domingo, 30 de diciembre de 2007

Abrazos


Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital
de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.
Eduardo Galeano, Bocas del tiempo.

sábado, 29 de diciembre de 2007

"No había sitio para ellos..."

Eso es lo que dice el evangelista sobre los padres de Jesús. No hubo sitio en Belén. Ni lo hubo después en el mísero establo, pues tuvieron que escapar a Egipto, y volver, y seguir escapando siempre... Era el poder, el grande y el pequeño, el que estaba hecho contra ellos, contra los pequeños. Contra Dios.
¡Cómo se repite la Historia! Sigue sin haber lugar para otros, que andan buscando hogar y patria, tierra favorable. ¡Y yo que me siento culpable de estar de este lado del muro, de esta puerta...!
Dios siempre está y estará fuera, peregrinando, acompañando a peregrinos, derribando otros muros... Quizás el mío...

Mi primera cana

Ayer, mirándome en el espejo, reconocí mi primera cana. Sí, no fue ninguna inocentada de la vida. Me paseé por el espejo varias veces a lo largo del día por si era alguna confusión. ¡Y llegué a ver hasta dos! Ya sé que hay cantidad de problemas en el mundo, incluso a mi alrededor, para que yo me preocupe por esta tontería. Y no me quita la paz, pero es que me hace pensar mucho.

“¿Ya?”. Esa fue mi primera reacción. “¡Pero si sólo tengo treinta años!”. No me asusta que dentro de poco empiecen a aparecer otras, y otras más. Ni tampoco lo que puedan decirme los demás. Al contrario, me da igual.

Lo que verdaderamente me preocupa es que la vida está pasando demasiado rápido. Que el tiempo es tan veloz. Que apenas voy a tener oportunidad de vivir todo lo que ha pasado por mi mente y mi corazón. Que me quedan tantos sueños por cumplir… Que esto corre mucho y yo soy muy lento para la vida.

Me acordaba de aquello que dicen es necesario hacer para llenar el tiempo: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. ¡Nada! Algo he hecho, y me siento orgulloso, aunque no tenga que ver con el parto, la ecología o la literatura. Por Alguien he apostado, y de verdad que es eso lo que hoy presento a mis canas como lo más bonito de mi vida andada.

Ayer recordé mucho. Pasaron por mi mente cantidad de personas, las que han sido significativas para mí, las que me han hecho ser y vivir. ¡Algo sí que llevo andado! ¡Y qué feliz me siento por ello! ¡Y cuanto he podido compartir, y crecer! Pero me asusta otra pregunta: ¿habré madurado un poco? ¿No seré todavía muy niño, en mi mente y en mi corazón? O en mi manera de ver la vida y relacionarme con los demás… ¡Benditas canas si me cogieran un “pelín” más maduro!

Y otra pregunta más, y ya van tres: ¿será ahora cuando ya no pueda ni deba ponerme más plazos? He dejado muchas cosas para otros tiempos: convertirme en serio, ser mejor, vivir a fondo ciertas cosas, afrontar algunas otras… ¿será que ya es tiempo de abordar lo aplazado? De vivir a fondo cuanto me sucede…
Vengo de mirarme de nuevo al espejo. Ahí están, no se han ido. Gracias, Señor, por la vida y todas sus cosas. Gracias porque siempre estás Tú…

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Me haré Amor

Esta es la Navidad que me gusta, aunque es la más difícil y tal vez ingrata: colaborar, hacerse amor, ponerle cuerpo, carne y vida, al que es el Amor... ¡Y que viene siempre!

Todos juntos miramos al cielo, buscando una señal de Dios, mientras vemos que la gente sufre, mientras vemos que se pasa hambre. Y sólo se nos ocurre decir:
“¡¡Oh, Mi Dios!! ¿por qué no haces nada?” Y una voz grita en mi interior…
Me haré amor para que Dios hable por medio de mí.
Me haré amor para que Dios hable con mi vida de lo bueno que es poner el corazón en cada cosa que das.
Y si me pongo a pensar el por qué de esta maldita situación, por mucho que le rece a Dios por mucha pena que me den o me muevo de verdad, o nada de esto va a cambiar….

Para que nada se pierda

Empiezan a alargarse los días. Lo bueno de no ir a trabajar es que uno los puede contemplar mejor. Que hay más luz. Parecía que las sombras tendrían la palabra definitiva, como que seríamos incapaces de vencerlas o defendernos en ellas. Como el silencio tenebroso lo poseería todo. No. ¡Hay tanta luz a mi lado!

No me gusta esta navidad que se vende. Nada. ¡Y cada vez menos! Hasta los cristianos nos ponemos tan falsamente melosos... Pero hoy, que tengo tiempo, anoto y recojo, ¡para que no se pierdan! los pequeños focos de luz que han ido amaneciendo junto a mí en estas últimas semanas:

Primero, el trabajo con los chavales: sé que me he puesto insoportable, pero verlos entrar en centros de transeúntes, en hogares de minusválidos, en casas de acogida a mujeres maltratadas por la vida... verlos solidarios a su modo, sensibles (a su modo)... me resulta tan gratificante... ¡Cómo no va a ser esa una luz con visos de futuro!

Mis compañeros y la fiesta, el gozo de saber que somos más que trabajadores en una obra difícil. El cariño de tantos que envían un correo, un toque, una llamada para decir que están y no lejos... El gozo de hacer silencio y reconocer luces y nombres... La comunidad y la alegría de estar juntos y querernos. El camino de quienes a mi lado viven momentos de dificultad y lágrimas, que avanza, y... Dios está detrás, porque son pequeños como Él... El recuerdo que aflora de otras navidades con otros tan especiales para mí, mi familia, mis gentes de otros tiempos... Y tanto... Y tanto...

¡Qué gusto reconocer tanta Luz! ¡Y sentir en lo hondo que tiene tanta fuerza, tanto poder...! ¡Tanto de humanidad!

En su nombre

No es el invierno el tiempo preferido por los marineros para echarse al mar. Quizás por eso esté yo aquí aletargado, en esta orilla "griposa"... Viendo, oteando, admirándome, agradeciendo tanto... pero sin atreverme. Hoy me zambullo por entero. Sí, hoy me llama poderosamente el mar, y en la noche navego. ¡Dichosa noche que hace luminosas todas las oscuridades, que rompe todas las tinieblas! ¡Dichosa visita que quiere ser encontrada y velada en nuestro océano cotidiano! Y hoy me alegro con tantos, ¡con todos!, los que ven sentido porque Alguien, Él, está empeñado en iluminar sus sombras. ¡Nuestras sombras!
Feliz Amanecer. Feliz Encuentro.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Algo nuevo

Lo bueno de vivir en el campo es que este es un observatorio privilegiado para ver los cambios cíclicos que se dan en la naturaleza. Ahora que arrecia el frío empiezan los primeros brotes de vida. No se ve a primera vista, claro. ¡Aún no ha empezado el invierno y ya está la primavera a punto de estallar! Así, escondida en la tierra, esperando su momento. Es verdad de que cada invierno trae tanta primavera escondida...
Y cuando miro a las personas con ojos "de naturaleza", me vuelvo a dar cuenta. ¡Hay tanto por nacer a mi lado! Hay tanta savia oculta en el corazón humano... Que el frío no me ciegue, ni me lleve a ser superficial. Que no me encierre en mis prejuicios ni mis caprichos. Que empuje esta vida escondida en exceso.

No recordéis las cosas anteriores
ni consideréis las cosas del pasado.
Mirad que estoy haciendo hago algo nuevo,
ya está brotando; ¿no lo notáis?”.
(Is 43, 18-19)

Decir tu nombre

Siempre le tuve un cariño especial. Me educaron cerca de ella y sentía como algo natural que estuviese siempre presente. Me hizo balbucear palabras de cariño. Me enseñó a querer. También a tener detalles. Junto a ella supe lo que significa estar alegre y hacer fiesta. Y comprendí que a su lado el dolor es más llevadero, y como que en sus ojos hay tanta esperanza... Entendí tan bien a su lado lo que significa querer, lo que es tener una madre...
Luego me hice mayor. Entonces me enseñó a decir "sí". ¡Siempre me salía el "no" a todo! Hasta en los cuadernos escribía mi "sí" y me acordaba de ella... Vibraba con esa palabra, y no entendía las repercusiones de esas dos letras...
Y todavía sigo aprendiendo tanto a su lado. ¡Pero tanto...! A ser libre, a profundizar y escuchar, a hacerme cercano, a ensanchar el interior... A sufrir con esperanza, a fiarme del que es más grande, a crecer, a cambiar... A encontrar tanto en tantos...
Gracias por ser de los míos. Y por enseñarme tanto. Y por guardarme como si aún fuese aquel niño pequeño que te llevaba flores...

Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya, Causa de Nuestra Alegría.

P. Casaldáliga

Remover la tierra


Cuando en tiempos pasados llegaban estos días de final de año, de comienzo de navidad, de estreno de invierno… venía a mi mente una imagen: la del árbol seco. ¡Me ha acompañado durante tanto tiempo ese símbolo! ¿Será aquella imagen de Machado que conocí siendo adolescente?… aquel “olmo seco, hendido por el rayo y en su mitad podrido”. Sí, muchas veces me he sentido así, inútil, sin posibilidades de vivir ni de brotar, tan seco por dentro, tan ahogado en mí mismo, en mis prisas y proyectos… Tan ansiado de una primavera que me hiciera retoñar…

Ahora miro esa fotografía y me resulta atractiva. ¿De verdad seré yo como ese campo? La hice este verano. No estaba lejos del mar. Y entonces recordé lo que desde pequeño había visto. Es preciso remover la tierra de vez en cuando para que recupere su vida, su jugo, para que pueda acoger una nueva cosecha como si fuera la primera… Aún me acuerdo de mi padre, y del arado, y del mulo, y de la siembra que venía después.

Si, supongo que la tierra grita. Grita cuando es desmenuzada, triturada, arrasada; cuando el yugo ahonda y atraviesa su profundidad. Pero la tierra grita también cuando es mediocre, cuando perdió el jugo, cuando no puede dar la vida a la que está llamada.

Es Adviento. Mi tierra, a orillas del mar, quiere dejarse romper. Y pide a Dios que la remueva. Que destierre rutinas, que hunda su arado en mi adentro. Que me despierte a mí mismo. Que me haga acogedor aun en el dolor. Y que cuando Él quiera haga brotar algo nuevo en mí.

Calla y escucha


Cállate ya
y escucha.
Escucha en paz humillada
—en humos de libertad—
la voz contraria de tantos.
Escucha Su Voz opaca,
la voz ambigua del pueblo.
Escucha también tus voces,
borbor de pozo confuso
que cifra toda su vida.
Vivir es ir poniendo
el corazón y un pie detrás del otro
sobre el camino que se vaya abriendo.

P. Casaldáliga

domingo, 18 de noviembre de 2007

Sin poder

Cuando hace algunos años celebraba mi primera Eucaristía quise dejar muy claro cuáles serían mis intenciones, cómo quería vivir este camino que comenzaba. “Sin poder”, era el título de la canción que quise se cantara. Y era el lema de la vida que estaba dispuesto a empezar.

Se puede ir por la vida de cantidad de maneras. La mayoría de ellas terminan en el mismo lugar: la prepotencia, el orgullo, el “aquí estoy yo”… Siempre aborrecí esos caminos. Aunque confieso que más de una vez me he sorprendido transitando por ellos. Que he llegado hasta allí porque es lo que se lleva, o porque mi ser natural me empujaba a hacerme notar… Que he visto a muchos que decían servir a Dios y a los demás circulando por ahí…

Hoy recupero aquí aquella canción que tanto me emociona. Y reafirmo mi deseo de caminar sin poder, de ser pequeño y pobre. Y me agrada reconocer que no soy ni seré el primero. Ya hubo Otro antes que yo. Y me encanta seguir sus huellas.

Aquellos a quien llamas lo haces sin poder,
les invitas a ser pobres sin ningún poder,
les dices que tan sólo siendo niños servirán,
pobres de poder, niños sin poder…
Mi Dios, necesito saber por qué tú pobreza salva al hombre
y el misterio de la Cruz nos abre un nuevo horizonte…
Hazme entender, mi Señor, por qué tú, “ser-sobre-todo-nombre”,
has renunciado al poder y optas ser pequeño y pobre.

"Yo también te amo"


Cuando yo impartía cursos sobre la vida espiritual, en un determinado momento trazaba una larga línea recta desde el borde izquierdo hasta el borde derecho de la pizarra y explicaba: “Esto es nuestra vida eterna en Dios. Pertenecemos a Dios de la eternidad a la eternidad. Eres amado por Dios antes de nacer; y serás amado por Dios mucho después de morir”. Después marcaba un pequeño segmento de la línea y decía “Esto es tu tiempo de vida humana. No es más que una parte de tu vida total en Dios. Estás aquí tan sólo por un breve periodo de tiempo –veinte, cuarenta, sesenta u ochenta años- para descubrir y creer que eres un hijo amado de Dios. La duración de ese tiempo carece de importancia. La vida no es más que una breve oportunidad, durante unos cuantos años, de decir a Dios: “Yo también te amo”.

(Henri J. Nowuen, “Dirección espiritual”. Sal Terrae, 2007, p. 64)

Esparcir tu fragancia

Jesús:
ayúdame a esparcir tu fragancia
donde quiera que vaya;
inunda mi alma con tu espíritu y tu vida;
penetra todo mi ser y toma de él posesión
de tal manera que mi vida no sea en adelante
sino una irradiación de la tuya.
Quédate en mi corazón en una unión tan íntima
que quienes tengan contacto conmigo
puedan sentir en mí tu presencia;
y que al mirarme olviden que yo existo
y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo.
Así podré convertirme en luz para los otros.
Esa luz, oh Jesús, vendrá toda de Ti;
ni uno solo de sus rayos será mío.
Te serviré apenas de instrumento
para que Tú ilumines a los demás a través de mí.
Déjame alabarte en la forma que te es más agradable:
llevando mi lámpara encendida
para disipar las sombras en el camino de los otros.
déjame predicar tu nombre sin palabras…
Con mi ejemplo, con mi fuerza de atracción,
con la sobrenatural influencia de mis obras,
con la fuerza evidente del amor
que mi corazón siente por Ti.

Card. John Henry Newman

La poda


Mientras camino estos días hacia el trabajo me sorprenden los empleados municipales podando los árboles que adornan las calles. Uno vuelve al día siguiente por la ruta de siempre y se admira al ver lo despejado que lo han dejado todo. A primera vista han destrozado todos los árboles del camino. Si uno no conociera las leyes de la naturaleza diría que se los han cargado para siempre. Pero ya se sabe: el otoño trae consigo esos trabajos tan desagradables para las plantas...
¿Qué harán los árboles de las calles en otoño y en invierno? ¿Qué es de ellos cuando ya no pueden dar sombra, ni embellecen con sus ramas? ¿A qué se dedican cuando han sido despojados de sí mismos?

Me ha causado una gran tristeza verlos tan empobrecidos en estos días. Pero me han enseñado algo. Mucho. Simplemente porque me he visto reflejado en ellos. Sí, yo también quiero presumir de ramas, de sombra, de frutos; yo también quiero ser admirado cuando otros pasan por el camino o aprovechan mi sombra. Pero vivir así es vivir en una gran mentira.

A mí también me ha visitado el otoño. Y con sufrimiento he tenido que desprenderme de ramajes en los que ponía tanta seguridad... Y con todo el dolor del mundo siento que es necesario, que es hasta bueno y sano, que me venía bien la poda para no creerme quien no era... Aunque me duela tanto.

Pero hay algo más. ¿Qué hacen los árboles en otoño? Ir a las raíces. Buscar en ellas la savia, el alimento, la fuerza para subsistir. Aumentarlas y fortalecerlas. Y esto a escondidas de todos. En el silencio y la noche, en medio del frío del invierno se agarran con más pasión a la tierra y la profundizan mejor. Y cuando tengan fuerzas bastantes volverán a despertar con más ganas, con nueva vida...
En estos tiempos en que se lleva ser rama me cuesta ir a la Raíz, pero vuelvo a intentarlo. No separarme de ella, familiarizarme aún más, darme cuenta que ahí está mi sentido y mi razón, mi fuerza... ¡esa vuelve a ser mi opción! Volverá la vida, pero antes hay que soñarla y crearla en el silencio.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Tu mano apretada


No pida yo nunca estar libre de peligros,
sino denuedo para afrontarlos.
No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.
No busque yo amigos por el campo de batalla de la vida
sino más fuerza en mí.
No anhele yo, con afán temeroso, ser salvado
sino esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.
¡No sea yo tan cobarde, Señor,
que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!

(Tagore)

Mis custodios...


Hoy es festivo en Córdoba. Se celebra la fiesta del Custodio, el arcángel San Rafael. Desde el siglo XIII aparece ligado a la ciudad como su protector, a través de episodios y leyendas que lo confirman como guardián que protege en las enfermedades, sequías y tormentas. Por curiosidad he buscado en la Biblia el libro de Tobías, donde aparece el arcángel, y lo he leído entero (sí, nunca antes lo había hecho).

Rafael aparece como un personaje misterioso, que se hace familiar y acompaña a un joven en búsqueda. Su padre, hombre justo que brillaba por hacer limosna y enterrar a los muertos, manda a Tobías a hacer un largo viaje para recuperar una suma importante de dinero. Un desconocido se presenta para guardarlo en tan difícil empresa. Ese va a ser quien le facilite encontrar esposa en el camino y librarla de la maldición de no encontrar el verdadero amor. Y será también quien encuentre medicina para sanar la ceguera que su padre padece. La historia acaba felizmente: matrimonio feliz, salud y bienes.

Pero me gustan dos cosas: primero la honradez de los personajes: El padre un hombre humilde que hace el bien porque le sale del corazón, que aunque se ve maltratado por enemigos, permanece fiel a su bondad. El hijo entregado a la tarea, que vive con sencillez y transparencia. Porque son rectos se ven recompensados.

Y me gusta Rafael. Se hace llamar de otro modo, pero no se le escapa nada de la vida de esta gente. No los pierde de vista. Facilita, aconseja, es siempre humilde y discreto, renuncia a prepotencias, y sabe llevar muy bien eso de vivir a la sombra aun siendo importante. Me gusta Rafael, “medicina de Dios”.

Hoy doy gracias por mis “custodios”. Me cuesta reconocerlos porque son humildes y discretos. Pero vaya si los tengo. ¡Qué sería de mí sin ellos! Confían en mí, me vigilan discretamente, se alegran conmigo…

En este mar de la vida, donde a veces hay tormentas, agradezco su presencia.

Por tí

Sé que has venido por este espacio varias veces, y como no ves cambios llevas unos días empujándome a retomarlo. Hace tiempo quería escribirte algo aquí, pero ahora no me sale nada. ¿Cómo decirte lo importante que eres para mí? No encuentro ningún acontecimiento, decisión o experiencia significativa de mi vida en la que no aparezca tu rostro, tu nombre, tus principios. Quizás en los últimos meses nos hayamos distanciado un poco (por dejadez de mi parte). Pero estás ahí, siempre lo estarás. ¡Sin ti no soy yo mismo!

Con los chavales de clase he compartido muchas veces esta canción. Siempre que la escucho te veo en ella reflejada, aunque no se lo diga a nadie. Hoy te la hago llegar. Gracias por tanto como me has dado y me sigues dando, por haberme llevado a lo esencial. El mar de mi vida es especial porque tú navegas siempre conmigo. Gracias. Por ti me sigo embarcando.

Siempre he estado pensando como agradecerte
por hacerme el regalo más grande, más fuerte:
Haberme regalado todo lo que tienes, y sí es así, es así…
Has perdido tu tiempo por mis ilusiones
y cambiaste llorar por luchar en mi nombre,
por buscarme un lugar donde fuera valiente
para ser feliz, conmigo mismo…
Por ti lucharé, por todo el cariño que has puesto conmigo.
Por todo tu tiempo, por haber querido tenerme contigo…
Y por tu calor y por tanta magia me quedo contigo.
Y por tu calor y por tu carisma me quedo contigo.
Siempre me has demostrado que eres como un milagro,
algo tan especial que siempre me ha arropado.
Le has ganado mil pulsos al que te haya retado,
y sí es así, es así…

El paso del tiempo


El tiempo pasa volando. Hace casi un mes que no dejo ninguna huella por este mar. ¡Con lo que me gusta a mí el mar y lo alejado que estoy de él! Me propuse acercarme a esta orilla a respirar algo de brisa, aire fresco, horizonte, sentido.

El tiempo ha trascurrido con mucha rapidez. El trabajo me tiene absorbido. Los chavales, la programación, las celebraciones.... Es algo que me gusta, disfruto dedicándome a ello. Mis clases de este curso son fantásticas y he conectado muy bien con la mayoría de los grupos. Y el tiempo sigue pasando.

En medio del vértigo, ese que ni siquiera me permite sentir lo que vivo, van apareciendo problemas. Uno intenta hacerse fuerte poniéndolos en su sitio. Primero son los de los demás. Escucho, acojo… y sufro con ellos. Y luego aparecen los propios. Y tal vez son más leves que los otros, pero molestan. ¿Para cuando eso de vivir sin problemas?

Reconozco que me hacen más pobre. Que me frenan y me expropian. Que en el fondo me humanizan. Que me llevan a sentir impotencia. ¡Con lo bien que iba y ahora siento que este camino tiene pocas salidas!

Aquí me siento, pequeño y pobre, pero humano. Decepcionado de mucho. Impotente. Hasta de mí, mis tiempos, mis ritmos. Aprendiendo a confiar. A esperar. ¡Hoy necesito tanto perder la vista en mi mar y saber que no hay más verdad que esta infinitud! Y esta paz…

viernes, 28 de septiembre de 2007

Los justos


Desde hace unos meses acudimos para hacer las fotocopias a una copistería que, aparte de estar relativamente cerca, tiene unos empleados bastante eficientes.
vamos allí con cierta frecuencia. Y siempre comentamos el bien hacer de los que nos atienden. Son un chico y una chica, más o menos jóvenes. Verdaderamente encantadores. Constantemente tienen una sonrisa (aunque pidamos algo difícil), una palabra cariñosa, no ponen nunca mala cara a nada, son educados y agradecidos.
Nunca hemos hablado de nada más que de lo propio: papeles, copias y tiempos de espera. Ellos sabrán quienes somos, pues además de notársenos en las caras, se queda más que claro en los documentos que les llevamos. Y así, hemos ido creando una cierta complicidad entre unos y otros. Pero nunca hemos comentado nada de nosotros.
Tanto nos agrada su manera de ser y trabajar que últimamente nos preguntamos si serán creyentes. Y hacemos nuestras apuestas, claro... Encontrar gente tan servicial y encantadora no es lo más habitual en los comercios. ¿Serán cristianos? ¿Qué motivación tendrán para hacer tan bien sus labores? ¿Qué les moverá a ser tan humanos y cariñosos?
Encuentro por casualidad este poema de Borges. No me importa más de ellos. Los admiro así. Son los justos, los que están salvando al mundo.
Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Amanecer

Cada mañana me despierto escuchando las noticias en la radio. También hoy. "Cielos nublados en Córdoba y diecinueve grados de temperatura". Así han despachado, un día más, el amanecer de mi ciudad.
Cuando, minutos después, me he asomado a la ventana he visto que eso no era todo, que la noticia era insuficiente, ridícula. Había mucho más. Y no se podía decir por la radio, claro. Un amanecer maravilloso, de los que te dejan sin palabras. ¡Con ese espectáculo de la naturaleza se va uno feliz a trabajar y a vivir!
A veces soy yo el que doy las noticias. O las recibo de otros. Noticias de personas o actitudes. Críticas parciales. Impresiones subjetivas. Visiones ridículas sobre los demás y su paisaje interior. ¡Como si fuera un periodista riguroso! Incapaz de percibir matices, colores, sentimientos... ¡Y pensar que cada persona que se me acerca esconde un paisaje interior aún más fantástico que este amanecer! ¡Y que yo sólo emito un titular absurdo y me quedo tan contento!

¿Habré amado?


Lo vi este verano. En los días dedicados a la oración, cuando uno está más centrado, encontré ese ficus. Me llamó la atención por el corazón que algún enamorado adolescente había grabado en su tronco, y que ahí se iba a quedar para siempre, testimoniando un sentimiento bastante noble.
En ese tronco, además, brotaban algunos tallos nuevos. Era la manera que el árbol tenía de manifestar que estaba bien vivo, lleno de vida, ¡que tenía futuro!
Me pareció simpático, y lo visitaba de vez en cuando. Pero sobre todo, me cuestionó. Ya no estoy en edad de dibujar corazoncitos, es verdad. Pero sí me siento enamorado. Y mucho. A según qué personas no les puedo contar esto. Pero es lo que vivo. Y necesito decirlo y decírmelo en voz alta.
Hay alguien que da sentido a mis amores, que los llena. Alguien a quien pertenezco por opción de amor, de fidelidad. Que me enriquece y me hace ser más yo. A quien he elegido; por quien me siento elegido. Y lo amo. Pobremente tal vez. Pero lo amo.
En mi agenda, cada año, copio este poema, que ya me sé de memoria. Y lo repito con frecuencia. Mientras me comprometo a renovar y hacer más profundos mis amores en el amor.
No habré hecho el amor, no habré tenido
la gloria humana de engendrar, mi nombre
no dará nombre a nadie; no habré sido,
en la acepción cabal del mundo, un hombre.

De soledad en soledad migrando,
sin más amor que el viento y el servicio,
tu hoy voraz habrá sido mi cuando;
mi navegante paz tu precipicio.

¿Te habré amado a Tí, Amor amado,
haciendo el buen amor de otros mil modos,
buscándote en la noche y el pecado,

sintiéndote en el grito y en la herida,
reconociéndote amable en todos,
dándote nombre en mi pequeña vida?

(Pedro Casaldáliga)

domingo, 23 de septiembre de 2007

Todo Tú

Resumo mi existencia
y en cada página que paso apareces tú.
Llenas el fértil momento
con el aroma de tu presencia.
El aire que respiro,
el color carmesí del atardecer,
la noche cobijada en los pliegues
del susurro y el silencio,
el amanecer derrumbado
en un azulado sueño;
todo lo que he sido, todo lo que fui
lleva el suave toque de tus manos,
el libán de tu cuerpo y de tu sombra,
bálsamo de heridas
y enarbolada bandera
donde mi vida queda tendida.

http://fernandosarria.blogia.com/


sábado, 22 de septiembre de 2007

Te amaré

Otras de mis canciones preferidas, no de las de ahora, sino de las de siempre. Tal día como hoy hacía mi compromiso definitivo en este camino que ahora recorro. Siempre me hizo ilusión cantarla en ese momento, pero... No pudo ser entonces. Aunque yo no me olvido de ella, nunca. Habla por sí sola. En mi mar, cuando amanece, vuelve a sonar. Y me siento dichoso de poder cantarla.

Las pitas


De pequeño me crié cerca de las pitas. Esa planta silvestre tenía para un niño pequeño un encanto especial. Había que tener cuidado con ella. Crecía en los bordes de las fincas, y en las orillas de los caminos. Su tamaño imponía. También sus espinas. Se usaba para hacer chapuzas en la casa y los tejados o para alimentar a algunos animales. Cuando salí de mi tierra eché de menos las pitas, su esbeltez. Aún me siguen pareciendo un símbolo precioso de mis orígenes y mis paisanos.
La pita también es frágil. Parece que no, que se alza poderosa e inmortal sobre el horizonte, que se defiende de todos con sus imponentes pinchos. Tiene una vida relativamente larga. Y sólo un sentido: florecer. Tarda tiempo en hacerlo. Y al final, cuando luce esbelta sus flores amarillentas, entonces empieza a morir. De sus raíces volverán a nacer nuevos hijos, que repetirán la hazaña.
Así de fácil. Nacida en los bordes, solitaria. Se consume para dar una flor que apunta a lo alto. Muchos habrá que ni le vean belleza ni sentido, y hasta intentarán quitarla de la tierra. ¡Serían mejor las plantas productivas! Y después de haber señalado a aquel sol que le dio vida y sentido, puede morir en paz. Tal vez vengan otros que repitan ese ciclo biológico. O no. Ella hizo lo que estaba llamada a hacer.
Pues así me veo yo. A veces solo, por opción. Con poca belleza y algún pincho. Sintiendo que mucho de lo que hago no vale para nada. Intentando apuntar hacia arriba. Confiando en que otros vendrán después. Y creciendo. Creciendo para que alguien mire hacia arriba. No a mi. No estas flores ni frutos que poco son. A Él. Ese que tira de mi. Ese que subyuga al mirarlo. Ese que me hace tan feliz así como soy.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Abrazos

El alma humana nace enamorada. Pero no ve al amado de quien está enamorada, y como hay un reflejo de ese amado en todo lo creado, uno desde que nace tiende a abrazar todas las cosas. El niño tiende sus bracitos ávidos hacia todo lo que ve, y quiere llevar a la boca todo lo que toca, y todo lo que quiere tocar y tragar. Después cuando crece se abraza a sus juguetes, y ya hombre continuará siempre abrazado a todas las cosas. Pero no se sacia nunca, porque lo que uno abraza no es Dios: a no ser que uno un día se desprenda de las cosas y abrace a Dios.

Ernesto Cardenal, “Vida en el amor”

Nos pasamos la vida entera buscando amor. No hay más razón para vivir y para luchar. No hay más verdad. Quizás esa sea la "bomba" que esconden tantos solitarios, tantos que se desviaron por el camino del poder o la prepotencia. Tantos que se hastiaron de bienes materiales. Tantos que hablan, gritan, porque no soportan el silencio del amor. Tantos que se han disfrazado de insensatos y hasta de pobres.
Es que el amor viene con heridas. Duele. Empobrece. Silencia. Anula... Es que el amor viene a lo grande y quizás no estamos preparados del todo para entrar en su mundo. Por eso lo contemplamos de lejos, y hacemos teorías, y hasta juicios. Le ponemos normas y grados. E inventamos caretas de enamorados.
El amor se nos da. Y viene en mayúsculas. Desde otro lugar, otra persona más grande, ante quien sólo basta abrirse, para después perderse.
Todos somos mendigos. Hoy me gusta mirar a los rivales que mi mente se ha creado, y en quienes proyecto mis heridas: Estamos todos juntos, con las manos extendidas y el corazón igual de harapiento, en esa puerta de infinito que se abrió en nuestra tierra. Hambrientos de abrazos. Hambrientos de Dios.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Te regalo

Sigo "explotando" las canciones de este verano.Esta bien puede ser la actualización de la oración de S. Ignacio. Me gusta y hoy especialmente la hago mía. Aunque, ¡vaya tontería! El regalado soy siempre yo...

Te regalo mi orden, mi desorden,
te regalo mi norte y mi horizonte,
mi filosofía, mis historias, mi memoria..
Te regalo mi amor que se acumula,
te regalo mis manos, mi locura,
te daré todo lo que me pidas,
yo por tí daría mi vida...

jueves, 13 de septiembre de 2007

Contemplación para alcanzar amor


Como tengo la manía de recordar y celebrarlo todo, hoy no puedo dejar de hacerlo. Fue una tarde parecida a esta, hace diez años. Yo entonces era más joven, más ingenuo. Más apasionado también. Salía de una enfermedad del estómago y no tenía cuerpo para nada. Pero aquella tarde, rodeado de quienes me quieren, me eché al suelo pidiendo misericordia. Y nada más. A continuación abrí mis manos frágiles y las puse en otras manos, cuya medida jamás podré abarcar. Pronuncié las palabras que había ensayado durante meses...

...Y nada más. Yo creía que aquel momento sería espectacular. Que notaría algo grande dentro de mí... ¡Había puesto mi vida en manos de Dios! El Dios grande, omnipotente, el Dios de los grandes. ¡Y yo tan pobre! Fue una ceremonia entrañable. Recuerdo que tendido en la tierra lloraba. Ahora entiendo mejor por qué. Nada extraño. Nada extraordinario. Pero, ¿puede haber algo más extraordinario que entregarse, dejarse pertenecer a otro? Un día, y otro. Y otro más...

¡Cómo pasa el tiempo! Hoy renuevo amores, implico mis fuerzas en esta tarea. Agradezco haberme encontrado con tantos y tantas en esta mi tierra, de la que no quiero levantar los pies. Agradezco la libertad que da la entrega. El empeño -pobre tal vez- en querer más y mejor. Esta sucesión de momentos... Agradezco que el protagonista de esta historia no haya sido yo, sino Aquel en cuyas manos crezco.

San Ignacio termina sus Ejercicios con esta oración, que tanto he hecho mía. Contigo voy... hasta la muerte. Gracias por llevarme Tú.


Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Vos me los diste; a vos,
Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed a toda vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia, que eso sólo me basta.

Te Busqué

Entre las nuevas canciones adquiridas, ésta me ha cautivado especialmente. No es lo más importante que yo busque (aunque no pueda dejar de hacerlo nunca...). Lo mejor es que soy buscado. Que Alguien me hace sentir "vivo otra vez".

Te busqué
debajo de las piedras y no te encontré.
En la mañana fría y en la noche te busqué,
hasta enloquecer.
Pero tú llegaste a mi vida como una luz,
sanando las heridas de mi corazón,
haciéndome sentir vivo otra vez.

Ven a mí


Si un día me olvido de tu amor
y miro la transparente imagen
que de ti tiene el mundo.
Si te veo con los ojos del tiempo y del silencio
y oigo sólo la música lejana
que tras el atardecer trae la noche....


...Ven a mí.
Cruza los perdidos senderos
y dame, en el recuerdo y la nostalgia,
el húmedo beso de tu amor y de tu geografía.

¿Qué podré decir?


¿Qué podré decir, cuando la cinta azul del horizonte
se quiebra ante tus ojos y arde en las nubes de la noche?

Tú eres todo lo preciso, quizás más.
Eres el punto de retorno,
la llamada del bosque impenetrable,
la sonrisa de un día de lluvia,
el acaso y el porqué de las cosas diminutas,
la nota inmaculada de la compra,
la canción, el poema, la película
y tantas cosas que la noche no contempla.

Pero así está escrito nuestro pacto. Con letras invisibles
que los demás apenas imaginan.
Tu mirada es manantial donde ahogar las dudas,
tu voz deshace las sombras del silencio,
tu cuerpo....siempre recinto de misterios
y tu corazón la savia que alimenta mi esperanza.

¿Qué importa si el cielo se abandona?
Tu mano sigue creando trazos de luz
con que iluminar mi vida.

Amores dormidos

Me encanta la música. Con los jaleos de la vida diaria reconozco que no me actualizo, y que aún tarareo yo canciones de temporadas pasadas pensando que son la última novedad (aunque la música siempre es actual...). En este mes de agosto mi sobrino me ha puesto al día. Entre las canciones que me ha pasado una me ha llamado la atención. "Amores dormidos", de Edurne.

Con mucha sencillez, se pone nombre a lo que forma parte de nuestra vida y relaciones: la debilidad, la limitación de querer amar y ver que es imposible, que se nos rompe el amor, que se hacen pedazos los instantes, las promesas, las palabras... ¡Que se quiere sin querer! o tal vez, queriendo demasiado no se quiere del todo... Amores "que fueron tan buenos amigos, que ya no podrán despertar".

No es nuevo el tema. Confieso aquí que tengo espinas clavadas. Que me siento culpable de amistades que se rompieron. Que no hice lo que pude, ni lo que debía, por mantener despierto el amor. Durante temporadas me sentí herido, y mucho, por no haber salvado lo que parecía tan real y profundo.

Amores que se llevó el mar. Así me gusta llamarlos. Se fueron con dolor. Y uno los recuerda con una mezcla agridulce de satisfacción y tristeza. Fueron, y... se fueron. Así de frágiles somos. ¡Así de frágil soy! Y hasta los sentimientos más nobles, más valiosos, salen de mí con marcas de debilidad y mediocridad.

He ido aprendiendo dos cosas en estos episodios tan amargos. Primero, que no puedo juzgar a nadie, ni sus maneras de expresar lo interior. Que tengo que asumir que la libertad siempre lleva consigo una pizca de dolor. Segundo: Que Dios vendrá. Que su Reino tiene que existir, al menos para reconciliar. Para restaurar lo que fue noble y la debilidad humana quebró.

Mientras navegaba estos días de estío, lo volvía a recordar. Habrá una orilla al filo de este mar, en la que se nos regale el don del encuentro, sin límites. Y recuperaremos aquellos amores que, torpes navegantes, dejamos perder. El mar será testigo.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Contigo


¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mí están
en donde no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es si no eres tú?

(Luis Cernuda)

jueves, 6 de septiembre de 2007

Apostar por crecer


Las veces en que he salido a pasear este verano observaba la alcaparrera de la plaza. Debió nacer en mayo o junio. Es una planta silvestre. Se cría en estas tierras de Andalucía con el calor de estos meses. De lejos da la impresión de ser hermosa, tierna. Sus flores llaman la atención: son grandes, blancas y se van abriendo despacito. Pero cuando uno se acerca se lleva una sorpresa: está repleta de espinas, que hacen difícil arrebatarle los frutos.
Le tengo cariño a esta planta. De pequeño mi familia se dedicaba a buscarlas en verano, para así ganarse un modesto dinero. Había que madrugar y recorrer cantidad de kilómetros para conseguir un par de kilos. Yo mismo lo hice en otro tiempo, con poca pasión, es verdad. Conseguir unas alcaparras tiernas significaba dejarse heridas las manos.
Otro misterio de la naturaleza. Planta de poco fruto, silvestre, de aspecto atrayente, pero protegida hasta el extremo. Como las personas. Nos vamos moviendo entre la belleza y el dolor. En esos dos raíles vamos dando nuestros pasos. Hay quienes dan más fruto que otros. La planta nace a final de primavera y se agosta en septiembre. Demasiado frágil. Aparentemente. Una vez seca vuelve a brotar al año siguiente. Debe tener una fuerza interior misteriosa que nunca la deja secarse del todo.
Ésta de la foto me llama más la atención. Ha crecido en un muro de piedra de la plaza, donde eso parecía totalmente imposible. Y ahí seguirá por años. No le teme a las dificultades. Ahora que empieza el curso la miro y aprendo. ¿Será que hay que volver a brotar? ¿Que no importa crecer en un lugar difícil cuando hay buenas raíces? ¿Que incluso se puede dar fruto en él? ¿Que hasta se le puede embellecer? ¿Que yo también en mis espinas puedo dejar caer algún fruto? ¿Y será también que tantas otras alcaparreras están esperando que yo me arriesgue a pincharme para alcanzar su fruto y misterio? ¿Que todas son más fecundas de lo que imagino?
Ahí vamos. Sólo espero que la misma fuerza que me empuja a brotar de nuevo, me mantenga fecundo en mi fragilidad...

martes, 4 de septiembre de 2007

Mi libre canción

En un mundo que,
vive sin amor,
eres tú mi libre canción...
Y la inmensidad,
se abre alrededor,
mas allá del limite del corazón.
Nace el sentimiento,
en mitad del llanto,
y se eleva altísimo,
y va...
Y vuela sobre el gesto de la gente,
a todo lo más noble indiferente,
ajeno al beso cálido de amor,
de puro amor...
En un mundo que
prisionero es,
libres respirábamos,
tu y yo.
Pero la verdad,
clara brilla hoy,
y nítida su música, sonó...
Nuevas sensaciones,
nuevas emociones,
se expresan ya purísimas, en ti.
Y el velo del fantasma del pasado,
cayendo deja el cuadro inmaculado,
se alza un viento tímido de amor,
de puro amor...
Me recubro en ti,
dulce amado que, no sabe el camino,
no sabe que de verdad
al lado tuyo vendré. Si quieres tu...
Cae un día el muro,
recubierto de las rosas selváticas,
revive o no, se eleva o no...
Bosque abandonado
y por ello sobreviviendo virgen
se abre o no, se cierra o no...
En un mundo que,
prisionero es,
libres respirábamos,
tú y yo.
Pero la verdad,
clara brilla hoy,
y nítida su música, sonó...
Nuevas sensaciones,
nuevas emociones,
se expresan ya purísimas, en ti.
Y el velo del fantasma del pasado,
cayendo deja el cuadro inmaculado
se alza un viento tímido de amor,
de puro amor...
Y recubrote

Horizonte



¿Qué tendrás que me puedes tanto? ¿Por qué siempre me dejas sin palabras? Es que no puedo dejar de mirarte. Y permaneces grabado en mi retina; y huyo a escondidas a buscarte y contemplarte en mis problemas. Y me refugio en ti, aunque sé que jamás podré comprenderte.
¿Por qué me fascinaste desde que tengo memoria? La carretera junto al mar... y tú atrayendo mi atención. No te abarco. Apenas miro un pedazo de ti y me siento embriagado...
Nada me hace tan feliz como verte. Releer mi vida en tu orilla. Meterme en ti y sentir... que tal vez te pertenezca desde siempre. Y te lleve en mis genes. En mis deseos profundos de fundirme en ti. De abrazarte. De perderme y encontrarte.
¿Algún día me explicarás quién eres? ¿Podré ver siquiera algo de tu medida, de tu misterio? Sigue viniendo a mi orilla, acariciando este desierto con tu brisa. Erizándome con tu espuma este presente frágil, este que no me pertenece. Manténme despierto, hasta que un día me pierda en ti... Para siempre. Para siempre...

Mi faro


Yo quise ser farero. Sí, aún ahora me cuesta creérmelo. Debió de ser en los años de la adolescencia. Y quizás uno de mis sueños más románticos. Me atraía aquello de la independencia, la libertad. Era una idea bohemia. Y peregrina, porque nunca dí un paso por cumplirla...

Me acuerdo cada verano, cuando vuelvo a la playa donde me crié, presidida por el faro. En mi infancia me parecían misteriosos e interesantes quienes vivían en él. Ahora ya, dicen, que es automático. Y sí que está verdaderamente solo. Solo ante el horizonte infinito.

En otros tiempos debió de servir de reclamo a los piratas amenazadores, todopoderosos. Hasta hace poco (y aún ahora) acogía -en silencio respetuoso, como pequeña luz en la noche- a quienes en patera lo divisaban. Mi faro. Tan alto él, tan discreto a la vez. Cuando empezaba a anochecer y terminábamos el trabajo, ya empezaba a resplandecer agradecido. Verdaderamente me cautivó.

¿Para qué servirán hoy los faros? Las navegaciones deben de tener la más avanzada tecnología: radares, luces, satélites... Y ahí sigue él. Tal vez inútil. Confieso que ya no le presto tanta atención como entonces. Pero me agrada verlo. Y saber que nunca dejará de alumbrar. Aunque nadie lo mire. Y disfruto bañándome a sus sombras.
No soy consciente del todo, pero intuyo que mi faro forma parte de mí. Que lo llevo bien guardado. Quizás no fuese tan alocada aquella idea. Quizás llevo algo de farero en mi adentro.

Volver a empezar


Era el título de una antiquísima película. Y es el lema que todos estrenamos cuando empieza septiembre. En él se resumen proyectos, esperanzas, temores, ideas que se han refrescado en estos meses...
Yo también vuelvo a empezar. Ayer la tristeza me tenía cogida la garganta. Cuesta decir adiós a quienes uno tanto quiere. Hoy el reencuentro con los compañeros, el tráfico, las calles... los problemas de la gente, sus vidas, sus sueños... el silencio agradecido... las relaciones que empiezan de cero... Dispuesto estoy. !Vamos a empezar! Y que Él vaya delante...

Pero no quiero olvidar. ¡Exceso de vida he tenido hasta en este mes de descanso y ruptura con lo cotidiano! No puedo olvidar. No sería justo.

Las olas del mar, el mar embriagador con el que me crié. Las piedras. Las puestas de sol. El silencio fabuloso de estar con quienes más quiero. El reencuentro con los míos. Las travesuras de los chicos. Los ojos de la más pequeña. El gusto de compartir. Las fiestas. La fe de mi tierra. !Las mañanas de sueño hasta tarde! El fresquito de la madrugada. El viento, que tanto echaba de menos, aunque fuera de levante... El pino seco del horizonte. Las pitas. Los nardos. Los paseos. Los recuerdos, hechos vida cuando se vuelven a sacar de la memoria del corazón. Las caras de mi niñez, siempre diferentes. La música y su mundo. Esas conversaciones inolvidables...

Gracias por lo que queda como sedimento. Gracias por lo que está por venir. ¡Y qué feliz me siento!

miércoles, 1 de agosto de 2007

"Una canción muy especial...

...para alguien también muy especial". Me acompañó hace bastantes años (¡anda que no es vieja!). El grupo me encantaba, eran geniales. Y la canción se me hizo especial cuando empezaba a hacerme mayor. Empecé a conocer la soledad. Entonces me dí cuenta de con quién podía contar. Allí estaba Él. Él. ¡Siempre Él! Lo elegí como mi camino, mi opción de vida. El "tú" que da sentido a mi"yo".

Treinta y uno

En estos días me haré un poco mayor. No tendré ordenador para contarlo. Pero me lo estaré diciendo y me lo recordarán otros. Siempre me sonrojo cuando llega esa fecha. ¿Se corresponderán los números con la vida que llevo dentro? ¿Con tantos pasos que he dado en este segmento de tiempo?
¡Qué relativos son los números! Sólo la vida es absoluta. Y absolutos los nombres, las experiencias, los encuentros, las palabras. Absolutos los sueños, las esperanzas. Absoluto Él...
Que se me queden marcados en el alma -aunque me hagan arrugas- los recuerdos hermosos de este año que he pasado, que he crecido. Que no se me olvide lo importante. Que mi adentro agradezca, como el agua fresca que corre en verano, ¡este exceso de vida!
He nacido hoy de madrugada
viví mi niñez esta mañana
y sobre el mediodía
ya transitaba mi adolescencia.
Y no es que me asuste
que el tiempo
se me pase tan aprisa
sólo me inquieta un poco pensar
que tal vez mañana
yo sea demasiado viejo
para ser lo que he dejado pendiente.
Jorge Bucay

Fuego e impotencia

Hasta ayer mismo por la mañana, teníamos el fuego cerca de casa. Es algo que se repite, con mayor o menor envergadura, cada verano. Asomarse a la terraza para contemplarlo es un espectáculo. Fabuloso por la belleza de colores que despierta. Aterrador por el daño sin medida que va haciendo. Minuto a minuto. Segundo a segundo.
Y después, cuando se oyen las noticias de otros fuegos por otras latitudes, salen de adentro algunas lágrimas. Y la rabia y la impotencia. Alguien los empieza y no debe calcular el alcance de esa pequeña acción.
Impotencia. Esa es la palabra que define estos días pasados. Mientras, todo el tiempo se escuchan las avionetas ir y venir. Se espera. Se asoma uno de cuando en cuando a la azotea para ver su progreso a lo lejos. Impotencia.
Hemos inventado todo ya. Hemos descubierto hasta lo más recóndito de la naturaleza. Nos sentimos más que poderosos. Y en estos momentos sólo se percibe, y se escucha y se siente la impotencia. Que es otro misterio por descubrir en los infinitos registros de lo humano. Podemos con todo. Menos con nosotros mismos.
Se acabó este incendio. Siguen otros. Y el ser humano de todos los tiempos sigue ardiendo en su adentro. Impotente.

Isla ignorada

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.

Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.

Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros, mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento os toca
cuando viene el mar que me rodea!

A esta isla que soy,
si alguien llega,
que se encuentre con algo
es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.

Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz
—que tengo el arte de ser dichosa
y pobre al mismo tiempo—.

Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo
sin un libro sé todo,
porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

(Gloria Fuertes)

Héroes

Viendo la televisión en estos días de verano, me pregunto: ¿dónde están los héroes? ¡Los héroes de verdad de este tiempo! Muchos de los que me proponen me dan asco y vergüenza ajena: famosos de cotilleo sin valor ninguno, incapaces de hacer cualquier gesta heroica; políticos ordinarios que no tienen más mérito que el poder que se les ha dado; actores y actrices de fama internacional que no tienen ni dicen nada...
¿Hay algún héroe? Por más vueltas que le doy no encuentro ninguno. Ni en iglesias, ni en el pensamiento, ni en la literatura ni en la ciencia. ¡Qué fracaso de civilización! ¿A quién van a querer parecerse nuestros jóvenes? ¿Con quién nos vamos a sentir identificados en nuestras desesperanzas?
No venden los héroes en estos tiempos. Parece que tienen más éxito los personajes chabacanos. ¿Quién se encargará de que esto sea así? No me cabe duda de que hay algún complot, entre el poder y los medios para aborregarnos aún más. Para que no tengamos horizontes más profundos que el consumo, el trabajo y esta falsa alegría que se respira en tantas partes. Sólo el presente y a la manera de otros. Y la gran sensación de que no hay salida más que por las puertas falsas...
¡Se necesitan héroes! Miro a mi alrededor, en mi realidad cotidiana. Me cuesta reconocerlos. ¡No llevan halo de santidad ni etiqueta colgada! Pero existen. Cuidan a otros. Madrugan para abrir puertas. Confían. Esperan. Se sobreponen a las dificultades. Siguen caminando, paso a paso. Quieren inmensamente, de una manera sobrehumana. Luchan en pequeño. Susurran cariños a los oídos pobres. Gritan en medio de la injusticia. Buscan. Caminan. Sueñan.
Gracias. No salen en la tele, pero esta mañana me hacen pensar. Y agradecer. Y soñar el futuro cerca de ellos es una gran suerte. Son mis héroes. Ojalá los conocieran muchos. Con ellos repito la última oración de Gandhi:
Ya te sientas fatigado o no ¡oh hombre!, no descanses;
no ceses en tu lucha solitaria, sigue adelante y no descanses.
Caminarás por senderos confusos y enmarañados
y solo salvarás unas cuantas vidas tristes.
¡Oh hombre!, no pierdas la fe, no descanses.
Tu propia vida se agotará y anulará,
y habrá crecientes peligros en la jornada.
¡Oh hombre! soporta todas esas cargas, no descanses.
Salta sobre tus dificultades aunque sean más altas que montañas,
y aunque más allá solo haya campos secos y desnudos.
¡Oh hombre!, no descanses hasta llegar a esos campos.
El mundo se oscurecerá y tú verterás luz sobre él
y disiparás las tinieblas.
¡Oh hombre!, aunque la vida se aleje de ti, no descanses.
¡Oh hombre!, no descanses; procura descanso a los demás.
(Esta oración fue hecha por Gandhi en la mañana del 15 de Enero de 1948; a las 5´15 de la tarde de ese mismo día, murió asesinado, repitiendo: ¡Hai Rama! –¡Oh, Dios!- )

sábado, 28 de julio de 2007

Mis cerros

A los pies de esos cerros me crié. Ahí pasé mis primeros seis años de vida. Dicen que ese tiempo luego definirá tu existencia por completo. Es verdad. Esa imagen habla de mí.
Tienes sus ventajas criarse entre montes. Uno lo ve todo cerca. Y además, es una aventura subir cuestas, bajar barrancos, moverse entre hazas, criarse contemplando morir el sol en otro pueblo que no es tuyo. La primera vez que -ya mayor- salí a vivir en la llanura, me costaba asimilar esa pobreza de paisaje...
Mis cerros son secos. ¡Muy secos! Tienen poca tierra, y son las piedras y las launas las que aguantan la pobre vegetación. Y el cansancio de los hombres que de ahí sacan alimento y esperanzas de futuro. Hay que trabajar duro para extraer vida. Hay que conquistar constantemente la tierra y sus frutos.
Quizás quienes en ellos nos criamos hemos sacado su mismo carácter. La rudeza, la fuerza misteriosa, la capacidad de exponernos al sol, a la brisa, al agua que se nos da como regalo. Tal vez escondemos mucha vida en lo hondo, que de vez en cuando nos hace dar frutos. Nos sabemos pobres, que simplemente acogen y guardan lo indispensable, lo pequeño, ¡que no piden mucho y sólo se dejan hacer! Que dan, sin pedir mucho más a cambio. Que permanecen. Y esperan.
Esos son mis cerros. Y cuando los miro me veo, me siento en comunión con ellos. En este paisaje interior de mi pobre vida, contemplo esa imagen. Que también soy yo. Que se mantiene firme en el horizonte.

Agua


La primera vez que probé el agua lo hice en esa fuente. Mejor dicho: me la dieron a beber los míos. Supongo que ya antes la había probado mi cabeza en la palangana de la Iglesia, y mi cuerpo en el barreño de casa. De niño me enseñaron que era la mejor que se podía beber en toda la comarca. Aprendí a venerarla. Aún recuerdo juegos, baños, momentos en que contemplaba la difícil tarea de exprimir la ropa entre sus piedras. La primera vez que vi amamantar a un niño fue junto a ella. Como el misterio de la sangre, me encantaba mirar correr ese agua a través de las acequias hasta perderse en el campo, en la tierra pobre.
Para coger esas aguas hay que agacharse. Sí, arrodillarse como quien está ante el misterio. Aún se recoge con botellas y alimenta a todo un pueblo.
El agua viene a través de un canal. Un canal largo. Me veo recorriéndolo de niño. ¡Uno siempre queriendo atrapar el misterio! La mina se iba estrechando poco a poco. Por más veces que lo intenté, siempre caí rendido por el miedo a meterme en lo escondido, que -aunque estrecho- me desbordaba. El agua viene de la tierra. De lo más oculto de los cerros. De esas piedras secas y aparentemente muertas. ¡No hay más que investigar!
Yo la sigo bebiendo como cuando era niño. Y la sigo venerando. Para muchos será siempre la mejor de los contornos. Para mí es el agua primordial, la que se esconde casi en mis genes. La que, porque me llenó de niño, me llenará por siempre.
Agradezco a los míos que me acercaran a ella. Que me enseñaran a arrodillarme para cogerla. Que me empujaran a contemplarla y embelesarme.
En esta noche de verano, cuando el calor aprieta y miro esa imagen, guardada en mi retina y mi memoria, agradezco a los míos haberme puesto en la pista del Agua mejor.

domingo, 22 de julio de 2007

Todo por un puzle


Pero sobre todo, lo que más me ha tenido entretenido en estos días ha sido un puzle que ¡¡¡por fin!!! he terminado. Hace tiempo que me gusta hacerlos, y me distrae el oficio de reconstruir imágenes y devolverles la belleza primera. Confieso que en más de una ocasión me he desesperado y desanimado, y me he prometido no volver a embarcarme en esta tarea que se me hacía a veces tan inútil. Pero han sido más los momentos en que me he enganchado y no podía dejar de continuar...
Cuando uno hace puzles (y no es ningún experto, -o sea, como yo-) escucha música, oye los comentarios de quienes pasan, está en silencio... pero sobre todo piensa mucho. ¡Hasta he rezado haciendo esta tarea!
Ahora lo miro. Hace unos días eran piezas sueltas y ya es un cuadro con cierto encanto, construido con bastante paciencia. Haciéndolo, pensaba en mí: un conjunto de ideas, sentimientos, vivencias... a veces tan confusas y contradictorias. Y agradecía a quienes en estos treinta años me han ayudado a ponerme en orden, y no han perdido de vista la imagen que quiero reflejar...
Y me evocaba también a esta familia de los cristianos: tan diversos y a veces tan enfrentados, con la riqueza y complejidad que tiene el hecho de ser diferentes. Pues sí, el otro también es parte de mí, encaja conmigo; ¡aunque de entrada parezca imposible! Y pensaba finalmente (y sobre todo) en la situación de nuestro país, en que predominan los gritos, los excesos, los miedos y las precauciones... Tal vez perdamos la paciencia, pero podemos complementarnos, y hacer juntos, en la diversidad, la imagen magnífica que estamos llamados a representar. Y que en el fondo forma parte de nuestra esencia...
Igualdad en la diversidad. ¡Cuánto da de sí un juego, y cuántos lenguajes llegan con él! Es un campo de girasoles, que miran al sol y se dejan mecer por la pasión que hacia él sienten. ¡Qué casualidad! ¡Eso me pasa a mi!

Oración de las rosas

He leído más cosas en estos días. Algunos artículos sobre temas que me interesan. De rebote llegó a mis manos un texto sobre la primera bienaventuranza ("Felices los que tienen espíritu de pobres, porque el reino de los cielos es suyo"). Siempre me gustó esa desgarradora profecía de Jesús. La estudié en su tiempo. Y he conocido varias interpretaciones. Ninguna le quita fuerza a su exigencia y radicalidad.


Pero este estudio tenía de original que, siendo científico, se presentaba como un cuento, una narración. Un disminuido físico con una rosa blanca en las manos, que despide a su padre y cuidador, quedándose solo para siempre: Dios es su rey. Lo que más me llamó la atención fue un poema que se iba desvelando en la exposición. Tanta curiosidad tuve que luego lo busqué. Es de García Lorca, la "Oración de las rosas". Lo he recortado a mi gusto, y lo dejo aquí. Como esa flor de la que habla, no sirve para mucho, pero deja su perfume. Y en esta tarde de verano me vuelve a dejar buen olor. ¡Como quienes tienen espíritu de pobres!
¡Ave rosas, estrellas solemnes!
Rosas, rosas, joyas vivas de infinito;
bocas, senos y almas vagas perfumadas;
llantos, ¡besos!, granos, polen de la luna;
dulces lotos de las almas estancadas;
¡ave rosas, estrellas solemnes! […]

¡Qué sería la vida sin rosas!
Una senda sin ritmo ni sangre,
un abismo sin noche ni día.
Ellas prestan al alma sus alas,
que sin ellas el alma moría,
sin estrellas, sin fe, sin las claras
ilusiones que el alma quería. […]

Ellas son refugio de muchos corazones
ellas son estrellas que sienten el amor,
ellas son silencios que lentos escaparon
del eterno poeta nocturno y soñador,
y con aire y con cielo y con luz se formaron,
por eso todas ellas al nacer imitaron
el color y la forma de nuestro corazón. […]

Solitarias, divinas y graves,
sollozad, pues sois flores de amor,
sollozad por los niños que os cortan,
sollozad por ser alma y ser flor,
sollozad por los malos poetas
que no os pueden cantar con dolor,
sollozad por la luna que os ama
sollozad por tanto corazón
como en sombra os escucha callado,
y también sollozad por mi amor. […]

Rosas, rosas divinas y bellas,
sollozad, pues sois flores de amor.

Amar los caminos


Llevaba casi un mes sin dejar ninguna estela por este mar. ¡Con todo lo que he vivido, sentido y ahondado en este tiempo! Se pasó junio, y ha vuelto a dejar huella. ¡Qué buenos regalos he recibido en él! De esos que se abrían solos, y aún se siguen desvelando y disfrutando...
Y después, en estas supuestas y veloces "vacaciones", la tranquilidad, el silencio y la amiga soledad, van mezclándose con la lectura y el repaso a lo vivido. Pongo orden a los libros mientras quiero ponerlo a mi vida. Todo va encontrando su sitio.
Ya he leído algo. No tanto como hubiese querido. Lo he hecho en los viajes de autobús, esos interminables. Había oído hablar de Bernanos y tuve la oportunidad de leer el "Diario de un cura rural". En algunos momentos me he visto reflejado en el joven curilla francés de otros tiempos. Lo leía al recordar mis cuatro añitos de sacerdocio. ¡Ya voy haciendo camino!
No desvelo nada si digo que el protagonista de la novela, después de haber sufrido más de la cuenta en su aldea francesa, después de haberse entregado con prudencia y una dedicación absoluta a sus gentes, es diagnosticado de una enfermedad mortal. Es en la consulta del extravagante médico, cuando pronuncia estas palabras que hago mías:

El mundo visible parecía alejarse de mí, a una velocidad espantosa y con una confusión de imágenes, no fúnebres, sino todo lo contrario, luminosas y resplandecientes. ¿Será posible que haya querido tanto a esta triste vida? me pregunté. ¿Que haya amado con tanta intensidad a las mañanas, a las noches, a los caminos?... Aquellos caminos cambiantes y misteriosos, hollados por el paso de tantos hombres. ¿Habré querido tanto a esos caminos, a nuestros caminos, a los caminos del mundo? ¿Qué niño pobre crecido entre el polvo de los caminos, no les ha confiado sus sueños? Parecen conducirles lentamente, majestuosamente hacia no sé que mares desconocidos. ¡Oh, grandes ríos llenos de luz y de sombras que lleváis el sueño de los pobres!

Amar los caminos. Amar las pisadas que uno hace suyas. Amar cada nombre, cada rostro. Sentir pasión por cada horizonte, cada silencio, cada susurro, cada vida... Venerar cada misterio, adorar a cada hermano que se te presenta como compañero... Y tampoco desvelo nada si cito las últimas palabras del joven sacerdote, que también quiero hacer propias:

"¡Qué más da! Todo es ya gracia."

domingo, 24 de junio de 2007

¿Quién dijo que todo está perdido?

Y ahí va la canción. La canta Mercedes Sosa, aunque se la he oído también a Ana Belén... En este horizonte se vuelve a perder. Seguro que no soy el único que la canta y la vuelve a hacer suya... ¡Cuánta vida, cuánto futuro, cuántos corazones que se ofrecen!

Ofrecer el corazón

Hay otra canción que saco del baúl de los recuerdos. Siempre le he tenido mucho cariño. La hice mía desde que la conocí. Quería ser reflejo de lo que se movía en mi interior, y ella expresaba de una manera tan bonita.
Es verdad. Yo quiero seguir ofreciendo mi corazón. Quizás sea lo más valioso que tenga para aportar a este mundo, donde todo no está tan perdido...

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
¿Cómo abrir el pecho y sacar el alma?,
una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.
Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Tengo suerte

Es verdad: soy un tipo con suerte. Lo he pensado varias veces en este fin de semana. Y muchas más en los últimos años. Seguro que no soy envidiado por nadie, y mucho menos modelo de nada. Pero yo me siento bastante afortunado. Por eso lo tengo que decir...
Ayer tuve la suerte de compartir el amor de Alberto y Mercedes. Era uno de los días más felices de su vida, el de su matrimonio. Prepararon todo con muchísimo cariño. Y allí estaba yo, siendo testigo de tanto amor, y sintiéndome verdaderamente dichoso de percibir la vida que derrochaban y necesitaban celebrar.
Esta mañana he tenido la suerte de acompañar a otra pareja para dar la bienvenida a la comunidad cristiana a su hija Alicia, una preciosidad de niña, que miraba con unos expresivos ojos verdes todo lo que alrededor de ella se hacía. Unos padres felices y sonrientes volvían a compartir esos sentimientos más profundos y sagrados, hechos vida en el fruto de sus entrañas.
Dentro de un rato me vuelvo a reunir con la comunidad y seguiremos celebrando juntos el Amor que se entrega, se reparte y se hace Alimento, para que todos tengan vida. Ese Amor que todo lo invade, por quien merece la pena vivir. A quien merece la pena servir.
Tengo suerte. Pocos pueden sentirse tan dichosos como yo. Estos días de aniversarios releo textos antiguos, como si quisiera sacar brillo a tantas experiencias que guardo como tesoros. Para que no pierdan la esencia primera, para que sean cada vez más vitales. Y encuentro las palabras con las que solicitaba ser ordenado sacerdote.
En este mar de junio, cuando el día declina y se percibe el horizonte, ese mismo que todo lo hace eterno, me las vuelve a traer el eco. Y las disfruto, sintiendo cómo se hicieron vida.

Las cosas de Dios dan siempre mucho respeto, mucha admiración.
Uno nunca es digno.
Digno de pronunciar su Palabra confrontando mi pobre vida con ella
y descubriendo lo lejos que estoy, lo hipócrita que puedo ser
cuando digo y no hago.
Digno de tomar en mis manos su Cuerpo, “tomado, bendecido, partido, entregado”,
cuando no respeto los cuerpos, las vidas de los pobres y sencillos,
de mis hermanos más cercanos, cuando mi propia vida no es entrega más pura,
más total, sino puro egoísmo que busca crecer.
Uno no es digno cuando tiene que perdonar en nombre de Dios,
el Dios que perdona siempre, cuando yo sólo sé perdonar a medias,
entre rabias y rencores, con corazón estrecho.
No, uno no es digno de escuchar prestando oídos a Dios,
las alegrías y las tristezas de los hermanos...
Uno no es digno de dar con estas manos las
bendiciones y los amores de parte del Padre,
cuando estas manos no están dispuestas
a ser clavadas con las del Hijo, junto al corazón....
Pero me consuela saber que Dios sabe a quien se elige.
Y me da tranquilidad escuchar como dichas para mí, las palabras de Pablo:
“te basta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad”.