momento con temblor. ¿De verdad serán fieles a los compromisos que pronuncian? ¿Serán testigos veraces, creíbles, de Aquel a quien dicen seguir? ¿Cambiarán? ¿Se fiarán un poco más? Yo no me he hecho ninguna de esas preguntas. Sé la respuesta.

Estos chavales han sido mis maestros en tres años. El informal, el torpe, he sido yo, no ellos. El que tantas veces no se sabía la lección y volvían a recordármela. Me han ayudado a ser cura: me han dado espíritu y vida, aún sin tenerlo en plenitud… “Gracias, Padre, porque escondes estas cosas a los sabios y entendidos, y las muestras a los pequeños”… “Lo débil del mundo lo ha elegido Dios para confundir a los poderosos”…

Quizás para muchos no tengan futuro, o posibilidades. No van a gritar, no van a cambiar el mundo. Ni llegarán muy lejos, ni harán ruido. Tal vez no caigan simpáticos. Gracias porque me recordáis que lo importante se da como regalo. Porque me gritáis que a Dios le va lo sencillo y pequeño. Porque lo veo en vosotros, os veo en Él… Porque lo grande se me da a vuestra medida.

Paqui, Manolo, Sonia, Jose, Conchi, Rafa, Tamara, Carlos, María del Mar, David y Antoñita. Son disminuidos psíquicos. Pero son mis amigos. Y mis maestros. Y hoy tienen más vida dentro para seguir contagiando a otros. ¿Dónde podré meter tanta felicidad, tanto agradecimiento?

miércoles, 9 de mayo de 2007

Un pájaro


No entiendo de pájaros. Admiro a quien los conoce y diferencia por sus colores, sus trinos, sus vuelos. Yo no. ¡Y eso que vivo en medio del campo! Me hacen gracia. Los miro y admiro. Y muchas veces aprendo algún secreto de ellos.

Estos días pasados he tenido malos momentos. Estaba bastante inquieto. Ya todo ha terminado, afortunadamente. Y ha salido bien. Pero me ha sucedido algo tan peculiar que no me resisto a dejarlo caer en este mar de brillos compartidos.

Los pájaros no cantan en la oscuridad. Al menos donde yo vivo. Estas noches pasadas alguno ha dormido cerca de mi ventana. Y cantaba. Me ha parecido un auténtico milagro, un guiño especial de alguien igual de especial… Me seducía con sus trinos. Me daba paz. Y me emocionaba. Y, sereno, conciliaba el sueño, apartando la noche.

¿Cómo agradecerle a un pájaro anónimo su apoyo? ¿Cómo, si ni siquiera sé cómo era, ni dónde se posaba, ni por qué venía a mí? ¿Cómo agradecer a tantos pájaros misteriosos que se cuelan en mis noches, que me hacen la vida más feliz? Me alegran, me contagian, me hacen volar tan alto como ellos mismos, como el canto que esconden y regalan. Aunque sea en la noche.

Lo nuevo

Reconozco, de entrada, que me cuesta abrirme a lo nuevo. Acontecimientos, ambientes, personas... Pero que, muchas veces, me cansa y agobia lo de siempre. Y ahí ando, titubeante; echándole el ojo con prudencia a lo que comienza, acogiéndolo y ubicándome. Despidiéndome –no sin dolor- de lo que me ha hecho ser…

¿Dónde acaba lo viejo y empieza lo nuevo? ¿Qué criterios objetivos marcan esa distancia? ¿Quién tiene la última palabra para definirlo? Hay mucha novedad a la vuelta de la esquina. Tanta, que uno la mira como espectador, desde la barrera. Lo nuevo puede ser un sueño o una realidad. Una experiencia vital o un anuncio de televisión. Es cuestión de una decisión personal. De un compromiso.

Así lo voy percibiendo. Todo es tan nuevo como uno lo quiera ver, como uno se quiera comprometer, como uno decida que va a serlo. Aunque la rutina aceche -con su carga pesada de seguridad e inmovilismo-, el futuro espera ser conquistado desde dentro, ser dibujado desde el interior.

Quiero. Me comprometo a dejar amanecer y hacerme señor de nuevos senderos. A abrirle puertas y ventanas más amplias a mi vida. Esa vida que no se me da desde fuera, sino que se derrama -como inabarcable manantial- en mi adentro.

lunes, 7 de mayo de 2007

Cuestión de miradas

Me pasó hace unos tres años. Entonces yo era más ingenuo, aunque presumía de inteligente y sabio. Me invitaron a Candelaria, Tenerife. Tenía que dar unas charlas sobre María. Me preparé a conciencia. Mucha gente. Y entre ellos una señora sencilla, sentada al final. Siempre estaba por allí. Tenía una sonrisa especial la buena mujer, la mirada de los pequeños.
El último día, mientras iba emocionado en la procesión frente al mar, detrás de la imagen de la Virgen, ella se me acercó. Todavía recuerdo sus palabras: "Mírela. Todo cuanto quiera saber se lo dirá ella. Mírela".
Me dejó en evidencia, claro. Y aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: Lo esencial se descubre con la mirada. A amar se aprende mirando mucho, contemplando, dejándose convertir por la mirada del otro. Desde entonces, cuando quiero conocer más sobre María, prefiero mirarla e intuir el lenguaje profundo que se esconde en sus ojos.
Sigo siendo ingenuo tal vez, pero pienso que la mirada de las personas esconde su verdad más profunda. Que cada ser humano es un misterio. Que en cada uno hay cantidad de bien, de bondad, de Dios. Quiero seguir mirando así, aprendiendo en esa escuela las mejores lecciones de mi vida.

domingo, 6 de mayo de 2007

¿Soy feliz?

Cuando hace unos días abrí esta ventana a mi adentro me hice el propósito de ser fiel, y constante... Han pasado algunas cosas en estos días, y vuelvo a hacer el intento. Nuevas palabras dejadas en este mar para ser recuperadas y saboreadas...

¿Soy feliz? He ido a la carrera en las últimas semanas. He tenido momentos de oscuridad, y ya se sabe que esas experiencias siempre vienen a mogollón. El dolor de otros, la responsabilidad de mis palabras y mis actos, las decepciones que siempre aparecen, la pobreza de mi rutina, la sensación de no hacer las cosas bien, la sospecha de sentirme infecundo, de no contagiar ni despertar nada en otros... ¿De verdad soy feliz?

Esa pregunta me fue acompañando el jueves mientras venía de viaje. Llovía a mares. Tenía cierto miedo de conducir así. Se hizo la luz, volvió el sol, y el paisaje se transformó en maravilloso. Y yo dándole vueltas a mi pregunta... ¿Seré feliz?

Volvía de contarles a otros quienes somos los dominicos y las dominicas. La Historia que nos ha curtido, las vidas que otros entregaron en el surco, la peculiaridad de este camino, el fuego que debe movernos por dentro... Ya vi que me miraban con caras raras, pero escuchaban, y preguntaban lo de siempre: ¿Cómo es posible? ¿Cuánto se deja? ¿A quién se ama? ¿Con quién se comparte? ¿Cuánto cuesta?

Qué alto ponemos el listón de la felicidad. Así siempre acabaremos frustrándonos. Soy feliz, ¡pues claro que sí! No por lo que me pase, o no me pase. Es que es algo de adentro. Es que forma parte de mí, y me empuja. Es que alguien me hace feliz. Ese mismo que me da tanta vida para gustarla, tantas experiencias, el que me hace compartir tantos senderos... Soy feliz, y nunca he dejado de serlo. Y me sentí orgulloso de decírmelo una vez más. Y me emocioné de nuevo cuando volví a pensarlo.
Cuando entraba a Córdoba el sol volvía a brillar. Y todo era tan hermoso... Hoy de nuevo vuelvo a repetirlo, para que nunca se me olvide. Que las olas de este océano invisible siempre me traigan lo que a ellas, nuevamente, confío.