lunes, 23 de abril de 2007

Ya es primavera...


No sé si en el Corte Inglés, pero desde luego sí que es auténtica primavera en Córdoba. Esta tarde he podido dar una vuelta. Y me he dado cuenta de que ya está aquí, y de lleno. ¡Cuánta novedad hay bajo el sol! Tengo la suerte, o el defecto (según como se mire) que este tiempo me trastorna por dentro, me cambia, me hace sentir distinto. Es como si me experimentara más tierno, más vivo, más sensible, más atento a lo que me pasa… ¡La fuerza de la vida y sus excesos!

Salí a plantar tulipanes esta tarde. ¡Nunca los he visto crecer por estos lugares! Los entregué a la tierra, al agua y al clima cálido, y… quién sabe si pronto no me llevaré alguna sorpresa. Algo me dice que no se quedarán escondidos, moribundos; que saldrán y dejarán ver su belleza. ¿Quién sabe lo que se avecina a nacer en mi adentro? Quiero sacar de mí algo nuevo; quiero dar un paso, pegar un estirón como en otros tiempos. Quiero dejarme llevar por la vida y la novedad, por ese milagro del crecimiento y las sorpresas. ¡Quiero colaborar a la belleza de esta primavera con la semilla de otros tiempos, que vuelve a despertar de su letargo y se agarra a sus raíces y empieza germinar en lo escondido!

Romería


No me gustan las aglomeraciones de gente. Me cuesta moverme entre las masas y ser yo mismo ahí. Me pongo nervioso, me pierdo demasiado. Hoy hemos celebrado la anual Romería a Santo Domingo. Cada vez me gusta más. Pero lo que de verdad me encanta es observar a la gente, individualmente. Bucear imaginariamente en su mente, en sus sentimientos. Contemplar. ¿Por qué será que aquí sacamos lo mejor de nosotros mismos?

Lo que más me gusta es quedarme en la iglesia, al fondo, mientras entran. Unos a curiosear el monumento barroco. Otros a preguntar por no sé qué santo… Muchos (¡todos!) a rezar un poco. Mientras se escuchan las últimas sevillanas rocieras, o el “caminito de Santo Domingo” por enésima vez… veo a los matrimonios “de toda la vida” sentarse juntos en el primer banco, y agachar la cabeza… a los jóvenes que se dan la mano y dejan escapar un beso o una sonrisa cómplice… a los niños que son adiestrados por el padre o la abuela en el arte difícil de hacer la señal de la Cruz … a quien, sola y de negro, se sienta un rato largo y saca el pañuelo. Hay quien se admira, o quien se arrodilla. Quien reza un padrenuestro o enciende una lámpara… Quien fija los ojos en un Crucificado queriendo ver reflejado su dolor y su gloria… Quien calla. Quien deja una flor…

Esta es la Romería que me gusta. No me muevo de casa, pero me hago cómplice de tanta vida… ¡Tanta pasión que se esconde en lo íntimo de cada ser humano! Recorro, en los otros, los caminos que me llevan a Dios.


Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza
siempre por caminos nuevos;
ser en la vida romero,
sin más oficio,
sin otro nombre y sin pueblo...
ser en la vida romero...
romero...
sólo romero.



(León Felipe)

sábado, 21 de abril de 2007

Exceso de vida

Llevaba mucho tiempo dando vueltas a la idea de crear un espacio donde verter mis experiencias cotidianas. Hoy leía esa frase en un poema: "En mi vida no cabe este exceso de vida". Me siento identificado con ella. Y quiero que sea la que defina este camino virtual que ahora comienzo.
"Exceso de vida": eso es lo que me pasa. Que tengo cantidad de experiencias que se me escapan sin haberlas gozado del todo, sin haberlas rumiado, sin haberme dejado crecer y definir un poco más por ellas. Personas, acontecimientos, encuentros, lecturas, sentimientos, palabras dichas al interior en el silencio... Demasiada vida.
"Mejor si te dijera que medito las cosas
(fronteras y distancias) en los términos propios
de la resurrección, cuando nos alzaremos
sobre las coordenadas del tiempo y del espacio,
independientemente del mar que nos separa".
Así sigue el poema. Es de Juan A. González Iglesias. Sin tiempo ni espacio, también yo dejo caer trocitos de vida en este nuevo mar que ahora me acoge. Sé que nada se pierde en estos océanos. Que todo se encuentra, se saborea, y se comparte... Con mi frágil barca, comienzo la travesía mirando hacia el infinito horizonte que hoy me llama.